(Estudio bíblico reproducido de la desaparecida
revista de nuestra iglesia "El Clamor". N° 162, noviembre
de 1972, año 20)
Sven O. Svensson
En el estudio anterior decíamos que el Espíritu Santo viene
como un viento recio, por cierto que Él es una persona,
pero la Biblia usa muchas figuras para que podamos entender
la personalidad y las propiedades del Espíritu Santo. Ahora
meditaremos en otra figura con la cual se le presenta: El
Espíritu Santo como fuego, "y se le aparecieron lenguas
repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de
ellos" (Hechos 2:3).
El fuego produce muchos efectos.
Para empezar veremos que el fuego da calor. Un cristiano
lleno del Espíritu es un cristiano lleno de calor. Hay un
frío tremendo en el día de hoy, un frío espiritual escalofriante.
El mundo necesita calor. Al llegar el Espíritu Santo nos
transforma en cristianos ardientes que irradiamos calor
donde quiera que estemos, en la escuela, en el trabajo,
en la casa y en la iglesia. Dios quiere que esparzamos calor,
para que a la gente le agrade estar junto a nosotros. Hay
personas que esparcen frío alrededor de sí. Siento frío
cuando me encuentro con ellos, porque lo que ellos dicen
y hacen es frío. La razón es que no tienen al Espíritu Santo.
Si yo tengo el Espíritu Santo, entonces tengo un fuego que
arde adentro, y el calor se siente a mi alrededor.
El fuego también da luz. Una persona que está llena
del Espíritu Santo tiene luz dentro de sí. Es por eso que
un cristiano lleno del Espíritu Santo no quiere vivir en
oscuridad, sino que quiere vivir en comunión con el Espíritu
Santo para no hacer lo malo.
El
fuego además consume. Cuando el Espíritu Santo llega,
muchas cosas arden. Si uno es envidioso la envida arde y
es consumida. La amargura, la crítica y la maldad, todo
eso arde con el Espíritu Santo. Tal vez hay pecados que
hemos dejado entrar en nuestra vida, que ni el pastor, ni
los ancianos, ni los padres y los hermanos en la iglesia
no saben, pero Dios lo sabe, y cuando el Espíritu Santo
llega se queman aquellas cosas. El pecado desaparece. Recuerdo
cuando el Espíritu Santo llegó a mí por primera vez, limpiando
todo mi corazón, mis pensamientos, mis manos, mis pies,
toda mi vida fue limpiada por el fuego del Espíritu Santo.
No es suficiente experimentar el fuego del Espíritu Santo
una sola vez. No podemos recibir calor de un fuego que ardía
ayer. Necesitamos un nuevo y constante fuego para estar
siempre ardiente en nuestros corazones.
El fuego llama la atención. Hay casas que tal vez
a nadie le han llamado la atención. Pero de repente se produce
un incendio en una de ellas, y entonces llegan, primero
los niños, luego los bomberos, y después llegan los demás
para mirar el incendio. El fuego junta a las gentes. ¿Cómo
van a venir muchos pecadores a nuestros templos? ¡Cuando
el fuego del Espíritu Santo caiga, y empiece a arder en
nuestro medio! El pecador dirá: ¡Tengo que ir al templo
para escuchar la palabra! Tal vez estará sentado en la última
banca, pero el fuego del Espíritu Santo también lo alcanzará
allí.
¿Qué
sucedió en el día de Pentecostés? Dice que todos empezaron
a hablar en nuevas lenguas. ¡Pedro que había negado al Señor,
Tomás que había dudado, y también los otros, que huyeron
y eran cobardes, hablaron en nuevas lenguas! Si tú y yo
hubiéramos repartido el Espíritu, hubiéramos dicho así:
¡No, a Pedro no, a él no le damos el Espíritu Santo, y a
Tomás tampoco, él no merece nada, porque ellos no se han
comportado correctamente! Pero, gracias a Dios, no eres
ni tú ni yo quienes repartimos el Espíritu, sino que es
Dios que lo da. Él vio que Pedro necesitaba el Espíritu.
