Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

Hermana Irma Lobos Díaz espera la resurrección de los muertos en Cristo

-Sus funerales se realizaron el sábado 10 de septiembre en el Cementerio Metropolitano.
-En entrevista póstuma habla de su gran fe en Dios, pese a las grandes pérdidas que sufrió en vida con la partida a la presencia del Señor de sus tres hijos jóvenes y su esposo.

Hermógenes Carril Torres

En una tumba del Cementerio Metropolitano de Santiago reposan los restos de la hermana Irma Ernestina Lobos Díaz (77), quien partió a la presencia del Señor el viernes 9 de septiembre a las 07.15 horas, y que espera la resurrección de los muertos en Cristo, como dice la Biblia.

Ese mismo día se efectuó un servicio fúnebre en una de las salas del Templo Matta, el cual fue coordinado por el pastor Alejandro Huerta.

El pastor Alejandro Huerta coordina el servicio fúnebre.

Durante la ceremonia hubo varios hermanos que destacaron el carácter de nuestra hermana, quien pese a haber visto partir a la presencia del Señor a sus tres hijos y su marido, en diferentes años, tenía una gran fortaleza para dar gracias al Señor y testimoniar de las bondades de Dios.

Entre quienes entregaron una palabra de consuelo a sus familiares, que no conocen al Señor, y dieron a conocer cómo era la hermana Irma estuvieron Ada Romero, José Abarca Muñoz y el pastor Paul Gustafsson. También entregó un reconocimiento, el niño Gian Franco, sobrino nieto de ella.

Ada Romero José Abarca Paul Gustafsson Gian Franco

La Palabra estuvo a cargo del pastor Francisco Hernández, quien se basó en Lucas 2:36 para hacer un símil entre la profetisa Ana y nuestra hermana, destacando su fidelidad, su papel de intercesora, su agradecimiento al Señor y el constante testimonio que daba a quienes le rodeaban.

El pastor Francisco Hernández entrega la Palabra.

SÁBADO 10

El sábado, el féretro fue traslado al Templo Central, donde pasadas las 11.30 horas se ofició un nuevo servicio, el cual también fue coordinado por el pastor Alejandro Huerta.

Luego, la hermana Gloria Pizarro y su hija, Gloria Liberona, testimoniaron lo que fue la hermana Irma para ellas.

Más adelante, el pastor Paul Gustafsson destacó que ella fue miembro de nuestra iglesia desde el 25 de junio de 1985, o sea, durante 26 años y su número de matrícula era 1.602.

La Palabra estuvo basada en 1ª. Corintios 15:47-58 donde el apóstol Pablo enseña que los muertos en Cristo resucitarán de manera incorruptible al toque de la trompeta celestial. Esta es una de las grandes esperanzas de los que han sido salvos a través del sacrificio de Jesús en la Cruz del Calvario.

Gloria Liberona y su madre, Gloria Pizarro estuvieron muy cerca de la hermana Irma por varios años.
El pastor Paul Gustafsson entrega la Palabra.

Luego, hubo un momento de oración por los hermanos consanguíneos que estaban presentes, Juan, el mayor; y Elsa, la menor; y también otros familiares.

Después, el féretro fue llevado a la carroza, que lo transportó al Cementerio Metropolitano, donde el pastor Francisco Naranjo tuvo las palabras finales.

UNA ENTREVISTA PÓSTUMA

En enero del año pasado entrevistamos a la hermana Irma, sin embargo, dicho trabajo no pudo publicarse en forma oportuna, ya que se necesitaba aclarar algunas fechas que estuvieron un tanto confusas durante la conversación.

Quedamos de volver a juntarnos para precisarlas, lo que nunca ocurrió, ya que su salud comenzó a menguar.

Es por esta razón que a continuación publicamos un extracto de ese encuentro, donde ella mostró su optimismo y agradecimiento al Señor, pese a que sus tres hijos partieron a la presencia del Señor, y también su esposo, Agustín Gutiérrez Svensson, quien era ingeniero en minas y geólogo.

La hermana Irma nació en Antofagasta, pero siendo muy pequeña fue trasladada a Iquique, así es que se sentía iquiqueña, según sus palabras. En Santiago vivió más de 30 años.

-¿Cuándo y cómo conoció al Señor?
-Fue por medio de mis hijos, porque ellos comenzaron a caminar primero. Ellos empezaron a hablarme a mí. Yo les dije, les agradezco lo que me han dicho, pero les pedí que no me presionaran, porque si Dios quiere que yo sea salva, yo voy a ser salva, y Él va a dirigir mi vida.

-¿Cuánto tiempo pasó?
-Pasaron unos dos años y en ese lapso, yo empecé a tener contacto con Rex Humbard y veía todos los domingos su programa en la televisión y por medio de ese ministerio yo fui salva. Él me fue tratando de a poco, porque Dios me conoce mejor que nadie. Entonces, yo dije, si es tu voluntad yo voy a caminar contigo y te voy a servir por el resto de mi vida.

-Su vida ha sido bastante probada, ¿por qué no nos cuentas algo de eso?
-Creo que más probada, ya no podría decir, pero me alegro de que el Señor me haya probado, porque es necesario pasar estas cosas, porque uno va aprendiendo de las pruebas. Y como yo sé que el Señor estaba conmigo y el único que me puede juzgar es Él, entonces, yo dije, Señor, gracias te doy porque puedo caminar contigo cada segundo de cada día. Y pasé muchas cosas aquí, pero todo se lo entregué al Señor, porque Él conoce mejor que nadie la vida de cada uno de nosotros.

