Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

POR TU HERIDA FUIMOS SANADOS

Por Antº Barceló R

Cuando mi corazón era una herida
Que nunca el mundo pudo haber curado,
Te ofreciste a morir en abnegado
Sacrificio de amor por mi caída.

Conocimiento y fe de tu venida;
Asentimiento por tu gracia dado;
Mi confianza en ti porque has donado
Tu sangre hasta salvar mi pobre vida.

Creo señor que has puesto la simiente
Del nuevo corazón con que a ti vengo
Y del grato sabor que el alma siente.

La causa es tuya, y en mi fe sostengo
Que eres mi Salvador omnipotente
Y que por ti en la gracia me sostengo.

Yo me duelo, Señor, en la tortura
De ese tu sacrificio extraordinario,
"in sólidum", por siempre necesario
para salvar al hombre en su locura

Con lágrimas de amor, con amargura
Te veo -¡oh, Cristo Santo!- en el Calvario,
Abandonado, muerto y solitario
Con el dolor prendido a la cintura.

El pueblo fue a matar tu santa vida,
Quiso moler tu cuerpo ya azotado
Tras grave acusación inmerecida.

Y cuando todo estaba consumado
-recibiendo una luz aparecida-,
resucitaste ya glorificado.

versión para imprimir