Llegamos a Talca a las 08.00 de la mañana, momento que
empezábamos a conocer en directo las primeras imágenes de
la tragedia en la capital de la Región del Maule. Por todos
lados había escombros amontonados a las orillas de las veredas.
Varias casas parecían haber soportado bien el sismo, sin
embargo, los daños estaban en sus interiores. Otras, en
cambio, estaban completamente destruidas.
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| Pared interior de la casa del pastor
Roberto Cayumil. |
Cerca del templo de la Asamblea, un señor de unos sesenta
años, difícilmente, se abría camino entre los escombros
de su casa. Su intención era rescatar los pocos muebles
que el terremoto no dañó.
En el templo nos esperaba Roberto Cayumil, pastor de la
congregación. Le pedí examinar el estado en que había quedado
la vivienda que habitaba. Me llevó al lugar donde junto
a su esposa soportó los interminables minutos de terror:
una pequeña puerta situada en un panel de madera que daba
al patio fue el lugar para aferrarse a la vida. La casa
tiene daños considerables, aunque no se desmoronó con el
sismo, gracias a Dios, pero debe ser demolida, pues fue
declarada inhabitable. Desde el templo se nota con mayor
fuerza el daño, el techo de tejas apenas se sostiene en
unas cuantas vigas que ya no resistirían otro terremoto.
El templo tiene daños menores y entre los hermanos de la
iglesia hay algunos casos que son más difíciles que otros.
La diaconisa de la iglesia fue una de las más afectadas
al perder su vivienda.
La tarea en Talca fue entregar una parte de la ayuda en
víveres, colchonetas y regalos enviados especialmente al
pastor y su esposa. Sin embargo, nuestro equipo juvenil
se conmovió profundamente al ver al caballero de la esquina,
luchando en solitario entre las ruinas de su casa. De inmediato
tomaron sus palas y acudieron a ayudarle en su afán. Entre
todos abrieron un pequeño espacio por donde rescatar una
vitrina y un refrigerador que todavía guardaba bebidas y
otras cosas del pequeño negocio que tenía en la esquina.
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| Entregando la ayuda a los hermanos de
Talca. |
Buscando la carpa de debajo de los escombros. |
Al momento de despedirse, el hombre quiso pagarle a nuestros
jóvenes por tan hermosa acción, pero los chicos le mostraron
que estaban allí movidos por el amor de Cristo. Le invitaron
a la iglesia lo que aceptó gustosamente. Cuando le di la
mano, su voz turbada se cortó y su rostro envejecido y empapado
de sudor y polvo, dibujó una emocionada sonrisa de agradecimiento.
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| Sólo daños menores tuvo el Templo de
nuestra iglesia talquina. |
Este templo presbiteriano quedó con
su fachada partida. |
Mientras los jóvenes ayudaban en la esquina, los pastores
rescataban la carpa que la iglesia utilizaba en sus campañas
evangelísticas. El gran toldo con sus todos sus elementos
yacía bajo pedazos de paredes y palos de una muralla vecina.
El pastor pidió ayuda, porque esa muralla debía ser tumbada
por las máquinas y la carpa quedaría destrozada para siempre.
Nos fuimos de Talca rumbo a Parral cuando eran pasadas
las once de la mañana, con el corazón conmovido, pero agradecidos
de que algo pudimos hacer.
PARRAL
La cuna del premio Nobel Pablo Neruda está a 97 kilómetros
al sur de Talca. Tiene una población cercana a las cuarenta
mil personas. Llegamos allí a las 13.30 horas, guiados por
el pastor Patricio Orellana de Yerbas Buenas. Él sabía que
la ciudad había sido fuertemente dañada, y así era.
Contamos hileras completas de casas dañadas, la mayoría
exhibía en alguna parte el signo "No h", o sea, casa no
habitable. Alguien nos dijo que el 80% estaba con daños
graves. El pastor nos llevó a visitar a la viuda de un pastor
pentecostal. Su vivienda apenas podía sostenerse. Parte
del equipo se puso a ayudar inmediatamente en el rescate
de muebles, mientras otros visitábamos a los vecinos cercanos.
| La destrucción que se produjo en Parral. |
Alguien nos habló de un par de familias que sufrieron el
desplome total de su vivienda de adobe. Encontramos a las
familias viviendo en dos pequeñas carpas; eran un matrimonio
anciano, dos matrimonios jóvenes cuyos hijos de pecho estaban
resentidos de tanto tragar polvo y el dueño de casa, adolorido
aún de uno de sus hombros al desmoronarse el techo de la
casa.
