Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

EL FUEGO DEL ESPÍRITU SANTO

(Estudio bíblico reproducido de la desaparecida revista de nuestra iglesia "El Clamor". N° 162, noviembre de 1972, año 20)

Durante una visita que realizó con motivo de la inauguración del Templo Matta, en septiembre de 1972, el pastor Sven O. Svensson dictó dos estudios bíblicos sobre el Espíritu Santo, el primero bajo el símbolo del viento y el segundo del fuego.

A 35 años de este acontecimiento, queremos recordar dichos estudios de quien hace casi dos meses partió a la presencia del Señor, en Suecia.

El texto base de ambos estudios es Hechos 2:1-4. En esta oportunidad ofrecemos el segundo de ellos.

Sven O. Svensson

(Si quiere leer el estudio anterior haga click aquí)

En el estudio anterior decíamos que el Espíritu Santo viene como un viento recio, por cierto que Él es una persona, pero la Biblia usa muchas figuras para que podamos entender la personalidad y las propiedades del Espíritu Santo. Ahora meditaremos en otra figura con la cual se le presenta: El Espíritu Santo como fuego, "y se le aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos" (Hechos 2:3).

El fuego produce muchos efectos.

Para empezar veremos que el fuego da calor. Un cristiano lleno del Espíritu es un cristiano lleno de calor. Hay un frío tremendo en el día de hoy, un frío espiritual escalofriante. El mundo necesita calor. Al llegar el Espíritu Santo nos transforma en cristianos ardientes que irradiamos calor donde quiera que estemos, en la escuela, en el trabajo, en la casa y en la iglesia. Dios quiere que esparzamos calor, para que a la gente le agrade estar junto a nosotros. Hay personas que esparcen frío alrededor de sí. Siento frío cuando me encuentro con ellos, porque lo que ellos dicen y hacen es frío. La razón es que no tienen al Espíritu Santo. Si yo tengo el Espíritu Santo, entonces tengo un fuego que arde adentro, y el calor se siente a mi alrededor.

El fuego también da luz. Una persona que está llena del Espíritu Santo tiene luz dentro de sí. Es por eso que un cristiano lleno del Espíritu Santo no quiere vivir en oscuridad, sino que quiere vivir en comunión con el Espíritu Santo para no hacer lo malo.

El fuego además consume. Cuando el Espíritu Santo llega, muchas cosas arden. Si uno es envidioso la envida arde y es consumida. La amargura, la crítica y la maldad, todo eso arde con el Espíritu Santo. Tal vez hay pecados que hemos dejado entrar en nuestra vida, que ni el pastor, ni los ancianos, ni los padres y los hermanos en la iglesia no saben, pero Dios lo sabe, y cuando el Espíritu Santo llega se queman aquellas cosas. El pecado desaparece. Recuerdo cuando el Espíritu Santo llegó a mí por primera vez, limpiando todo mi corazón, mis pensamientos, mis manos, mis pies, toda mi vida fue limpiada por el fuego del Espíritu Santo.

No es suficiente experimentar el fuego del Espíritu Santo una sola vez. No podemos recibir calor de un fuego que ardía ayer. Necesitamos un nuevo y constante fuego para estar siempre ardiente en nuestros corazones.

El fuego llama la atención. Hay casas que tal vez a nadie le han llamado la atención. Pero de repente se produce un incendio en una de ellas, y entonces llegan, primero los niños, luego los bomberos, y después llegan los demás para mirar el incendio. El fuego junta a las gentes. ¿Cómo van a venir muchos pecadores a nuestros templos? ¡Cuando el fuego del Espíritu Santo caiga, y empiece a arder en nuestro medio! El pecador dirá: ¡Tengo que ir al templo para escuchar la palabra! Tal vez estará sentado en la última banca, pero el fuego del Espíritu Santo también lo alcanzará allí.

