Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

TERREMOTO EN CHILE ¡Es hora de ayudar!
Segunda parte

Alberto Alvarado Segovia
Moderador del Comité General

TALCA, COMIENZA EL VIAJE

Llegamos a Talca a las 08.00 de la mañana, momento que empezábamos a conocer en directo las primeras imágenes de la tragedia en la capital de la Región del Maule. Por todos lados había escombros amontonados a las orillas de las veredas. Varias casas parecían haber soportado bien el sismo, sin embargo, los daños estaban en sus interiores. Otras, en cambio, estaban completamente destruidas.

Pared interior de la casa del pastor Roberto Cayumil.

Cerca del templo de la Asamblea, un señor de unos sesenta años, difícilmente, se abría camino entre los escombros de su casa. Su intención era rescatar los pocos muebles que el terremoto no dañó.

En el templo nos esperaba Roberto Cayumil, pastor de la congregación. Le pedí examinar el estado en que había quedado la vivienda que habitaba. Me llevó al lugar donde junto a su esposa soportó los interminables minutos de terror: una pequeña puerta situada en un panel de madera que daba al patio fue el lugar para aferrarse a la vida. La casa tiene daños considerables, aunque no se desmoronó con el sismo, gracias a Dios, pero debe ser demolida, pues fue declarada inhabitable. Desde el templo se nota con mayor fuerza el daño, el techo de tejas apenas se sostiene en unas cuantas vigas que ya no resistirían otro terremoto.

El templo tiene daños menores y entre los hermanos de la iglesia hay algunos casos que son más difíciles que otros. La diaconisa de la iglesia fue una de las más afectadas al perder su vivienda.

La tarea en Talca fue entregar una parte de la ayuda en víveres, colchonetas y regalos enviados especialmente al pastor y su esposa. Sin embargo, nuestro equipo juvenil se conmovió profundamente al ver al caballero de la esquina, luchando en solitario entre las ruinas de su casa. De inmediato tomaron sus palas y acudieron a ayudarle en su afán. Entre todos abrieron un pequeño espacio por donde rescatar una vitrina y un refrigerador que todavía guardaba bebidas y otras cosas del pequeño negocio que tenía en la esquina.

Entregando la ayuda a los hermanos de Talca. Buscando la carpa de debajo de los escombros.

Al momento de despedirse, el hombre quiso pagarle a nuestros jóvenes por tan hermosa acción, pero los chicos le mostraron que estaban allí movidos por el amor de Cristo. Le invitaron a la iglesia lo que aceptó gustosamente. Cuando le di la mano, su voz turbada se cortó y su rostro envejecido y empapado de sudor y polvo, dibujó una emocionada sonrisa de agradecimiento.

Sólo daños menores tuvo el Templo de nuestra iglesia talquina. Este templo presbiteriano quedó con su fachada partida.

Mientras los jóvenes ayudaban en la esquina, los pastores rescataban la carpa que la iglesia utilizaba en sus campañas evangelísticas. El gran toldo con sus todos sus elementos yacía bajo pedazos de paredes y palos de una muralla vecina. El pastor pidió ayuda, porque esa muralla debía ser tumbada por las máquinas y la carpa quedaría destrozada para siempre.

Nos fuimos de Talca rumbo a Parral cuando eran pasadas las once de la mañana, con el corazón conmovido, pero agradecidos de que algo pudimos hacer.

PARRAL

La cuna del premio Nobel Pablo Neruda está a 97 kilómetros al sur de Talca. Tiene una población cercana a las cuarenta mil personas. Llegamos allí a las 13.30 horas, guiados por el pastor Patricio Orellana de Yerbas Buenas. Él sabía que la ciudad había sido fuertemente dañada, y así era.

Contamos hileras completas de casas dañadas, la mayoría exhibía en alguna parte el signo "No h", o sea, casa no habitable. Alguien nos dijo que el 80% estaba con daños graves. El pastor nos llevó a visitar a la viuda de un pastor pentecostal. Su vivienda apenas podía sostenerse. Parte del equipo se puso a ayudar inmediatamente en el rescate de muebles, mientras otros visitábamos a los vecinos cercanos.

La destrucción que se produjo en Parral.

Alguien nos habló de un par de familias que sufrieron el desplome total de su vivienda de adobe. Encontramos a las familias viviendo en dos pequeñas carpas; eran un matrimonio anciano, dos matrimonios jóvenes cuyos hijos de pecho estaban resentidos de tanto tragar polvo y el dueño de casa, adolorido aún de uno de sus hombros al desmoronarse el techo de la casa.

