Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

CARLOS Y BRITA HAGWALL:
"LA VENIDA DEL SEÑOR SE ACERCA, PERO DEBEMOS CUIDARNOS DE NO LLEGAR A CONCLUSIONES APRESURADAS"

por Hermógenes Carril Torres

- En los primeros meses hubo momentos en que quisieron dejarlo todo, volverse a su país y olvidarse del tema, "pero recapitulamos y siempre hemos considerado que el predicar el evangelio y enseñar la Biblia es el honor más grande".

- La obra en Chile "la vemos con cierta nostalgia, pero contentos, porque hay otros que continúan en nuestros lugares. La obra en Chile tiene muchas posibilidades. Hay que estar alerta ante la necesidad de cambios acorde al tiempo, porque es fácil quedarse en las huellas del pasado".

Sábado 2 de junio de 1956. A bordo del barco británico "Reina del Mar" se viven intensos y frenéticos momentos, porque después de dos semanas de haber zarpado desde La Habana estaban llegando a Antofagasta. Entre los pasajeros hay un joven matrimonio de misioneros suecos que arriba a Chile para trabajar en la obra: Brita y Carlos Hagwall. En el puerto les esperan el hermano Samuel Svensson y su esposa Miriam Gustafsson que trabajan en La Serena.

Pero el viaje había comenzado mucho antes, según lo manifiestan ellos. "Viajamos en bus el tramo Toronto, Canadá-Miami, en 50 horas; luego estuvimos una noche trasladándonos en un ferry entre Miami-La Habana; y finalmente el tramo La Habana-Antofagasta lo hicimos en dos semanas en barco". Añaden que los hermanos Samuel y Miriam "nos hospedaron en su casa los primeros tres meses en Chile".

Pasó el tiempo y el año 2003 los hermanos Brita (74) y Carlos Hagwall (75) debieron retornar a su país luego de estar en Chile durante 47 años debido al resentimiento de la salud del hermano Carlos. Atrás dejaron una estela de recuerdos y trabajos que han marcado la obra de la iglesia Asamblea de Dios Autónoma.

Nos contactamos a través de su correo electrónico para sondear el pasado y conocer su presente:

- Hermana Brita ¿cómo conoció al Señor?

- Mis padres me enseñaron creer en Dios. En mi adolescencia decidí aceptar a Jesús como mi Salvador personal, y fui bautizada cuando cumplí 16 años.

- Hermano Carlos ¿cómo conoció al Señor?

- Nací en un hogar cristiano. Gran parte de mi formación la recibí en la iglesia. Me "entregué" al Señor varias veces como niño, más que todo por miedo a la muerte o a algún peligro. Definitivamente lo hice a la edad de 15 ó 16 años en una reunión de misiones. Al mismo tiempo recibí el llamado a servir al Señor.

- Hermana Brita ¿cómo conoció al hermano Carlos?

- Durante mis vacaciones escolares de verano trabajé en un hotel que tenía cafetería y panadería. Carlos, que vivía en ese pueblo, venía en las mañanas a buscar el pan para el casino en la empresa donde él trabajaba. Me pareció un joven simpático, y cuando además me di cuenta que era cristiano, porque en la iglesia que luego conocí, él tocaba acordeón en el coro, me pareció interesante conocerle más. Y así fue que cuando las vacaciones terminaron, y yo tuve que volver a Estocolmo, había entre nosotros un enamoramiento que se hizo cada vez más fuerte, y ha durado casi 58 años.

- ¿Cuándo decidieron casarse y cómo supieron cuál era el destino que Dios les tenía para un trabajo en conjunto?

- Antes de conocernos habíamos entendido que el Señor nos llamaba. Habíamos leído artículos y libros sobre países donde se necesitaban misioneros, en Latinoamérica, en general. Especialmente Chile nos llamaba la atención.

LA GANANCIA

- Hermano Carlos, ¿qué profesión u ocupación no pudo ejercer por su llamamiento?

