Su gran sueño es que nuestra iglesia, algún día, sea muy
grande. Por eso estudió ingeniería civil industrial. Antes
ya había terminado la de contador-auditor.
“La segunda carrera la estudié, porque creo que la iglesia
va a crecer mucho; esta carrera enseña lo que es el manejo
de gente, y yo quise tener una técnica tanto cultural como
espiritual para guiar a nuestra iglesia. Cuando una iglesia
crece, y así lo miro yo, no sólo genera templos, una iglesia
también levanta hospitales, también levanta colegios, también
levanta asilos de ancianos, porque muchos de nuestros abuelitos
están muriendo en asilos católicos, también levanta centros
de rehabilitación para los drogadictos. Un drogadicto no sólo
sale de la droga cuando uno hace una oración por él, hay que
rehabilitarlo. Cuando pensamos en la prostitución hay que
tener lugares de encuentro. Cuando una iglesia crece, cuando
una iglesia es poderosa puede levantar todo eso, incluso radio
y televisión y tenerlo todo al servicio de la obra. Ahora
lo están haciendo por internet, páginas web, pero todo eso
requiere una infraestructura, requiere una organización. Esa
fue una de las razones principales por la que estudié esta
profesión, porque creo que Dios va a levantar una gran iglesia
con grandes recursos, si Él tarda en venir”.
Así de categórico es Ezequiel Moisés Alfaro Freire. Tiene
34 años, casado hace varios años con “una linda esposa”: Mariela
López.
Hace 10 años que es pastor de la Iglesia Asamblea de Dios
Autónoma de Iquique. Nació espiritualmente en la iglesia santiaguina,
donde fue bautizado hace 20 años.
Ezequiel llega mucho a la juventud, pues emplea su mismo
lenguaje y fuerza. Además es un invitado frecuente a las actividades
de los jóvenes capitalinos, a pesar de que tiene mucho trabajo,
ya que forma parte de un presbiterio de cuatro ancianos que
se encargan de pastorear los locales de Alto Hospicio, Iquique
y la población Autoconstrucción en la capital de la primera
región.
- ¿Arrepentido de haber cambiado todo lo secular
por ser pastor?
- No, no, no, no… Para nada, porque mucho de lo que hago
en la profesión lo desarrollo también dentro de la iglesia.
Ahora no creo que las dos cosas sean excluyentes, el apóstol
Pablo hacía carpas y era apóstol. Hay algunas cosas que sí
iba haciendo en la profesión, y no estoy vetado a eso. Sin
problemas podría evaluar un proyecto, sea espiritual o carnal.
Estoy dedicando todo mi tiempo a la obra, porque es lo que
más se necesita, porque creo que es lo que Dios quiere en
este minuto para mí. Ahora, lo que va a venir en los próximos
años, eso lo dirá el Señor. No es volver un paso atrás si
uno desarrolla la profesión, para nada tampoco estoy arrepentido,
porque esto es lo que llena mi vida.
Incluso muchas pensé, en mis momentos de humanidad, haber
perdido mi tiempo en la universidad y no haberme dedicado
mucho más a la iglesia, pero Dios me mostró que ese era su
propósito.
Él nos quiere educar y este es un testimonio también para
las actuales generaciones, y doy gracias a Dios por eso, porque
ahora es muy diferente, ya que cuando yo comencé en el Señor
se decía que ir a la universidad no es de Dios, la gente se
pierde ahí.
El estudiar también para mí es motivar a mis queridos jóvenes,
porque las universidades necesitan de Jesús y nadie podrá
llevarles el mensaje que los mismos universitarios. Incluso
nosotros, los que ya hemos salido, hemos hecho intentos, y
no es lo mismo. El que está ahí conoce la cultura, el lenguaje,
la forma de ser, la realidad o el determinismo estructural
que llamamos, de la gente.
Por eso joven, si puedes estudiar, estudia. Ahora si no tienes
plata, pídele al Señor. Yo estudié sin dinero, absolutamente
sin ni uno, y el Señor abrió una puerta en una ciudad lejana
como Iquique, lejos de mis padres y pude ver que Él es fiel.
Ahora, no creo que sea la única opción, pero si la tienes,
el Señor te puede bendecir por eso, así es que adelante, jóvenes.
La juventud, ¿la lleva;
- ¿Por qué cree que en esta época la
juventud debe ser uno de los motores más importantes dentro
de la obra de Dios?
- Principalmente por la fuerza que los jóvenes pueden tener.
Ahora, yo veo a Dios siempre trabajando con gente que tiene
visión. Visión es descubrir lo que Dios quiere, visión es
tener algo por lo que uno lucha. En los jóvenes encontramos
gente que no está saciada, que quiere alcanzar metas, que
quiere ver un mundo mejor, aunque en realidad bíblicamente
eso no podría ser, porque las profecías son claras, pero sí
podríamos decir, ver una iglesia mejor. Una iglesia con gloria
de Dios, una iglesia con visión, una iglesia con fuerza.
