Ya
han pasado varios días desde que millones de personas, estuvieron
por 120 minutos atentos y expectantes del resultado del
partido final entre las selecciones de fútbol de España
y Holanda. Unos celebraron y otros se lamentaron. Fue así
como, el Mundial de fútbol 2010, ha quedado atrás y ha pasado
a ser historia.
La verdad es que, independiente de los comentarios y apreciaciones
que los especialistas hicieron público en su oportunidad,
hay algunos hechos que podemos destacar y de ellos sacar
alguna lección para nuestra vida.
Cuando Chile perdió frente a España por dos goles a uno,
varios comentaristas especializados afirmaron que el problema
de la selección chilena fue la "ansiedad" de los jugadores.
Pareciera que los chilenos tuvieron que jugar contra un
equipo formado por 12 jugadores, siendo la ansiedad el jugador
duodécimo.
La ansiedad junto con el miedo, la ira, la tristeza y la
felicidad, son estados emocionales que acompañan la supervivencia
del hombre en esta vida. Se dice que en la actualidad más
del 20 % de la población mundial padece de algún tipo de
ansiedad, y muchos no lo saben.
Los expertos afirman que la ansiedad es un "trastorno
emocional provocado fundamentalmente por la existencia de
preocupaciones excesivas". Según nuestra lengua castellana
una persona ansiosa es aquella "que tiene ansia o deseo
vehemente de una cosa".
La ansiedad no es una cuestión exclusiva de nuestro siglo.
Hace miles de años un hombre ya padecía de este trastorno
emocional y lo expresó en los siguientes términos: "Se deshace
mi alma en ansiedad …" (Salmos 119:28).
Cuando las Escrituras hacen mención de la ansiedad permiten
establecer dos aspectos:
-En primer lugar la ansiedad es dañina. El Salmo citado
nos señala que el autor de dicho escrito estaba pasando
por un período muy crítico. Él escribe: "Se deshace mi alma
de ansiedad…" Informes médicos señalan que la ansiedad genera
una tensión emocional que finalmente provoca síntomas físicos,
tales como fobias, trastorno de pánico, estrés, taquicardia,
insomnio, etc.
-En segundo lugar la ansiedad es curable. En el Salmo descrito
anteriormente se nos dice: "Se deshace mi alma de ansiedad;
susténteme según tu palabra." La Palabra de Dios es el mejor
antídoto para contrarrestar la ansiedad.
En la medida en que el hombre se sustente en las Escrituras,
las preocupaciones y necesidades, muchas de ellas muy legítimas,
no provocarán trastornos emocionales dañinos en la persona.
Para finalizar, en el Nuevo Testamento encontramos un consejo
muy efectivo para quienes, de una y otra manera, son asediados
por la ansiedad. Se nos insta a echar toda nuestra ansiedad
sobre Dios, porque Él tiene cuidado de nosotros (1ª Pedro
5:7).
Podemos concluir que, tanto la Palabra de Dios como nuestra
confianza en Dios, nos permitirán enfrentar y derrotar la
ansiedad.