¿Qué sucedió en el día de Pentecostés? Dice que todos empezaron a hablar en nuevas lenguas. ¡Pedro que había negado al Señor, Tomás que había dudado, y también los otros, que huyeron y eran cobardes, hablaron en nuevas lenguas! Si tú y yo hubiéramos repartido el Espíritu, hubiéramos dicho así: ¡No, a Pedro no, a él no le damos el Espíritu Santo, y a Tomás tampoco, él no merece nada, porque ellos no se han comportado correctamente! Pero, gracias a Dios, no eres ni tú ni yo quienes repartimos el Espíritu, sino que es Dios que lo da. Él vio que Pedro necesitaba el Espíritu. Pedro había negado a Jesús. Ahora Pedro necesitaba poder para vencer, y vino el Espíritu Santo sobre él. Después no dice más que Pedro negó a Jesús. Cuando Tomás recibió el Espíritu Santo, empezó a testificar del Señor. Antes decía: No puedo creer. Pero cuando recibió el Espíritu Santo empezó a contar a todos que Jesús vive. No recibimos el Espíritu Santo como una medalla o condecoración, porque somos muy capaces, o porque oramos mucho, o porque vamos a las reuniones, o porque estamos en el coro, sino que lo recibimos por gracia, porque somos tan débiles. Nosotros necesitamos el Espíritu, así como los discípulos lo necesitaron.

En el día de Pentecostés no sólo vino un viento recio y aparecieron lenguas como de fuego, sino que todos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas. Veamos lo que Pablo escribe en 1ª. Corintios capítulo 14:1-4. Dice aquí que el que habla en lenguas, habla en lengua extraña. Yo no entiendo cuando alguien habla en lenguas. Tal vez pueda ser un idioma preciso, y eso entiendo, si es que sé ese idioma. O tal vez recibo la interpretación, y entonces entiendo. Es muy importante que el que habla en lenguas sepa que ninguno de los que le rodean le entiende, sino que habla exclusivamente a Dios. Es un idioma en secreto, un idioma extraño entre él y Dios. Ni siquiera el diablo entiende ese idioma. ¡Qué lindo poder decir algo que el diablo no entienda! Por eso yo hablo en lenguas todos los días. No quiero que el diablo sepa lo que estoy diciendo. Mi espíritu habla con Dios. No hablo a los hombres, no hablo a Satanás, sino a Dios. ¡Aleluya!

Aquí dice también que el que habla en lenguas se edifica a sí mismo y es bendecido. La Biblia nos enseña que el hablar en lenguas, que no es para uno mismo, debe ser interpretado. Por eso no se debe hablar en lenguas en voz alta, así no más, en reuniones públicas. Si lo hacemos es porque creemos que habrá una interpretación también. A veces he encontrado a hermanos que me han dicho: ¿Es necesario hablar en lenguas? ¿Está uno obligado a hablar en lenguas? No, uno no está obligado. Puedes librarte de hablar en lenguas si es que no quieres. Pero yo estoy contento porque puedo hablar en lenguas. El apóstol Pablo daba gracias a Dios porque él hablaba en lenguas. Hermano, ¿agradeces tú a Dios porque hablas en lenguas?

En Lucas 11:11-13 dice así: "¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues, si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? Tú recibes el Espíritu cuando pides el Espíritu al Padre. No recibimos por lo tanto, otra cosa. Dios tiene cuidado de que tú no recibas algo extraño. El hablar en lenguas es bueno, pues es Dios el que da el hablar en lenguas, y Dios no da ninguna cosa que sea mala. Jesús ha dicho que podemos hablar en nuevas lenguas. En San Marcos 16:17 dice: "...hablarán nuevas lenguas". A veces viene Satanás y me dice: "El hablar en lenguas que tú tienes, no es bueno". Entonces yo le digo al diablo: "¡Sí, es bueno, porque yo lo he recibido de Dios, y lo que Dios da es bueno!" Lo que el diablo te diga no tiene valor, pues es mentiroso.

Hay otra cosa más que sucedió en el día de Pentecostés. Además de hablar en lenguas se empezó a profetizar. En el primer tiempo cristiano había mucha profecía, y había mucho hablar en lenguas. Nos damos cuenta de que hay dos clases de profetas, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. En 1ª. Corintios 12:28 dice que Dios puso en la iglesia profetas. Hay un servicio o ministerio en la iglesia de Dios, que es el profeta. Pero no sólo él puede profetizar, sino que todos lo pueden hacer. En 1ª. Corintios 14:31 dice: "Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados".

