Por H.C.T.
Tiene 42 años y estuvo a punto de transformarse
en jugador profesional de fútbol, pero el llamado de Dios
pudo más y él le hizo caso. Por eso, ahora su gran labor es
pastorear la iglesia en Los Andes.
El
hermano Jorge Humberto Arias Rubio recuerda: "Yo tenía
un sueño en mi corazón, yo quería ser futbolista, estaba
entrenando para eso, estaba en el equipo juvenil de mi ciudad,
Ñublense, y tenía proyectada mi vida en esa área, pero desde
muy pequeño yo recibí un llamado de parte de Dios y ese
llamado se hizo efectivo y muy fuerte a los 14 años. Y desde
ahí hasta los 18 años, que fue cuando realmente le dije
sí al Señor y me rendí por completo, y bueno, lo otro quedó
de lado y no me arrepiento".
Estuvo en Santiago la última semana de junio entregando
estudios bíblicos para los colaboradores y participando
de la reunión del domingo 26 de junio.
- ¿Por qué eligió los temas "Autoridad espiritual"
y "El desarrollo espiritual del obrero"?
- Porque Dios los puso en mi corazón, y porque me doy
cuenta que en este tiempo en la Iglesia hay una necesidad
de hablar de autoridad espiritual. Es un tema que, normalmente,
no se trata o se hace muy rara vez, y es algo que necesitamos
para poder crecer y desarrollarnos bien. Para dar un servicio
eficaz necesitamos conocer los principios de la autoridad
espiritual.
- En pocas palabras, ¿qué puede decir
de estos temas?
- A grandes rasgos, el primer tema tiene que ver con conocer
los principios que Dios ha establecido para la autoridad,
y uno de esos principios fundamentales es que para tener
autoridad hay que estar bajo autoridad, y también saber
reconocer lo que somos en Cristo. Muchas veces, nosotros,
por desconocimiento, no sabemos el potencial que tenemos,
pero a través de ese tema nos podemos dar cuenta, de que
Dios ha puesto cosas grandes en nuestras manos y esas cosas
son para usarlas, en beneficio de la obra. El segundo tema
se relaciona más bien con el desarrollo cristiano, pero
con algunos puntos, con algunas cosas que normalmente son
tampoco enseñadas y que son la forma de pensar, la forma
de hablar, las decisiones, las metas que debemos tener y,
por supuesto, el resultado de todo nuestro trabajo para
el Señor.
EL APOYO FAMILIAR
Durante los estudios, el pastor Arias habló de su familia
compuesta por su esposa, Roxana Cid y sus hijas Denisse
(21), Mabel (20) y Andrea (13), a quienes calificó de "una
bendición tremenda".
- Usted dijo en sus estudios que su
familia tiene una misión, de hecho dos de sus hijas tienen
un llamado, ¿qué nos puede decir de eso?
- Mis dos hijas mayores tienen un llamado. Una tiene un
llamado a las Misiones. Ella pronto, no sé si este año o
el próximo, se va a ir a África, su corazón arde por África.
La otra también tiene un llamado a trabajar con niños. En
este momento está trabajo en la embajada de Estados Unidos,
en Santiago, pero con el pensamiento de que este es un tiempo
de preparación y también de puertas abiertas para conseguir
visa para donde ella quiere ir. O sea, así lo ha tomado.
- También usted señaló durante su exposición
que siempre los padres quieren que sus hijos sean profesionales,
o sea, profesionales universitarios, y en su caso no se
estaba dando, ¿qué pasó en ese instante, tuvo un encuentro
especial con Dios?
- Bueno, yo, de alguna manera, cuando mis hijas comenzaron
a hablar conmigo con respecto a este llamado de Dios, traté
de guiarlas por el camino de que estudiaran una profesión
y con esa profesión pudieran servir a Dios, pero ellas dijeron
que Dios las estaba llamando ahora ya, entonces al comienzo
no fue fácil, pero Dios trató conmigo, con mi vida. En una
oportunidad, a través de otro siervo de Dios, me dijo que
el honor más grande que una persona puede tener en la vida
es servirlo a Él, y eso para mí fue la respuesta a esta
inquietud que había en mi corazón y desde ese día yo he
dicho, Señor mis hijas son tuyas, donde Tú quieras llevarlas
y lo que Tú quieras hacer con ellas, por mí está bien.
- ¿Y qué pasa con la hija menor?
- Andrea tiene 13 años. Ella está muy activa en la iglesia,
funciona en el ministerio de danza y de alabanza, y aunque
todavía no entiende mucho a esta edad de los 13 años, pero
ella siempre dice: Papá, yo quiero ser una profeta de Dios.
Yo digo amén, gloria a Dios, si el Señor te está llamando
ahí y te capacita para eso, necesitamos profetas en este
tiempo también.
- ¿Cómo es la iglesia de Los Andes,
la que usted pastorea?
- La iglesia de Los Andes fue una obra que comenzamos nosotros
como familia hace 14 años. No ha sido fácil por el lugar
donde estamos sirviendo. Sin embargo, el Señor nos ha bendecido
y somos alrededor de 100 personas en este momento. Aparte
de mi ministerio pastoral hay dos hermanos más con ministerio
de presbítero o anciano, o sea, somos tres, y sus nombre
son Alejandro Salgado y José Estévez.
DIFÍCIL TERRENO
- ¿Por qué es difícil el lugar donde
está la obra, la droga es muy fuerte?
- Si bien es cierto hay bastante drogadicción en Los Andes,
el problema principal es que Los Andes y San Felipe, las
dos ciudades comparten, en este momento, el santuario que
Chile tiene entre comillas a su primera santa nacional,
y ese santuario está entre Los Andes y San Felipe, entonces
esto es muy fuerte, es demasiado fuerte, es demasiado evidente,
y es algo con lo que tenemos que luchar diariamente, por
eso no ha sido fácil el trabajo, pero bueno, el Señor nos
ha dado victoria.
- Usted estuvo pastoreando otras iglesias…
- Bueno, esas iglesias fueron en San Nicolás, que queda
cerca de Chillán, Los Andes y también comenzamos la obra
en San Felipe, donde ahora hay otro pastor y a quien invitamos
a pastorear, pero nosotros comenzamos esa obra en esa ciudad.
- ¿Existe la posibilidad de expandirse
en Los Andes?
- Por supuesto la posibilidad de expandirse siempre está
y la visión está, así es que en su momento y en el tiempo
de Dios, lo vamos a hacer.