| Asamblea
de Dios Autónoma de Santiago |
¡DIOS HA MUERTO!
LOS ERMITAÑOS Y EL FINADO
Por Joel Naranjo
“¿Y que hace el santo
en el bosque?”, preguntó Zaratustra.
El santo contestó: “Hago
cantos y los canto, y cuando hago cantos, río, lloro y murmuro.
Así alabo a Dios. Con cantos, lágrimas, risas y murmullos
alabo a Dios que es mi Dios. Pero veamos: ¿qué presente nos
traes?”.
Al oír Zaratustra estas
palabras, saludó al santo y le dijo: “¿Qué tendría yo que
daros a vosotros?. Lo que habéis de hacer es dejarme marchar,
corriendo, para que no os quite nada.”
Y así se separaron uno
de otro, el viejo y el hombre, riendo como ríen dos criaturas.
Pero cuando Zaratustra
estuvo solo, habló así a su corazón: “¿Será posible? ¡Este
santo anciano no ha oído aún en su bosque que Dios ha muerto!”
Friedrich Nietzsche
"Así hablaba Zaratustra”
Muchas veces, los pensadores se distinguen,
pasan a la historia, con una sola frase que engloba el corazón
de su pensamiento (como el “Cogito ergo sum” de Descartes).
En el caso de Nietzsche, sin duda ninguna máxima ha sido tan
famosa, ni tan controversial, como esta de “Dios ha muerto”.
Y, probablemente, tan poco entendida.
Para los cristianos, pocas frases han resultado
tan ofensivas como ésta. Nos parece una blasfemia, una aberración
sin nombre. Una especie de“ira santa” se apodera de nosotros
cada vez que la oímos. En más de un baño se ha visto debajo
de esta sentencia, suscrita por Nietzsche, otra que reza:
“Nietzsche ha muerto”, firmada por Dios. Sin embargo,
dudo que la mayoría realmente comprendamos a que se refiere.
A muchos les parece que lo que Nietzsche
hace es proclamar en una forma graciosa su ateísmo. Sin embargo,
la verdad es que no dice “Dios no existe”, si no “Dios
ha muerto”. Pero cuidado. Esto no implica que fuese creyente.
El tema de la existencia de Dios le resulta más bien indiferente.
Lo que Nietzsche hace es, simplemente, señalar un hecho: Este
concepto, esta idea de Dios, que ha sido omnipresente a lo
largo de la historia de la cultura occidental, que ha sido
como el aire en que en que se ha movido cada filósofo, cada
científico, cada artista, cada político de nuestra historia,
ha desaparecido. Hubo un tiempo en que la idea de Dios era
el núcleo fundamental de la cultura, el Sol que con sus rayos
alcanzaba la vida de cada hombre, aunque no fuese especialmente
religioso. No había sabio que no diese por sentado a Dios
en sus obras, ni político, por inicuo que fuese, que no buscase
legitimarse a través de la religión. Eso ya no existe. Dios
ha desaparecido del horizonte de la cultura.
Que él exista o no, no importa mucho, el
hecho es que ya no está ahí, ya no forma parte del mundo real.
Ni aún a veces para aquellos que dicen creer en él.
Para Nietzsche, por supuesto, esto es algo
absolutamente positivo. No sólo positivo, si no que algo que
debía suceder, para que naciese su Superhombre. Pero en esto
no puedo estar de acuerdo. Dios ha muerto, y tal como en un
buque que se ha hundido, cada uno busca salvar su vida aferrándose
con desesperación a la primera tabla, a la primera pieza del
aparejo que logre hallar. Aferrándose a su ideología, a su
vicio, a su egolatría.
¿Dios no ha muerto? Miren los ojos de sus
compañeros, de sus amigos, vacíos y anhelantes, buscando una
respuesta, algo por lo cual empezar a vivir, y no simplemente
seguir sobreviviendo. Aferrándose a una ideología, queriendo
creer que en ella se halla salida de la humanidad. Asiéndose
a la superstición, leyendo el tarot y viendo el horóscopo,
sin siquiera comprender la cosmovisión de la que provienen.