Lo segundo que veo es que la juventud no está tan viciada.
O sea, no ha visto tantas cosas malas, y de alguna manera
no ha experimentado tanto pecado tampoco. Eso le hace ser
tierra fértil para que la Palabra, la semilla, pueda extenderse;
la hace ser como el barro, aludiendo a lo que dice Jeremías,
un barro más dócil con el cual el Señor pueda trabajar, con
el que el Señor pueda formar algo, porque veo a un Dios que
siempre trabajó con gente joven; de hecho nuestro Señor Jesucristo
a los 33 años ya había muerto en la cruz. O sea gente joven.
- La juventud habitualmente es un poco veleidosa,
le cuesta afirmarse. Usted que recorre muchas de nuestras
iglesias a través del país y la conoce, ¿cómo la ve?, ¿de
verdad existe la posibilidad de que ella pueda hacerse cargo
de las próximas bendiciones que tiene Dios para su Iglesia;
- Con respecto a que la juventud es veleidosa, lo que más
encuentro, y voy a usar un término entre comillas “es un tanto
más rebelde”, pero no una rebeldía de pelea, sino una rebeldía
de querer cambios, de querer que realmente tengamos algo nuevo.
Que se cumpla la Palabra, porque siempre hablamos de la Palabra
y decimos Dios quiere esto y aquello y decimos vamos a hacer
y después pareciera que todo eso quedara en proyectos, en
lindas ideas: la juventud quiere que se concrete.
Ahora, yo creo que la juventud bien guiada, puede ser un
pilar fundamental para la Iglesia.
Pero no podemos separar a la juventud de los ancianos. Sería
un error para un joven pensar en que no necesita la sabiduría
de los ancianos. Lo que sí es que nuestros ancianos deben
mostrar a los más jóvenes que el evangelio no es simplemente
dejar de hacer cosas malas y hacer cosas buenas, sino es una
vida, algo que te alegra el corazón, algo que tú quieres vivir,
es una causa. En otras palabras, es lo que te llena, no hay
otra opción o, de otra forma, es la mejor opción, aunque Jesucristo
es el único camino. Pero ante todos los caminos que se puedan
levantar, sigue siendo el mejor camino.
Ahora quiero colocar un ejemplo de cuando uno ve a un joven
que promete mucho y de repente ya no está… Si yo soy profesor
en una universidad y les digo a los chiquillos que me escuchan:
Oye, ustedes van a ser profesionales en esto y etcétera, etcétera,
etcétera, independiente de la profesión y cuando el tipo termina,
después de cierto tiempo de estudio, sale y no encuentra
trabajo, nadie la da una oportunidad…tú vas a tener un vagabundo
con título. Bueno, lo mismo pasa con nosotros como cristianos:
si tú les dices a los jóvenes que hay misiones, que hay gente,
que hay perdidos, que hay un mundo que ganar para Cristo y
luego no hay evangelización, uno ve que no nos prestan recursos,
porque los jóvenes son los que tienen menos, los adultos no
nos dan recursos para poder salir al frente, no confían en
nosotros, no corrigen nuestros errores con amor, sino que
nos ponen la espada… Así, es obvio que vas a tener gente que
un día tuvo mucha fuerza y en el camino se cansó o “se le
apagó la tele”, como dicen los jóvenes y ya no lo ves.
Yo lo veo como un esfuerzo conjunto de la Iglesia entre los
mayores y los jóvenes para lograr lo que el Señor quiere con
nosotros.
No hay avance
- Una vez, usted me dijo que cuando
volvía a Santiago encontraba lo mismo de siempre, ¿eso pasa
en todas nuestras iglesias, o sea, seguimos marcando el paso
y no hay una diferencia donde se note el ímpetu, no hay un
avance en salir a predicar el evangelio? ¿Nos hemos quedado
estancados, tal vez?
- Mira, yo creo que sí (tose, previendo que la contestación
no será del agrado de algunos colegas). Luego agrega: “Tal
vez mi respuesta puede molestar a alguien, pero cuando uno
ve macroiglesias y uno participa de ciertas conferencias y
de retiros donde uno está, y por supuesto, en el centro misionero
que es el Fondo Extensión FE, yo diría que sí.
La visión misionera que hubo hace 20 años, hoy está prendida
en algunos corazones sólo con ideas más que con el hecho de
salir, y la realidad no es muy diferente para muchos.
Estamos sumidos, estamos enfrascados en nuestros propios
problemas internos, a veces mirando la misión no como nuestros
padres. Yo veo que nuestros padres salieron con mucha fe.
Hoy día en día se analizan mucho los presupuestos, muchas
veces uno se basa más en si vamos a tener plata para mandar
a alguien, y por supuesto, hemos dejado a veces que esa área,
que son las finanzas, nos digan lo que debemos o no hacer,
lo que nunca ha enseñado La Biblia, lo que nunca ha enseñado
La Palabra, porque La Palabra dice: Id y predicad el evangelio.
