Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

Reflexionando sobre la ansiedad

Francisco Hernández
Pastor

Ya han pasado varios días desde que millones de personas, estuvieron por 120 minutos atentos y expectantes del resultado del partido final entre las selecciones de fútbol de España y Holanda. Unos celebraron y otros se lamentaron. Fue así como, el Mundial de fútbol 2010, ha quedado atrás y ha pasado a ser historia.

La verdad es que, independiente de los comentarios y apreciaciones que los especialistas hicieron público en su oportunidad, hay algunos hechos que podemos destacar y de ellos sacar alguna lección para nuestra vida.

Cuando Chile perdió frente a España por dos goles a uno, varios comentaristas especializados afirmaron que el problema de la selección chilena fue la "ansiedad" de los jugadores. Pareciera que los chilenos tuvieron que jugar contra un equipo formado por 12 jugadores, siendo la ansiedad el jugador duodécimo.

La ansiedad junto con el miedo, la ira, la tristeza y la felicidad, son estados emocionales que acompañan la supervivencia del hombre en esta vida. Se dice que en la actualidad más del 20 % de la población mundial padece de algún tipo de ansiedad, y muchos no lo saben.

Los expertos afirman que la ansiedad es un "trastorno emocional provocado fundamentalmente por la existencia de preocupaciones excesivas". Según nuestra lengua castellana una persona ansiosa es aquella "que tiene ansia o deseo vehemente de una cosa".

La ansiedad no es una cuestión exclusiva de nuestro siglo. Hace miles de años un hombre ya padecía de este trastorno emocional y lo expresó en los siguientes términos: "Se deshace mi alma en ansiedad …" (Salmos 119:28).

Cuando las Escrituras hacen mención de la ansiedad permiten establecer dos aspectos:
-En primer lugar la ansiedad es dañina. El Salmo citado nos señala que el autor de dicho escrito estaba pasando por un período muy crítico. Él escribe: "Se deshace mi alma de ansiedad…" Informes médicos señalan que la ansiedad genera una tensión emocional que finalmente provoca síntomas físicos, tales como fobias, trastorno de pánico, estrés, taquicardia, insomnio, etc.

-En segundo lugar la ansiedad es curable. En el Salmo descrito anteriormente se nos dice: "Se deshace mi alma de ansiedad; susténteme según tu palabra." La Palabra de Dios es el mejor antídoto para contrarrestar la ansiedad.

En la medida en que el hombre se sustente en las Escrituras, las preocupaciones y necesidades, muchas de ellas muy legítimas, no provocarán trastornos emocionales dañinos en la persona.

Para finalizar, en el Nuevo Testamento encontramos un consejo muy efectivo para quienes, de una y otra manera, son asediados por la ansiedad. Se nos insta a echar toda nuestra ansiedad sobre Dios, porque Él tiene cuidado de nosotros (1ª Pedro 5:7).

Podemos concluir que, tanto la Palabra de Dios como nuestra confianza en Dios, nos permitirán enfrentar y derrotar la ansiedad.