Martín Lutero, John Wesley, Francisco de Asís hablaron de
la libertad que experimentaron al encontrarse con aquel Ser
Eterno y Trascendente que los había creado. Al conocer a Aquel
que por puro amor se hizo hombre y derramo su sangre para
ganar esa libertad, que elevaba sus espíritus hasta el cenit
de lo sublime. Hoy, la libertad humana se ha reducido a tener
un momento de desenfreno, a desnudarse en masa para un fotógrafo,
a poder alcoholizarse hasta quedar intoxicado, al sexo furtivo
en la esquina de una disco, con alguien a quien no se volverá
a ver jamás.
Dios ha muerto. ¿Y que hemos hecho los cristianos
al respecto? En el texto que cité al principio, me parece
que Nietzsche expresa su opinión de los cristianos. Una visión
profunda y dolorosamente acertada. Zaratustra ha bajado de
su montaña luego de diez años, y en medio de este bosque solitario,
se encuentra con la casucha de este santo anciano. ¿Qué hace
sólo en la selva? Hace cantos para alabar a Dios. ¿Y porque
esta sólo en el bosque? Él mismo lo dice:
“¿Sabes acaso- dijo el santo- porque me
he venido yo a los bosques y a la soledad? ¿No era porque
amaba demasiado a los hombres?. Ahora amo a Dios; no amo a
los hombres. El hombre es una cosa demasiado incompleta. El
amor al hombre me mataría”
Así ve Nietzsche a los cristianos. Y así
parecen ser muchas veces los cristianos. Unos tipos que por
amar tanto a Dios, se han alejado del hombre, se han ido a
sus bosques de cuatro paredes, a cantar a Dios y levantar
sus manos, mientras afuera Dios ha muerto, y con él se muere
el mundo. Que se han encerrado en sus eremitas de música cristiana,
de colegios cristianos, de trabajos cristianos, de radios
cristianas, para no tener que lidiar con el infinito hedor
del Hombre que se muere afuera.
Por esto ha muerto Dios. ¿Y que podemos hacer
ahora? Creo que Francis Schaeffer dio en el clavo con el mensaje
de debemos llevar: “Dios está ahí”. No solamente “Dios
existe”, pues para muchos Dios existe como existe Plutón
en algún lado, como existe la galaxia M1345 en alguna parte
del espacio infinito, que puede existir muy bien y feliz,
pero sin tener nada que ver conmigo. No, Dios esta ahí, Él
forma parte de la realidad objetiva, es algo que me afecta,
es un elemento que debo tomar en cuenta para tomar mis decisiones
más importantes, como tomo en cuenta el clima para planear
un pic nic. Y la decisión de lo que haga con Dios, es en sí
misma la más importante. Y debemos llevar este mensaje las
calles, a las universidades, al arte, a la música, a la literatura,
a toda la cultura.
Mucho más podría seguir escribiendo, pero
para no quitarles más tiempo, me despido con unas palabras
de William Barclay, que creo expresan con maestría lo que
quiero decir.
“Es fácil sentirse cristiano en el momento
de la oración y la meditación: es fácil sentirse cerca de
Dios cuando se han cerrado las puertas al mundo y cuando el
cielo está muy cerca. Pero eso no es religión, es escapismo.
La verdadera religión consiste en levantarnos de nuestras
rodillas ante Dios para enfrentarnos con los hombres y la
situación humana. La verdadera religión consiste en sacar
fuerzas de Dios a fin de darlas a otros. La verdadera religión
implica tanto encontrarse con Dios en el lugar secreto como
con los hombres en el mercado.”
Dios ha muerto. Nosotros lo hemos dejado
morir. ¿Seremos capaces de revivirlo?
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