- Después de egresar de la enseñanza media tuve un par de empleos en oficinas de industrias aquí en Suecia. También fui socio de una pequeña industria casera. En Canadá trabajé por un par de años en una empresa óptica. Además aprendí también el oficio de carpintero lo que me gustó mucho, y si no hubiera sido misionero creo que me habría quedado con la construcción de casas o fabricación de muebles. También podría haberme dedicado a la música. Sin embargo, no considero que el haber sido misionero ha significado una pérdida. Todo lo contrario.

- Hermana Brita, ¿qué profesión u ocupación que no pudo ejercer por su llamamiento?

- Estaba estudiando para enfermera cuando sentí que mi llamamiento era para otra labor, y me casé con Carlos para compartir mi vida con él, y juntos prepararnos para nuestra futura vida como misioneros.

- Antes de viajar a Chile ¿trabajaron en otro país?, ¿cuándo y a qué lugar llegan a Chile, y por qué?

- Trabajamos primero por algunos años en distintos lugares en nuestra patria. Luego nos trasladamos al Canadá por tres o cuatro años. Allá nos tocó la experiencia de colaborar en la formación del grupo de hermanos que, más tarde, nos enviaron a Chile como misioneros, y fueron los que por muchos años se responsabilizaron por nuestras estadías en el país, inclusive nuestros viajes. Los primeros meses estuvimos con colegas en La Serena y Valparaíso. En ese período recibimos una invitación a la iglesia de Chillán.

LOS PRIMEROS AÑOS

- ¿Cómo fueron esos primeros tiempos en Chile?

- No es fácil encontrarse de repente en otro país con otra cultura, idioma y costumbres. Tuvimos la suerte de ser invitados a pasar los tres primeros meses en casa de colegas que nos ayudaron. Vimos cómo trabajaban y aprendimos a relacionarnos con la gente chilena.

- ¿Cómo fue creciendo ese trabajo?, ¿llegaron más misioneros?, ¿aparecieron hermanos locales que ayudaran en la obra?

- Después de medio año en Chile quedamos a cargo de la iglesia en Chillán que entonces era un grupo chico de hermanos. La obra creció de a poco. Sin embargo, de repente hubo un desarrollo muy rápido. Por ejemplo, para el Año Nuevo de 1958 bautizamos a 27 hermanos. Después de cuatro años se llenó el templo antiguo y tuvimos que comenzar a planificar la construcción de un edificio nuevo, el que se levantó entre los años 1963-64. Luego llegaron nuevos misioneros que se radicaron en otras ciudades. Además como ya en 1957 se hizo en Chillán la primera Escuela Bíblica, comenzaron a vislumbrarse nuevos obreros en distintos lugares y también en nuestra ciudad.

- ¿De qué misioneros se recuerdan de este tiempo?

- Había varios misioneros en Chile antes que nosotros. La acogida por parte de todos ellos fue excelente. Ellos eran Albino y Fanny Gustafsson; Everto y Marta Larsson; Julio y Linnéa Svensson; Hardy y Karin Mossberg; Samuel y Miriam Svensson; Juan y Noemí Fredriksson; Sam y Lily Gustafsson; y Per y Brita Anderas con quienes nosotros viajamos hasta Callao en Perú, ya que ellos decidieron seguir trabajando en ese país.

- ¿Cómo nació el Campamento en El Rosal, que todavía es añorado por muchos?

- El Campamento en El Rosal nació de lo que veíamos tanto como una necesidad como una posibilidad. Los grupos de jóvenes en las iglesias crecieron, pero no se conocían entre los de una ciudad y otra. Por otro lado, adquirimos como familia en 1964 una propiedad en El Rosal, lugar hacia la cordillera, cercano a Chillán. Nos preguntamos qué destino darle, ya que no era nuestro propósito dedicarnos a la agricultura. Después de un corto tiempo decidimos invitar a un Campamento de Jóvenes que se efectuó en enero de 1965.

LOS MOMENTOS COMPLICADOS

- ¿Hubo momentos en que quisieron dejar todo, volverse a su país y olvidarse del tema?

