Más adelante, hubo más hermanos que entregaron su testimonio
en la última reunión de 2009.
El hermano Marcelo Castro dijo: No quiero dejar
pasar esta oportunidad, porque la verdad es que ha valido
la pena de seguir los
caminos
del Señor. Hace un momento, recordaba el día en que también
estuve en el bautisterio, lo que nunca se me ha olvidado,
parece que fue hace tan poquito, pero todo este año he
visto la mano del Señor que me ha ayudado, me ha dado
una familia hermosa, una hija pequeña de casi cuatro años.
Antes de casarme, yo me tenía una meta y la veía tan lejos,
porque, de hecho cuando un comienza a trabajar desde joven,
uno empieza a ganar dinero, ve que el trabajo es bueno y
dice, puchas pa' qué voy a seguir estudiando si con
lo que ya estoy ganando estoy bien, pero uno después deja
de estudiar o perfeccionarse para ser un mejor profesional,
¿por qué?, porque ve que el dinero que está ganando
está bien, el bolsillo se está llenando.
Pero yo les digo a los jóvenes que terminen sus carreras,
sus metas, porque después si las dejan para más adelante,
y piensan…no el otro año voy a trabajar un poco, voy a ganar
un poco de dinero y después termino mis estudios y después
me propongo algo más mejor, pero yo le aconsejo que terminen
de estudiar, terminen sus metas, sus logros, porque después
es difícil, una vez casados es difícil. (…)
El 2007 me propuse estudiar y lo veía tan lejos, estudiar
tres años, y decía yo, pero Señor en tu nombre, en ti voy
a confiar y yo sé que voy a lograrlo, porque está en mi
deseo, y empecé a estudiar y hace una semana recibí el certificado
de título, así es que ya terminé los estudios y gracias
al Señor, porque este logro me ha hecho bien feliz, a mi
familia y lo pude lograr gracias al Señor, porque Él me
ayudó y yo sé que Él estuvo conmigo. Me uno a las palabras
del hermano Boris que es difícil dar testimonio en el lugar
de estudio, porque los compañeros son de varias clases sociales
y cuesta entrar ahí, pero también digo, lo que pude haber
aportado allí, que el Señor haga germinar esa semilla. Que
haya caído en buena tierra y crezca. Así es que doy gracias
al Señor e insto a los jóvenes que ahí se animen el próximo
año y puedan seguir sus metas y sus logros, porque el Señor
es fiel y Él es quien nos da todas las cosas.
Por
su parte, en su testimonio, la hermana Rosa Bustamante
dijo: Yo le doy muchas gracias al Señor, pero primero
quiero leer el Salmo 72:18. Bendito,
Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas.
Bendito su nombre glorioso para siempre.
Tenemos un Dios maravilloso, un Dios que se preocupa de
los más mínimos detalles de nosotros. Todas las necesidades
las ha cubierto y nuestras enfermedades. Él está con nosotros
día y noche y esas maravillas que Él hace es para siempre
y para todos. Él nos mira, en realidad, a cada uno en
forma individual, pero conoce todas nuestras necesidades
y nuestros deseos y nuestros anhelos de nuestro corazón.
Yo confío en las promesas de mi Señor, que son para siempre
y para siempre es su misericordia.
También
entregó su testimonio de fin de año, la hermana Naldy
Lesana, quien relató una sanidad divina, donde
la oración de la iglesia, ante el Señor,
produjo un milagro: Estoy agradecida por muchas cosas,
pero la principal es que mi pequeña nieta nació con una
afección al corazón y yo pedí la oración a la iglesia
y doy gracias a Dios, primeramente, y a cada uno de los
hermanos que oraron por mi nieta, porque hace poco le
hicieron su última radiografía, y salió buena. Gracias
al Señor no tiene nada en su corazoncito, así es que cómo
no darle gracias a Dios, si Él es tan grande y poderoso.
Asimismo,
la hermana Lily de Gustafsson entregó su testimonio:
Los antiguos que me conocen saben que a mí no me gusta
hablar en público, pero ayer me dieron deseos de testificar
hoy día. Los antiguos, no sé si se acuerdan que en el
año 87 me pasó una cosa muy fea… y doy gracias a Carol
(su hija menor) por eso, porque había leído sobre eso
en Suecia y se dio cuenta que yo tenía una cosa rara en
mi mama izquierda y mi ginecólogo me envió a un especialista
que venía llegando de Estados Unidos y me dijo que esto
tenía que operarse. Yo sé y estoy hablando más de esto,
porque en esa fecha la iglesia fue increíble, fue fantástica,
el teléfono sonaba todo el día, y el Señor me ayudó. Me
sacaron la mama, y no se había esparcido (la enfermedad).
Samuel estuvo muy mal esos días, porque su mamá murió
de cáncer, así es que, era lo que me esperaba. Y todos
estos años, 22 años, el Señor me ha ayudado, no he tenido
recaídas. Tengo pre-cáncer de piel por haber sido colorina,
o sea de una piel muy blanca, pero el Señor me ha ayudado,
y no ha avanzado. Tengo que decir una cosa que he sentido
muy fuerte. Ahora muchos de nosotros vamos de vacaciones,
pero que no dejemos de orar por el objetivo que deseamos
un nuevo pastor. Ustedes han tenido un pastor por tantos
años, 54 años, y ahora necesitamos uno nuevo. Oremos por
esto, hermanos, no se olviden de esta oración diaria,
porque su iglesia necesita esa persona, que sea un hermano
humilde, muy humilde, con mucha paciencia, con mucha sabiduría.
Oremos, hermanos, que el Señor nos ayude el próximo año,
no nos apuremos, esperemos en el Señor, porque Él sabe
quién va ser. Que el Señor les bendiga y les dé un lindo
año nuevo.
LA GRATITUD, SIEMPRE
Luego vino la predicación del hermano Samuel Gustafsson,
quien tituló su mensaje: "Ser agradecidos a Dios es una
cosa. Ser
agradable
a Dios es otra".
Sostuvo que la gratitud como hijos del Señor es uno de
los grandes puntos de victoria en la vida de los cristianos.
Para eso se basó en el evangelio según San Lucas, capítulo
17:12 - 19. Y al entrar en una
aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los
cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús,
Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio,
les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que
mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos,
viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios
a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole
gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo:
¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde
están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino
este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha
salvado.
El culto finalizó con una oración de agradecimiento
al Señor y el saludo de la congregación a los tres nuevos
hermanos que momentos antes habían bajado a las aguas.
