Matrimonio
de hermanos suecos y una chilena radicada en Suecia visitaron
el Templo Matta
Una visita especial recibió la iglesia de Santiago este domingo
1 de febrero. Se trató del matrimonio de los hermanos suecos
Owe Wikström y su esposa Barbro, quienes estuvieron acompañados
de una hermana chilena que ha vivido por muchos años en
Suecia, Ana.
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| De izquierda a derecha: la hermana Ana;
el hermano Owe Wikström; su esposa Barbro; y la hermana
Lily Gustafsson. |
Para él fue un momento muy particular, ya que hacía más
de 60 años que no se veía con el pastor Samuel Gustafsson.
Sobre el particular, el hermano Samuel dijo que también
ese momento era muy emotivo, ya que entre los años 1946
y 1947 viajó por primera vez a Suecia junto con sus padres.
Él tenía 16 años y se sentía extranjero y muy extraño en
Örebro, además que hablaba muy poco el sueco, aunque lo
entendía.
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| Carol Gustafsson traduce a los hermanos
suecos lo que está diciendo el hermano Samuel. |
"Pero hubo varios hermanos que tomaron cuenta de un muchacho
y entre ellos estaba el padre del hermano Owe, que era director
del coro, el cual también tenía instrumentos. Él se dio
cuenta y me invitó a tocar mandolina, y en esa forma me
sentí más integrado a una iglesia que era muy grande. En
las reuniones del día domingo era muy corriente tener 600
a 1.000 personas en la noche. Era un templo grandísimo,
y un hijo de este director del coro es el hermano Owe, que
está aquí presente y éramos compañeros de juegos y no nos
hemos visto por más de 61 ó 62 años, ¿me entienden cómo
me siento?, preguntó a la congregación el pastor Gustafsson.
A finales de enero, el hermano Owe lo llamó desde Suecia
para concretar el anhelo de encontrarse de nuevo y conocer
el Templo Matta.
OWE WIKSTRÖM
En su saludo, el hermano Owe expresó su alegría de estar
con los hermanos, agregando que "es un milagro que yo pueda
estar aquí. Proyectamos juntamente con nuestra amiga chilena
de venir a Chile y unos buenos amigos en Örebro, con los cuales
conversé y pregunté, uno de ellos me dijo que conocía a alguien
que vivía en Santiago. Eso fue la noche anterior al inicio
del viaje, y el papelito que recibí decía Samuel Gustafsson,
y yo pensé con él yo he jugado cuando era chico, pero no podíamos
hablarnos".
Al recordar esos años dijo: "La pasamos muy bien y entre
otras cosas andábamos mucho en bicicleta, y mi hermano que
es mayor que yo, sacó a Samuel para enseñarle a manejar.
Para mí, este es un gran momento".

Más adelante, instó a la iglesia a mantenerse unida
en el amor del Señor, para lo cual leyó los tres primeros
versículos de la Primera carta del apóstol Pablo a los Corintios.
"Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo
amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y
toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase
los montes, y no tengo amor, nada soy.
Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres,
y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor,
de nada me sirve".
Luego dijo que "el amor es muy importante y el amor a Dios,
es aún más importante, pero nosotros también debemos amarnos
unos a otros. Nosotros podemos hacer muy buenas cosas, pero
también podemos hacer muchas cosas malas. Hemos tenido 2.000
años desde que el Señor Jesucristo estuvo aquí en esta Tierra
para haber hecho muchas cosas buenas, pero tristemente han
sido muchas malas. Pronto viene Jesús de vuelta, y ahí nos
va a demostrar que vamos a entrar a un mundo donde no hay
problemas, ni dificultades, porque lo que Dios crea es bueno".
Para finalizar agregó que "está en nosotros la elección si
queremos elegir a Dios y tener buenas obras. Y espero que
tengan el mismo deseo que Israel, de que pronto vuelva el
Señor y podamos juntarnos con Él".