- Algunas veces, sí, al comienzo. Esto fue durante nuestros primeros meses turbulentos en Chillán. Pero recapitulamos y siempre hemos considerado que el predicar el evangelio y enseñar la Biblia es el honor más grande.

- ¿Qué fue más fácil: trabajar con obreros nacionales o con misioneros?

- Durante todos nuestros años en Chile hemos tenido buenas relaciones laborales tanto con los obreros chilenos como con los demás misioneros. Diferencias en el modo de pensar, expresarse y actuar, claro que los ha habido. En todo caso estamos seguros de que esto nada tiene que ver con raza o nacionalidad, sino que se debe al hecho de que somos diferentes el uno al otro.

Los hermanos Brita y Carlos Hagwall tuvieron cinco hijos: Ingrid, 52, casada, trabaja en el servicio de salud; Ann, 50, casada, trabaja en SAS, control de calidad de vuelos; Eva, 46, casada, tecnóloga médico, técnico de agricultura; Fred, 42, casado, agrónomo y profesor; y Tomas, 38, casado, ingeniero en economía.

- En su familia actual ¿hay misioneros o personas que estén trabajando directamente en la obra?

- Nuestra hija mayor, Ingrid, junto con su esposo, Daniel Svensson, iniciaron la iglesia en Punta Arenas, donde también construyeron el templo. Continuaron su labor en esa ciudad por varios años más. Luego se trasladaron a Viña del Mar para dedicarse al trabajo con el Instituto Bíblico Visión (IBV), y siguieron en ese trabajo hasta su retorno a Suecia en 2003. Tomás, nuestro hijo menor, trabajó, junto con su esposa Susanne, como misionero en Viña del Mar por algunos años hasta que se trasladaron a Estados Unidos para trabajara en el ICBI. Actualmente trabaja en una organización cristiana de ayuda social que abarca muchos países.

EL RETORNO

- ¿Cuándo se dan cuenta que ya es tiempo de abandonar Chile y retornar a su país?

- Desde el mismo inicio de nuestra labor como misioneros estuvimos conscientes de que no íbamos a estar en Chile toda la vida. Por esta razón, iniciamos ya en 1957 en Chillán las Escuelas Bíblicas para quienes tenían llamamiento. Esa primera Escuela Bíblica tuvo una duración de sólo dos semanas. Luego se hicieron por períodos más largos, hasta llegar a abarcar dos años escolares. Esto fue en Viña del Mar, donde el IBV sigue funcionando con el mismo fin, es decir, preparar obreros para ejecutar un ministerio evangelístico o pastoral. Nosotros permanecimos en Chile hasta 2003 cuando por razones de salud tuvimos que retornar a Suecia.

- ¿Cómo se sienten ahora en Suecia, como extranjeros o como suecos?

- Tanto lo uno como lo otro.

- ¿Cómo ven la obra chilena a la distancia?

- La vemos con cierta nostalgia, pero contentos, porque hay otros que continúan en nuestros lugares. La obra en Chile tiene muchas posibilidades. Hay que estar alerta ante la necesidad de cambios acorde al tiempo, porque es fácil quedarse en las huellas del pasado.

- ¿Cómo ven la situación mundial?

- Hay muchos focos de crisis. No hay duda de que la venida del Señor se acerca, pero debemos cuidarnos de no llegar a conclusiones apresuradas.

- Un consejo para quienes sienten el llamado, ya que veces se piensa más en lo material que en lo espiritual.

- El llamado es un asunto serio. Tiene aspectos tanto espirituales como materiales. "Los obreros son pocos" dijo Jesús. Hay que estar convencido del llamado, y no partir de un mero entusiasmo. Porque las tentaciones y dificultades abundan y sin esa seguridad no es posible perseverar. Es preciso tener buenas relaciones con su iglesia y con el pastor y el presbiterio de ésta.

Antes de despedirnos de este contacto, el hermano Carlos señala: "Agradezco profundamente todas las oraciones hechas por nosotros. Volvimos a Suecia para control y tratamiento hematológico y medular. Después de un colapso de vértebras que tuve en mayo del año antepasado, la recuperación ha sido muy lenta y todavía falta para mi completa mejoría".

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