Nuestros "médicos" auxiliaron a los bebés y dejaron instrucciones
para su cuidado. La ayuda se completó con cajas de víveres,
pañales, algo de ropa, artículos de aseo y un sentido momento
de oración con ellos. Di un corto recorrido por las calles
y pude notar cuánto daño había hecho el terremoto. Descubrí
por allí el templo de una iglesia Presbiteriana con su fachada
completamente herida por la fuerza del sismo. No había duda
estábamos en una zona de gran pesar.
SAN CARLOS
Cerca de las cuatro de la tarde llegamos a la casa del
pastor Roberto Tapia. Nos recibió con cariño y nos compartió
un reponedor almuerzo. Uno de nuestros vehículos, sin embargo,
no pudo llegar con nosotros, porque una de sus ruedas delanteras
presentó problemas por lo que fue necesario dejar el automóvil
en el taller. Gracias a Dios, el mecánico era un hermano
de la iglesia sancarlina. El Señor de inmediato nos envió
ayuda, una hermana de San Nicolás trajo su hermoso Ford
y lo dejó en manos de Alejandro Huerta, con lo ya teníamos
cómo proseguir con la comitiva hacia el sur.
Roberto nos compartió de varios lugares que ellos habían
visitado y las necesidades que aún faltaba cubrir. Dejamos
con él suficiente ayuda para que junto a hermanos de la
congregación visitaran aquellas zonas que por tiempo nos
sería difícil alcanzar.
SAN NICOLÁS
La camioneta Chevrolet doble cabina que transportaba a
parte de la delegación de Coquimbo fue utilizada para realizar
un viaje relámpago a la pequeña comuna de la provincia de
Ñuble. Llegamos a las 21.00 horas y fuimos recibidos por
su pastor, el hermano Claudio Andrade. Nos mostró el estado
del templo, que solo lucía pequeñas grietas, y después,
su casa, que fue declarada inhabitable.
| Interior de la casa del pastor Claudio
Andrade. |
Era la segunda casa pastoral que sabíamos debía ser demolida.
Con él dejamos todo lo que pudimos colocar en nuestra camioneta.
Su intención era alcanzar localidades de la costa azotadas
por las olas del tsunami.
CHILLÁN VIEJO
Asomamos con la caravana en la histórica ciudad como a
las 9.30 de la mañana del jueves 11 de marzo. En el templo
de la iglesia local nos esperaba su pastor, Raúl Torres,
junto a su esposa y varios hermanos de la congregación.
Dejamos suficiente ayuda y una pequeña bodega para que al
retorno visitáramos nuevos lugares donde dejar ayuda.
En Chillán Viejo, como en todos los otros puntos de visita,
experimentamos la hermosura de la comunión cristiana. Fue
muy importante para cada unos de los pastores visitados
el poder abrazarnos y orar juntos por protección divina.
Cada uno nos contó su experiencia con el sismo y con los
difíciles días que le sucedieron.
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| La caravana solidaria entrega la ayuda
en el Templo de Chillán Viejo. |
Estaban cansados, preocupados por el desabastecimiento,
por las réplicas, por los hermanos, por los daños en templos
y casas, pero por sobre todo, enormemente agradecidos por
la misericordia de Dios: estaban vivos y amparados bajo
la "sombra del Altísimo".
CONCEPCIÓN
Cerca de las diez de la mañana la caravana emprendió su
ruta de servicio hacia la costa. La idea era parar en San
Pedro de la Paz, luego Hualqui y terminar en Talcahuano.
Esa decisión la debimos tomar porque debíamos entregar
el contenedor vacío antes de las cuatro de la tarde. Pero
no iba a ser fácil, ya en el camino tuvimos las primeras
dificultades con la falta de combustible. Debimos improvisar
un rápido mecanismo, "a la chilena", para dotar de algunos
litros a uno de nuestros vehículos. Hicimos una tercera
parte de la ruta del Itata con apenas "el olor a combustible".
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| Es mediodía en Concepción y las autoridades
habían decretado alerta de tsunami. Las personas se
refugian en sectores altos para evitar nuevas víctimas. |
Al llegar a Concepción nos esperaban nuevas sorpresas.
Mientras cargábamos gasolina una llamada nos comunicó que
estábamos con alerta de tsunami. Entonces comprendimos el
caos que reinaba en la zona cercana al mar. La gente, con
rostros marcados por el pavor, corría hacia lugares de protección,
varios desesperados conductores hacían maniobras de alto
riesgo por ganar metros en calles donde era casi imposible
avanzar. El tránsito hacia San Pedro de la Paz se suspendió,
y eso nos hizo cambiar radicalmente de planes, porque era
necesario llegar hasta el templo de la iglesia en Talcahuano
para dejar nuestra carga y desde allí ejecutar la ayuda
a los otros lugares.
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| La postal que también vimos, en directo,
en Concepción cuando íbamos camino a San Pedro de la
Paz. |