Pedro había negado a Jesús. Ahora Pedro necesitaba poder
para vencer, y vino el Espíritu Santo sobre él. Después
no dice más que Pedro negó a Jesús. Cuando Tomás recibió
el Espíritu Santo, empezó a testificar del Señor. Antes
decía: No puedo creer. Pero cuando recibió el Espíritu Santo
empezó a contar a todos que Jesús vive. No recibimos el
Espíritu Santo como una medalla o condecoración, porque
somos muy capaces, o porque oramos mucho, o porque vamos
a las reuniones, o porque estamos en el coro, sino que lo
recibimos por gracia, porque somos tan débiles. Nosotros
necesitamos el Espíritu, así como los discípulos lo necesitaron.
En el día de Pentecostés no sólo vino un viento recio y
aparecieron lenguas como de fuego, sino que todos fueron
llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras
lenguas. Veamos lo que Pablo escribe en 1ª. Corintios capítulo
14:1-4. Dice aquí que el que habla en lenguas, habla en
lengua extraña. Yo no entiendo cuando alguien habla en lenguas.
Tal vez pueda ser un idioma preciso, y eso entiendo, si
es que sé ese idioma. O tal vez recibo la interpretación,
y entonces entiendo. Es muy importante que el que habla
en lenguas sepa que ninguno de los que le rodean le entiende,
sino que habla exclusivamente a Dios. Es un idioma en secreto,
un idioma extraño entre él y Dios. Ni siquiera el diablo
entiende ese idioma. ¡Qué lindo poder decir algo que el
diablo no entienda! Por eso yo hablo en lenguas todos los
días. No quiero que el diablo sepa lo que estoy diciendo.
Mi espíritu habla con Dios. No hablo a los hombres, no hablo
a Satanás, sino a Dios. ¡Aleluya!
Aquí dice también que el que habla en lenguas se edifica
a sí mismo y es bendecido. La Biblia nos enseña que el hablar
en lenguas, que no es para uno mismo, debe ser interpretado.
Por eso no se debe hablar en lenguas en voz alta, así no
más, en reuniones públicas. Si lo hacemos es porque creemos
que habrá una interpretación también. A veces he encontrado
a hermanos que me han dicho: ¿Es necesario hablar en lenguas?
¿Está uno obligado a hablar en lenguas? No, uno no está
obligado. Puedes librarte de hablar en lenguas si es que
no quieres. Pero yo estoy contento porque puedo hablar en
lenguas. El apóstol Pablo daba gracias a Dios porque él
hablaba en lenguas. Hermano, ¿agradeces tú a Dios porque
hablas en lenguas?
En
Lucas 11:11-13 dice así: "¿Qué padre de vosotros, si su
hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en
lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un
huevo, le dará un escorpión? Pues, si vosotros, siendo malos,
sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más
vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que
se lo pidan? Tú recibes el Espíritu cuando pides el Espíritu
al Padre. No recibimos por lo tanto, otra cosa. Dios tiene
cuidado de que tú no recibas algo extraño. El hablar en
lenguas es bueno, pues es Dios el que da el hablar en lenguas,
y Dios no da ninguna cosa que sea mala. Jesús ha dicho que
podemos hablar en nuevas lenguas. En San Marcos 16:17 dice:
"...hablarán nuevas lenguas". A veces viene Satanás y me
dice: "El hablar en lenguas que tú tienes, no es bueno".
Entonces yo le digo al diablo: "¡Sí, es bueno, porque yo
lo he recibido de Dios, y lo que Dios da es bueno!" Lo que
el diablo te diga no tiene valor, pues es mentiroso.
Hay otra cosa más que sucedió en el día de Pentecostés.
Además de hablar en lenguas se empezó a profetizar. En el
primer tiempo cristiano había mucha profecía, y había mucho
hablar en lenguas. Nos damos cuenta de que hay dos clases
de profetas, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.
En 1ª. Corintios 12:28 dice que Dios puso en la iglesia
profetas. Hay un servicio o ministerio en la iglesia de
Dios, que es el profeta. Pero no sólo él puede profetizar,
sino que todos lo pueden hacer. En 1ª. Corintios 14:31 dice:
"Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos
aprendan, y todos sean exhortados".
Así como todos pueden hablar en nuevas lenguas, así también
todos pueden profetizar. Todos no recibirán el ministerio
de la profecía, pero el espíritu de la profecía puede venir
sobre todos. Veamos dos ejemplos en la Biblia. Números 11:24-31.
Dice aquí que Moisés era profeta, el más grande de los profetas.