Así como todos pueden hablar en nuevas lenguas, así también todos pueden profetizar. Todos no recibirán el ministerio de la profecía, pero el espíritu de la profecía puede venir sobre todos. Veamos dos ejemplos en la Biblia. Números 11:24-31. Dice aquí que Moisés era profeta, el más grande de los profetas. Pero no solamente Moisés profetizaba -aunque él tenía el ministerio de profetizar- sino el espíritu de la profecía vino sobre los otros también. No sólo Moisés profetizaba, los 70 ancianos también empezaron a profetizar. Dios escoge en la iglesia a uno como profeta, pero no quiere que ese sólo profetice, sino quiere que todos lo hagan.

Tenemos un ejemplo en el Nuevo Testamento en Hechos 21:8-11. Vemos aquí que Felipe tenía algunas hijas, y éstas acostumbraban profetizar. Las hermanas también pueden profetizar y no solamente los hermanos. Éstas eran "doncellas", así que uno no necesita ser casado para profetizar. No sé qué edad tenían, pero uno no necesitaba ser de mucha edad para profetizar. Estas cuatro jovencitas profetizaban en las reuniones. Pero Dios tuvo un día algo muy importante que decir. Entonces no usó a esas cuatro hermanas, sino mandó a un profeta, uno que tenía el ministerio de la profecía, y ese profeta vino diciendo: "Esto dice el Espíritu Santo..."

El Señor nos enseña también cómo comportarnos con el profetizar. Todos no deben profetizar de una sola vez. Tiene que haber a lo más tres mensajes proféticos en una reunión. No es correcto cuando hay demasiada profecía en un culto. He estado en esa clase de reuniones, cuando muchos han profetizado, pero entonces les he leído la Biblia, y he dicho: "Ahora estamos en error. La Biblia dice que tiene que ser dos o tres que profeticen". Todos pueden profetizar, pero no en la misma oportunidad. Tenemos que seguir la Palabra de Dios para ser bien encausados.

Habían dos cosas que caracterizaron el día de Pentecostés: la Palabra y el Espíritu. Es como en el ferrocarril: hay dos rieles. Si un riel está malo, el tren se descarrila. Tenemos que mantener en buen estado los dos rieles: la Palabra y el Espíritu. No solamente tienes que leer la Palabra, sino también tienes que recibir al Espíritu. Si solamente lees la Biblia, te puedes volcar, y a la inversa el resultado es el mismo.

También la Palabra nos autoriza a probar lo que se está diciendo. Primero, cuando oímos un mensaje, una predicación o una profecía, averiguamos si está de acuerdo con la Biblia. Si no está de acuerdo con la Biblia, no lo aceptamos. Un par de meses atrás oí un mensaje profético, en que una persona dijo: "Así dice el Señor: Yo también he hecho mis fallas". Ese mensaje no estaba de acuerdo con la Palabra de Dios. La Biblia dice que Jesús no ha cometido ninguna falta, sino que es completamente sin pecado. Por lo segundo, cuando escuchas a alguien predicar, o cuando escuchas un mensaje profético, vas a averiguar si esa persona vive para Dios, o si es un cristiano despreocupado que se mezcla con pecaditos aquí y allá y no tiene un corazón limpio. Si es así, no recibas lo que dice, porque el mensajero tiene que tener una vida limpia. Y por lo tercero, cuando un mensaje es bueno, entonces dice "amén" y "sí" en el corazón. Se siente por dentro: ¡esto sí es lo que Dios ha dicho!

¿Qué es lo más importante en una locomotora? ¿El pito estridente? No, lo importante es que haya potencia para que el tren pueda avanzar. Algunos piensan que lo más importante es gritar fuerte. No es ninguna cosa mala, la de alabar al Señor. Tenemos que hacerlo. Pero lo más importante es que avancemos. El Señor bautiza en el Espíritu Santo para que podamos avanzar y continuar nuestra peregrinación.

¿Qué vamos a hacer para ser bautizados en el Espíritu Santo? Lo mismo que hicimos cuando fuimos bautizados en agua. Nos entregamos confiadamente en las manos del que ofició el bautismo. Nosotros no nos vamos a bautizar a nosotros mismos, sino que vamos a dejar al que bautiza en el Espíritu Santo, que nos tome. Ponte en las manos de Dios ahora, y Él te bautizará en el Espíritu Santo. Él te sumerge en su poder. Toda tu vida cambiará, pensamientos, voluntad y acción. Serás fuerte para vencer.