En algunos lugares del África, existe predilección por un
exótico platillo llamado "SESOS de MONO"
El sujeto en cuestión es un mono araña, delgadito, pequeño,
simpático, e inofensivo, pero tonto, que habita en las selvas.
Gusta de comer frutas y vivir en comunidad.
Ese animalito es servido vivo en las mesas de elegantes restaurantes,
en una caja, con sólo la cabeza a fuera, dejando que los comensales
lo descalabren a martillazos hasta morir, para probar su cerebro
crudo, directo de su cráneo. ¡Suena horrible¡ ¿Verdad?
¡Lo es!
Hoy, aun existen cazadores que los atrapan para venderlos
a restaurantes refinados de zonas urbanas.
Para ello, colocan una manzana u otra fruta, en una jarra
de barro bien fija en la tierra.
El mono se acerca tranquilo al ver que no hay nadie alrededor,
mete su mano estirada en la jarra, y atrapa la apetitosa
fruta.
Mas su mano cerrada no cabe en el hueco de salida.
Así, debe decidir entre soltar la fruta y dejarla dentro.
Es ahí cuando el cazador tiene su oportunidad.
Se acerca despacio.
La víctima, al ver la suerte que le espera, intenta liberarse
lo más pronto posible.
Sin embargo no puede.
El
terror y ansia de escapar, se unen al afán de conservar
su trofeo.
¡No desea perderlo!
Así, su mano queda atrapada en la vasija, siendo capturado
con facilidad por su enemigo.
Y pensar que solo tenía que abrir su mano y soltar la
fruta para escapar por los espesos árboles.
¡Nunca sería alcanzado por el cazador!
Sencillo...
¡Pero no lo hace!
Insiste en llevarse el premio.
Se ve tan rico.
Es gratis...
La cruel consecuencia, ya la conoces.
A veces actuamos como aquel pobre y tonto mono que fue
servido como comida exótica.
El enemigo nos pone enfrente los deleites que nos gustan
más, y que sabemos no son del agrado de Dios.
La oferta es tan atractiva, que parece ser imposible de
rechazar, o de soltar una vez tomada.
Allí hay peligro.
En vez de actuar sabiamente, la tentación y el pecado nos
hacen parecer tener "SESOS de MONO", y no pensamos con claridad
ante las tentaciones ofrecidas.
Las tomamos, y no las soltamos.
Las consecuencias de tal insensatez no se hacen esperar.
La muerte, en forma de dolor, angustia, decepción y pérdida,
se acerca lentamente hasta que nos atrapa.
¿Conoces algún ejemplo práctico para esta analogía?
¿O a alguien semejante a ese tonto personaje?
¿Te parece tan atractiva la oferta que a veces ni tú la
puedes rechazar?
¿Te viene a la mente algún fruto tan tentador que invita
a ser sujetado con firmeza, a costa de la pérdida de la
libertad y la vida?