Pero no solamente Moisés profetizaba -aunque él tenía el
ministerio de profetizar- sino el espíritu de la profecía
vino sobre los otros también. No sólo Moisés profetizaba,
los 70 ancianos también empezaron a profetizar. Dios escoge
en la iglesia a uno como profeta, pero no quiere que ese
sólo profetice, sino quiere que todos lo hagan.
Tenemos
un ejemplo en el Nuevo Testamento en Hechos 21:8-11. Vemos
aquí que Felipe tenía algunas hijas, y éstas acostumbraban
profetizar. Las hermanas también pueden profetizar y no
solamente los hermanos. Éstas eran "doncellas", así que
uno no necesita ser casado para profetizar. No sé qué edad
tenían, pero uno no necesitaba ser de mucha edad para profetizar.
Estas cuatro jovencitas profetizaban en las reuniones. Pero
Dios tuvo un día algo muy importante que decir. Entonces
no usó a esas cuatro hermanas, sino mandó a un profeta,
uno que tenía el ministerio de la profecía, y ese profeta
vino diciendo: "Esto dice el Espíritu Santo..."
El Señor nos enseña también cómo comportarnos con el profetizar.
Todos no deben profetizar de una sola vez. Tiene que haber
a lo más tres mensajes proféticos en una reunión. No es
correcto cuando hay demasiada profecía en un culto. He estado
en esa clase de reuniones, cuando muchos han profetizado,
pero entonces les he leído la Biblia, y he dicho: "Ahora
estamos en error. La Biblia dice que tiene que ser dos o
tres que profeticen". Todos pueden profetizar, pero no en
la misma oportunidad. Tenemos que seguir la Palabra de Dios
para ser bien encausados.
Habían dos cosas que caracterizaron el día de Pentecostés:
la Palabra y el Espíritu. Es como en el ferrocarril: hay
dos rieles. Si un riel está malo, el tren se descarrila.
Tenemos que mantener en buen estado los dos rieles: la Palabra
y el Espíritu. No solamente tienes que leer la Palabra,
sino también tienes que recibir al Espíritu. Si solamente
lees la Biblia, te puedes volcar, y a la inversa el resultado
es el mismo.
También la Palabra nos autoriza a probar lo que se está
diciendo. Primero, cuando oímos un mensaje, una predicación
o una profecía, averiguamos si está de acuerdo con la Biblia.
Si no está de acuerdo con la Biblia, no lo aceptamos. Un
par de meses atrás oí un mensaje profético, en que una persona
dijo: "Así dice el Señor: Yo también he hecho mis fallas".
Ese mensaje no estaba de acuerdo con la Palabra de Dios.
La Biblia dice que Jesús no ha cometido ninguna falta, sino
que es completamente sin pecado. Por lo segundo, cuando
escuchas a alguien predicar, o cuando escuchas un mensaje
profético, vas a averiguar si esa persona vive para Dios,
o si es un cristiano despreocupado que se mezcla con pecaditos
aquí y allá y no tiene un corazón limpio. Si es así, no
recibas lo que dice, porque el mensajero tiene que tener
una vida limpia. Y por lo tercero, cuando un mensaje es
bueno, entonces dice "amén" y "sí" en el corazón. Se siente
por dentro: ¡esto sí es lo que Dios ha dicho!
¿Qué es lo más importante en una locomotora? ¿El pito estridente?
No, lo importante es que haya potencia para que el tren
pueda avanzar. Algunos piensan que lo más importante es
gritar fuerte. No es ninguna cosa mala, la de alabar al
Señor. Tenemos que hacerlo. Pero lo más importante es que
avancemos. El Señor bautiza en el Espíritu Santo para que
podamos avanzar y continuar nuestra peregrinación.
¿Qué vamos a hacer para ser bautizados en el Espíritu Santo?
Lo mismo que hicimos cuando fuimos bautizados en agua. Nos
entregamos confiadamente en las manos del que ofició el
bautismo. Nosotros no nos vamos a bautizar a nosotros mismos,
sino que vamos a dejar al que bautiza en el Espíritu Santo,
que nos tome. Ponte en las manos de Dios ahora, y Él te
bautizará en el Espíritu Santo. Él te sumerge en su poder.
Toda tu vida cambiará, pensamientos, voluntad y acción.
Serás fuerte para vencer.