Ahora, cuando el Señor te abre la puerta, cuando el Señor
te da una visión, Él va a cubrir los costos. No estoy con
esto llamando a la irresponsabilidad de mandar a siervos a
pasar hambre, no es la idea, pero sí que creo que cuando Dios
nos llama, cuando Él pone una visión y en conjunto la tomamos
como algo divino y ponemos todo nuestro esfuerzo en ella,
entonces Dios, que mira eso, nos va a proveer, nos va a abrir
las ventanas de los cielos, va a sacar de no sé dónde, y Él
va a proveer, porque Él sustenta la obra del evangelio”.
- ¿Faltan en nuestra iglesias pastores que
estén más enfocados hacia la juventud?
-
Hay algunos que estamos concentrados en la parte juvenil.
Yo creo que lo que nos falta es un poco más de lazos, de nexos
para que a nivel nacional estemos más unidos. Hoy en día,
tristemente, muchos de los nuestros están mirando hacia fuera.
Por ejemplo, se hace un congreso en una ciudad nuestra, de
nuestra iglesia, vienen pastores de otro lado a predicarnos,
pero no tienen nuestra visión, no tienen nuestra doctrina,
no tienen nuestra forma, no tienen nuestra escuela, no tienen
nuestra cultura, no se entregan. Al final, emocionan a nuestros
jóvenes y después no pasa nada.
Lo segundo, hay algunos que prefieren que los jóvenes vayan
a escuchar a otros. Yo no estoy cuestionando eso, yo no digo
que no haya otros siervos como Dante Gebel, Moris Cerullo,
etcétera, etcétera, que puedan bendecir a la iglesia, lo que
sí digo es que una iglesia debe tener una visión y esa visión
nace del corazón de Dios, puesta en los pastores de ella.
Ahora, si nosotros como pastores de esta iglesia Asamblea
de Dios Autónoma en Chile tenemos una visión para nuestros
jóvenes, entonces juntémonos y estipulemos qué es lo que Dios
quiere para nosotros, porque yo te digo, lo que Dios quiere
con nosotros aquí y en nuestra iglesia, no necesariamente
tiene que ser lo mismo que quiere con los bautistas, aliancistas
o con otra gente.
Nosotros tenemos una historia, tenemos una doctrina, tenemos
una visión y esa es la que debemos desarrollar, no estoy cuestionando
que otro pueda tener otra, sino que miremos lo nuestro.
Si uno mira a su familia, tal vez la familia de al lado está
funcionando mejor, pero tú no puedes irte de tu casa y cambiarte,
porque la familia de al lado está funcionando mejor. Tú debes
ver las bases de tu familia y mejorar eso. Creo que Dios nos
ha dado las herramientas.
Yo he estado como invitado en congresos de diferentes denominaciones
y muchas de las cosas que se están hablando en el mundo evangélico,
Dios nos las dijo hace 20 años. Ahora se discute del bautismo,
de las lenguas, mucha gente ahora está hablando de los dones,
cosas que hace 20 ó 30 años Dios ya nos dijo. Ahora el tema
está en por qué si Dios lo habló hace tantos años no estamos
tomando esto con mayor fuerza.
- ¿Cuál es tu llamado a la juventud, en estos
tiempos?
- Yo les querría decir a los jóvenes de nuestra nación y
de nuestra iglesia que es tiempo de levantar nuestra voz,
pero con un mensaje del Reino no con las modas que existen.
Cuando me refiero a modas no me refiero a si el tipo usa el
pelo más largo o más corto, si la mujer usa pantalón o no,
si toca rock o no toca, porque en realidad no es lo interesante.
Lo interesante es que la juventud muestre dos cosas: ejemplo
en santidad, primero que todo; segundo, ejemplo en evangelización.
Santidad y evangelización son las cosas que la juventud en
nuestro tiempo debe mostrar a la Iglesia.
Yo hago un llamado a ser hombres y mujeres fieles a Jesucristo
que entendamos que servir a Dios es un placer, no una carga.
Gente que entendemos que yo, como joven, voy a dar mis mejores
años para Jesucristo; luego si Él no viene, vendrán mis
hijos quienes tendrán el ejemplo de su padre; más adelante
vendrán mis nietos que tendrán el ejemplo de su abuelo.
Si Cristo viene antes, muchísimo mejor, ojalá pase eso.
Pero si Él tardase en venir, hoy nuestras generaciones jóvenes
tienen la palabra, porque lo que tú haces hoy será lo que
se hable mañana. La Biblia dice que los hombres pasan, pero
sus obras con ellos quedan. No se trata sólo de hablar,
sino de actuar: santidad y evangelización, dos cosas que
los jóvenes debiéramos proyectar a nuestras iglesias en
este siglo XXI.
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