Nuestros "médicos" auxiliaron a los bebés y dejaron instrucciones para su cuidado. La ayuda se completó con cajas de víveres, pañales, algo de ropa, artículos de aseo y un sentido momento de oración con ellos. Di un corto recorrido por las calles y pude notar cuánto daño había hecho el terremoto. Descubrí por allí el templo de una iglesia Presbiteriana con su fachada completamente herida por la fuerza del sismo. No había duda estábamos en una zona de gran pesar.

SAN CARLOS

Cerca de las cuatro de la tarde llegamos a la casa del pastor Roberto Tapia. Nos recibió con cariño y nos compartió un reponedor almuerzo. Uno de nuestros vehículos, sin embargo, no pudo llegar con nosotros, porque una de sus ruedas delanteras presentó problemas por lo que fue necesario dejar el automóvil en el taller. Gracias a Dios, el mecánico era un hermano de la iglesia sancarlina. El Señor de inmediato nos envió ayuda, una hermana de San Nicolás trajo su hermoso Ford y lo dejó en manos de Alejandro Huerta, con lo ya teníamos cómo proseguir con la comitiva hacia el sur.

Roberto nos compartió de varios lugares que ellos habían visitado y las necesidades que aún faltaba cubrir. Dejamos con él suficiente ayuda para que junto a hermanos de la congregación visitaran aquellas zonas que por tiempo nos sería difícil alcanzar.

SAN NICOLÁS

La camioneta Chevrolet doble cabina que transportaba a parte de la delegación de Coquimbo fue utilizada para realizar un viaje relámpago a la pequeña comuna de la provincia de Ñuble. Llegamos a las 21.00 horas y fuimos recibidos por su pastor, el hermano Claudio Andrade. Nos mostró el estado del templo, que solo lucía pequeñas grietas, y después, su casa, que fue declarada inhabitable.

Interior de la casa del pastor Claudio Andrade.

Era la segunda casa pastoral que sabíamos debía ser demolida. Con él dejamos todo lo que pudimos colocar en nuestra camioneta. Su intención era alcanzar localidades de la costa azotadas por las olas del tsunami.

CHILLÁN VIEJO

Asomamos con la caravana en la histórica ciudad como a las 9.30 de la mañana del jueves 11 de marzo. En el templo de la iglesia local nos esperaba su pastor, Raúl Torres, junto a su esposa y varios hermanos de la congregación. Dejamos suficiente ayuda y una pequeña bodega para que al retorno visitáramos nuevos lugares donde dejar ayuda.

En Chillán Viejo, como en todos los otros puntos de visita, experimentamos la hermosura de la comunión cristiana. Fue muy importante para cada unos de los pastores visitados el poder abrazarnos y orar juntos por protección divina. Cada uno nos contó su experiencia con el sismo y con los difíciles días que le sucedieron.

La caravana solidaria entrega la ayuda en el Templo de Chillán Viejo.

Estaban cansados, preocupados por el desabastecimiento, por las réplicas, por los hermanos, por los daños en templos y casas, pero por sobre todo, enormemente agradecidos por la misericordia de Dios: estaban vivos y amparados bajo la "sombra del Altísimo".

CONCEPCIÓN

Cerca de las diez de la mañana la caravana emprendió su ruta de servicio hacia la costa. La idea era parar en San Pedro de la Paz, luego Hualqui y terminar en Talcahuano.

Esa decisión la debimos tomar porque debíamos entregar el contenedor vacío antes de las cuatro de la tarde. Pero no iba a ser fácil, ya en el camino tuvimos las primeras dificultades con la falta de combustible. Debimos improvisar un rápido mecanismo, "a la chilena", para dotar de algunos litros a uno de nuestros vehículos. Hicimos una tercera parte de la ruta del Itata con apenas "el olor a combustible".

Es mediodía en Concepción y las autoridades habían decretado alerta de tsunami. Las personas se refugian en sectores altos para evitar nuevas víctimas.

Al llegar a Concepción nos esperaban nuevas sorpresas. Mientras cargábamos gasolina una llamada nos comunicó que estábamos con alerta de tsunami. Entonces comprendimos el caos que reinaba en la zona cercana al mar. La gente, con rostros marcados por el pavor, corría hacia lugares de protección, varios desesperados conductores hacían maniobras de alto riesgo por ganar metros en calles donde era casi imposible avanzar. El tránsito hacia San Pedro de la Paz se suspendió, y eso nos hizo cambiar radicalmente de planes, porque era necesario llegar hasta el templo de la iglesia en Talcahuano para dejar nuestra carga y desde allí ejecutar la ayuda a los otros lugares.

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La postal que también vimos, en directo, en Concepción cuando íbamos camino a San Pedro de la Paz.