Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

CONSUMADO ES

(Artículo escrito por el misionero Carlos Hagwall y publicado en la revista de la Iglesia Asamblea de Dios Autónoma, El Clamor, marzo-abril de 1978).

A pesar de ser una frase tan corta, esta expresión es una de aquellas "superpalabras" con las cuales nos encontramos en la Biblia. Y,¿cómo no va a ser importante lo que nuestro amado Salvador exclamó en sus últimas palabras, si varias de sus palabras anteriores en la cruz dan a entender algo de la tragedia de la cruz? Ésta por sobre todo es una palabra de triunfo.

"Consumado es" no es el clamor desesperado de un mártir; no es el suspiro de alivio ante la realidad de la muerte que pronto acabará con los sufrimientos; no es el último quejido de una vida gastada.
No, aquí tenemos la declaración de nuestro Salvador de que todo lo que él había a hacer, desde el cielo, ya estaba hecho.

Cualquier persona, al darse cuenta de que su vida llega a su fin, que sus fuerzas se acaban y que la muerte se aproxima, reconoce que todavía le queda mucho por hacer, que ha alcanzado a realizar tan poco, que todo debería haber sido hecho mejor.
En fin, descubre que realmente nada ha alcanzado a terminar, Jesucristo, en cambio, pudo exclamar: "¡Consumado es!", dándonos a entender que no quedaba nada por hacer, que nada se podría añadir a su obra, y que lo que Dios el Hijo declaraba completo no adolecía de ninguna falta.

Sin embargo, esta frase "Consumado es", nos incita a descubrir qué es lo que se ha terminado, qué es lo que ha quedado completo, qué es lo que ha llegado a su fin absoluto.

En primer lugar, los sufrimientos de nuestro Señor Jesús han llegado a su punto máximo. Pero, ¿qué lengua o qué pluma podrá jamás describir los sufrimientos de nuestro Salvador?
Bien lo presenta el profeta Isaías como "Varón de dolores".

Los sufrimientos de Cristo penetraban hasta lo más profundo, tanto en su físico como en su mente y en su espíritu.
Sufrió la incomprensión de los hombres; sufrió el odio y los ataques de Satanás. Pero en esos momentos de la consumación de su obra y vida sufrió también el abandono de parte de Dios el Padre.
Los sufrimientos de mi amado Salvador llegaron a tal punto que nada más se podía añadir a ello.

¿Sabes lo que es sufrir? ¿Sabes lo que es sufrir siendo inocente? Sin embargo, a nuestros sufrimientos siempre se podrían agregar más sufrimientos, pero a los de nuestro Salvador, nada se podía añadir. Había llegado al mismo clímax de dolor y angustia. Con razón exclamó: "¡CONSUMADO ES!"

En segundo lugar, las profecías concernientes a su primera venida se habían cumplido. El evangelista, sin equivocarse, dice que "después de todo esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado... dijo: "¡Consumado es!" En varias ocasiones Jesús había hecho referencia a "la voluntad del Padre".
"Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra", Juan 4:3.
"...no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre". Juan 5:30.
"... he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió", Juan 6:38.

La voluntad del Padre estaba expresada en las profecías. Éstas se iban cumpliendo una tras otra. Durante la semana de la pasión del Señor, muchas de esas predicciones de los profetas se cumplieron.

En varias ocasiones anteriores Jesús había insistido en que "su hora, su tiempo, todavía no había llegado", Juan 2:4; 7:6-30; 8:20. Pero, por fin llegó el momento cuando dijo: "Padre, la hora ha llegado". Tan amarga es esta experiencia que Jesús rogó al Padre: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú", Mateo 26:39.

No fue posible que nuestro Salvador se librara. No hubo otro que tomara su lugar. No hubo modificación alguna en el plan del Padre. Sumiso a la voluntad del Padre, bebió la copa de la amarga hiel de nuestros pecados. Al ver que todo se había cumplido, con razón exclamó: "¡CONSUMADO ES!"

En tercer lugar, la ley dada por Dios exigía que el pecado fuese castigado. "El alma que pecare, esa morirá", Ezequiel 18:4. Pero Dios, en su amor tenía preparado un sacrificio especial para salvar al hombre. A través de ejemplos históricos, y mediante profecías iba preparando al pueblo para aceptar este sacrificio.

Jesucristo clavado en la cruz es ese sacrificio. "Cristo padeció, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios", 1ª. Pedro 3:18.
Con esto la demanda de justicia se satisface.
La ley se cumple.
Dios queda satisfecho.
El hombre es justificado por la fe en Jesucristo. "¿Luego por la fe invalidamos la ley?", pregunta Pablo. No, "en ninguna manera, sino que confirmamos la ley", es la respuesta enfática de Romanos 3:31.

Con razón pudo exclamar el Señor: "¡CONSUMADO ES!"
Que el cristiano lo entienda: "¡CONSUMADO ES!"
Que el mundo lo oiga: "¡CONSUMADO ES!"
Que nuestro enemigo tiemble, pues: "¡CONSUMADO ES!"
Que el que dude de su salvación lo recuerde: "¡CONSUMADO ES!"

Para siempre "¡CONSUMADO ES!"

Nota de la Redacción: los textos bíblicos fueron sacados de la Biblia Reina-Valera 1960.