Algunas cosas no fueron agradables, pero se las entregué todas a Él, y Él ha dirigido mi vida y estoy feliz, y si tuviera que volver a elegir, aunque no creo que sea necesario, pero volvería a decirle, Señor Jesús entra en mi corazón y sé mi Señor y yo para servirte, y Él sabe que yo le he podido servir en la medida que Él puso en mí, no a mi antojo, ni a los demás, sino como Dios quiso hacer en mí. He pasado muchas pruebas, muchas dificultades de todo tipo: espirituales, físicas, materiales, de todo.

El Señor me sanó del cáncer. El mismo año que pasé a formar parte de la iglesia, aquí en el Templo Matta, enfermé de cáncer mamario. Yo le dije Señor, yo no tengo temor, pero si sabes que me vas a llevar, tienes que cuidar a mis hijos, sobre todo a Irmita, que dependía de mí. Pero el Señor tenía otros propósitos. Me operaron del cáncer y a los cuatro días estaba en el Templo dándole gracias al Señor. Me vine directamente de la clínica, porque Él me sanó. Cuando fui a sacarme los puntos, yo le pregunté al doctor qué tratamiento debía hacer. ¿De qué señora Irma?, me dijo, usted está sana. Para usted no hay tratamiento de cáncer. Mi gratitud seguía y nunca he dejado de darle gracias al Señor, aun en las pruebas.

PARTIDA CON ESPERANZA

-¿Cómo se mantiene luego de haber sufrido la partida de sus jóvenes hijos Irma, Juan y Silvia?
-Con Irmita, que fue la primera que partió, yo quedé más o menos tranquila, porque ella tenía una vida de mucho sufrimiento en su cuerpo y dependía de mí, en todo. Yo tenía que hacerle todo. Se fue en el sueño, no sufrió. Yo era salva y le di gracias al Señor que se la llevó sin sufrimiento mayor. Entonces eso me ayudó a tener paz y tranquilidad, incluso hasta gozo al saber que estaba en los brazos del Señor.

Después fue Juan. Me afectó bastante, porque había ido a un Retiro Cristiano de Jucum y cuando venía de vuelta lo atropellaron y murió instantáneamente. Me afectó mucho la noticia que me dieron. Pero también me dio gozo saber que no sufrió.

Con Silvia fue distinto, porque ella era la única compañera que yo tenía. Entonces, todos los días nos veíamos, hablábamos del Señor, orábamos. Ella me contaba sus cosas, yo le contaba las mías, entonces era parte de mi vivir y de la noche a la mañana me quedé sola. Todo lo de antes como que se acumuló con lo de Silvita, entonces sentí una soledad tan grande que no quisiera que nadie pase lo que yo he pasado.

A pesar de que yo oraba todos los días, amanecía orando, me levantaba orando, leía la Palabra todos los días. El Señor nunca pasó a segundo plano, a pesar de mis sufrimientos. Pero tomó un tiempo en que yo tenía que adaptarme a estar sola. Cuando me levantaba, hasta la fecha, no tengo a quien decirle buenos días, o en la noche, buenas noches, cómo está, en fin. Pero aprendí a hacerlo todo en el nombre del Señor, porque he comprobado su fidelidad y Él no me ha dejado ningún segundo de cada día y ahora tengo la paz que ya necesitaba, porque todo tiene su tiempo. Y el Señor me ha dado la paz y me recuerdo de mis hijos, me da un poco de pena no verlos, pero más me da gozo de saber que están arriba esperándome y un día, cuando mi corazón deje de latir, yo me reuniré con ellos y con mi marido también. No seremos como mamá e hijos ni como mujer y marido, pero sí vamos a estar en la presencia del Señor y nos vamos a ver.

-Sabemos que es una mujer de oración, cuéntenos de eso.
-En realidad, lo que primero pongo es a Jesucristo, porque ese es mi pedestal. Él fue mi entrada y continuidad para caminar en la viña del Señor. Siempre pongo a Jesucristo, a cualquier persona que le hablo cuando voy a las compras, entonces cuando el Espíritu Santo me da la oportunidad yo hablo del Señor, porque a veces me encuentran un poco rara de cómo puedo tener tanta paz y puedo estar sola, alabando al Señor siempre. Bueno, eso solamente se lo merece el Espíritu Santo, porque Él me ha guiado, Él me ha fortalecido y me ha consolado.

Entonces, cuando Dios pone, yo no me pongo a hablar como lora a quien encuentro, sino que Dios pone el momento y la oportunidad, entonces hablo del Señor y ahí declaro que es lo mejor que me ha pasado en mi vida: quizás tuve muchas cosas lindas, mis hijos, para empezar; mi marido también, el tiempo que estuvimos juntos; pero el Señor ha sido lo mejor y eso no lo cambio por nada. Y de ahí empiezo a dar testimonio.

Cuando no tenía dinero, el Señor me daba, si no había para la olla, el Señor llenaba la olla, y así, ropas que me han durado años, y años y años, el Señor no ha permitido que se rompan, ni nada. Yo dependo de Él, realmente, y para mí, yo te digo, si tuviera la oportunidad de volver nuevamente a escoger, a ojos cerrados, sin lugar a dudas, escojo a Cristo, porque es mi salvador y a Él le debo todo.

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