-Fue reinaugurada la sala de jóvenes
en el Templo Matta, luego de estar en refaccionamiento desde
enero pasado.
-El recinto no sólo implica un cambio de apariencia, sino
que en los jóvenes involucra un planteamiento diferente
ante el Señor.
Hermógenes Carril Torres
El nerviosismo era evidente. Jóvenes por aquí y por allá,
paseándose, conversando y mirando de reojo las puertas de
la sala que habitualmente los alberga, en Avenida Matta 610,
en Santiago Centro.
Todavía no pueden entrar, porque no ha llegado la hora de
ingresar y observar este espacio destinado a sus actividades.
Es
el sábado 5 de abril de 2008. Son ya cerca de las siete
de la tarde y la expectación aumenta, porque se acerca la
hora de su reinauguración.
Pocos han tenido la posibilidad de ver en las últimas horas
cómo ha quedado dicho recinto, que desde el verano estuvo
en refacción.
Varios jóvenes, sacrificando muchas horas de descanso, limpiaron
y pintaron la sala. También se le cambió el piso, se puso
alfombra, se potenció la iluminación. Incluso, una pantalla
pegada en la parte de delantera, en el extremo superior
derecho permite una mejor visión de lo que proyecta el data.
Pero eso no es todo.
Un mural que abarca toda la pared delantera es el gran recordatorio
que ha partir de ahora hay cambios, no sólo físicos, sino
también de conceptos y de actitud.
Por
fin llega la hora. A las 19:16 horas el pastor Leonardo
Melo y su esposa, Paola Noches, proceden a cortar la cinta
tricolor que señala que oficialmente la sala de jóvenes
ha sido reinaugurada.
Entran los jóvenes, la música brota de las cajas acústicas.
Termina el tema y ahora son los músicos de los jóvenes y
las cantantes que alaban al Señor. De inmediato, los casi
90 jóvenes que han ingresado al recinto y que están de pie,
cantan a todo pulmón y con brazos levantados expresando
su alegría.
El gran mural muestra una ciudad de noche con colores contrastantes
en negro, rojo, amarillo. Hay un texto: Estación 316. ¿Qué
será? Luego se exhiben videos de cómo estaba y que se hizo
en la sala. Después comienza un momento de adoración.
Más adelante, Yerko Clavero, uno de los ideólogos de este
concepto transformado en mural, junto a su esposa, Corine
que está ausente, pide a la audiencia que tome asiento
en el piso y empieza a explicar el por qué de todo esto.
Sigue la reunión juvenil con la intervención del pastor
Melo y del colaborador Claudio Guzmán, la cual termina
casi a las 21:00 horas. Los jóvenes son invitados al hall
del Templo Central a participar de un cóctel, el cual es disfrutado
a fondo por todos.
Ha nacido Estación 316 y para saber de qué se trata conversamos
con Leonardo Melo:
-¿Qué
significa Estación 316?
-Es un punto de partida para los jóvenes cristianos
donde pueden descubrir los propósitos que Dios tiene para
sus vidas y son interesantes, porque en medio de la juventud,
Dios tiene claro lo que espera de la juventud. Pensando
en los jóvenes cristianos es un punto de partida a un lugar
que tiene preparado y pensando en los jóvenes no cristianos
es una estación, la única estación que existe para poder
encontrar salvación, basado en Juan 3:16.
-¿Qué tiene de nuevo si antes estaban casi los mismos
jóvenes, músicos, líderes y colaboradores?
-Yo creo que la diferencia básica es que tenemos definida
y muy clara una declaración de propósitos, basada en cinco
propósitos bíblicos y sobre la cual queremos potenciar y trabajar
e invertir todos nuestros talentos y nuestros mejores esfuerzos.
Básicamente es definir unos lineamientos bien concretos que
abarca desde la evangelización hasta la comunión con la iglesia.
O sea, es algo bien íntegro, bien interesante.
-¿O sea es mucho más que el cambio de estructura, de pintura
y todo lo demás?
-Es mucho más que eso, eso es lo superficial. Lo que queremos
transmitir es que el joven debe involucrarse en extender el
Reino, en el servicio al Señor, en la iglesia, en el discipulado,
en la comunión y en la adoración, que no es sólo cantar, sino
una vida que agrada a Dios.
-Da la impresión que a partir de ahora, los jóvenes estarán
constantemente en Misiones, no sólo en febrero de cada año…
-Eso. Es cambiar un switch y pensar que el Señor
nos puede usar, aquí en nuestra iglesia, en medio de nuestra
generación y en nuestra ciudad. Es utilizar lo que el Señor
nos ha dado para extender lo que ha hecho con nosotros durante
veranos pasados.

-¿Cómo se llega a ese cambio, cómo se llega a esa situación
de tener que cambiar para hacer cosas nuevas y distintas?
-Yo creo que básicamente es ver lo que no hemos hecho bien,
no conformarnos con lo que tenemos, sino que descubrir el
tremendo potencial que tenemos en el Señor y decir que también
nos puede usar todos los días del año, no solamente un par
de semanas en el verano, sino que es tiempo ya de que veamos
eso mismo, un cambio en nuestra semana tras semana.
-¿Cómo lo han tomado el resto de los líderes y colaboradores
tener que involucrarse en este nuevo concepto?
-Bueno, esto ha sido interesante, porque lo hemos planeado
hace más de un año. No es algo que se nos ocurrió hace un
mes, sino que lo hemos venido masticando, ver cómo lo podemos
implantar y justo coincidió, y bueno, quisimos usar como fortaleza
el tema de un cambio estructural en la sala y el momento de
partir de lleno con nuevas fuerzas en una nueva etapa, o sea,
algo que marque un antes y un después, pero no en la sala
que nos cobija, sino en la forma en que servimos a Dios, en
ese tipo de cambio.
-¿Se espera en algún plazo un aumento en la cantidad de
jóvenes y nuevos lugares de trabajo, aparte del Templo Central?
-Sí, nosotros pretendemos trabajar por la unidad, integrar
a jóvenes de otros locales, pero nuestro principal objetivo
es poder extender el Reino del Señor a nuestra generación
y que los mismos jóvenes traigan a otras personas o nosotros,
salir una vez al mes y hacer Misiones en locales que lo
pidan o dentro del sector, que tanto lo necesita.

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