(Estudio bíblico reproducido de la desaparecida
revista de nuestra iglesia "El Clamor". N° 161, octubre de
1972, año 20)
Sven O. Svensson
La Biblia nos habla mucho acerca del Espíritu Santo, de
que él es una de las personas en la Trinidad Divina. No
es sólo una influencia, un poder. El Espíritu Santo puede
hablar, puede entristecerse; el Espíritu recuerda y enseña;
puede guiar como también impedir. Es decir, el Espíritu
es una persona. No somos solamente nosotros los que debemos
poseer al Espíritu, sino que el Espíritu debe poseernos
a nosotros. Debemos ponernos a disposición de él.
El Espíritu Santo no apareció por primera vez en el día
del Pentecostés. Si leemos el Antiguo Testamento nos damos
cuenta de que el Espíritu siempre ha obrado. Cuando Dios
creó el cielo y la tierra, el Espíritu estaba allí. Dice
que "el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas".
Yo creo que era Dios que creó los cielos y la tierra. Sé
que se enseña que han venido por un proceso de evolución,
pero yo creo en la Palabra de Dios, y ella dice que el Espíritu
Santo estaba en esa maravillosa creación.
Vemos
también que cuando Jesús se hizo hombre, el Espíritu Santo
estaba obrando. Mateo 1:18 dice que "...se halló que (María)
había concebido del Espíritu Santo". Vemos luego cuando
Jesús se preparó para el santo servicio que el Espíritu
vino sobre él: "...vio al Espíritu de Dios que descendía
como paloma, y venía sobre él" (Mateo 3:16). Cuando Jesús
resucitó de entre los muertos, el Espíritu Santo estaba
allí. Quiero recordarles de Romanos 8:11 que habla de "...el
Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús..."
El Espíritu Santo también estaba presente cuando se había
de escribir nuestra Biblia. La Biblia no fue compuesta por
hombres, sino que el Espíritu ha vigilado sobre todos los
detalles para que la Palabra de Dios llegara al hombre sin
adulteración. Aquel que estaba en la creación, en el bautismo
de Jesús, en su resurrección y en la escritura de la Biblia,
esa persona -el Espíritu Santo- ha sido prometido estar
presente hoy también.
Cuando leemos acerca del Espíritu Santo hallamos que hay
muchas figuras, muchos símbolos de él. Se parece a una paloma,
se compara con el agua, etc. Hay unas 25 figuras del Espíritu
en las Escrituras. En Hechos capítulo 2 tenemos dos figuras
del Espíritu Santo: como un viento recio que soplaba, y
como fuego.
Ustedes saben que el viento es indispensable. No podemos
sobrevivir sin el viento. Una leyenda cuenta de un hortelano
que nunca estaba conforme. Siempre estaba quejándose del
tiempo. Se le concedió, entonces, un año en que se cumplieran
sus deseos en cuanto al clima. Deseó sol, lluvia y calor,
pero cuando llegó el tiempo de la cosecha, no había fruto.
Se había olvidado desear una cosa: el viento. ¡Se dan cuenta
que sin el Espíritu Santo no tendremos fruto! No es suficiente
con cantar y tocar. Me gozo de escuchar mucha música y cántico,
pero no alcanza con esto solamente. Tenemos que tener algo
más. No basta con tener un templo hermoso. No basta con
organización, no basta con predicaciones, no basta con reuniones.
Pero, ¿qué es lo que hace falta? Es más del Espíritu Santo.
El viento tiene que soplar para que haya fruto. Tengo un
profundo deseo que el viento del Espíritu sople en todo
Chile para que haya mucho fruto para el reino de Dios.
San Juan 3:8 dice: "El viento sopla de donde quiere..."
No podemos impedir el viento. Cuando el Espíritu de Dios
llega, la persona no puede oponerse. Necesitamos mucho del
viento del Espíritu en nuestros templos, para que cuando
la gente llegue a una reunión, sienta luego que "el viento"
está soplando. No ha pensado ser salvo, pero viene "el viento",
y no se puede resistirlo. Nuestra oración debe ser que el
Espíritu sea derramado para que las almas lleguen a tener
ansias de la salvación. No les podemos salvar, predicándoles.
Es necesaria la predicación, pero no es suficiente. El Espíritu
Santo debe venir, para que los hombres sean conmovidos.
En Hechos capítulo 6 encontramos el relato de Esteban. Él
estaba lleno del Espíritu y de fe, y dice acerca de él que
"no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que
hablaba" (Hch. 6:10).
Hace algunos años vino un gran temporal, uno de los peores
que he visto en nuestro país. En sólo media hora bosques
enteros habían sido derribados por el viento. Los árboles
se habían quebrado como palitos de fósforos. Yo pensé en
el Espíritu Santo. Cuando Él viene, quebranta a las personas.
Dice de Saulo de Tarso, que él "respiraba amenazas y muerte
contra los discípulos del Señor". Le tenían miedo; estaban
espantados de él. Pero nadie puede impedir la obra del Espíritu.
Cuando Él vino, entonces "quebró a Saulo de Tarso". Cuando
el Espíritu viene sobre los adversarios, estos son transformados
en seguidores y siervos del Señor.
Es imposible encerrar el viento en una pieza de habitación.
Nadie puede decir: "aquí adentro tengo el viento". Imaginémonos
si algún país pudiera acapararse el viento, las consecuencias
serían desastrosas. No, el viento sopla en todas partes,
y el viento del Espíritu sopla sobre todo el mundo. No hay
ninguna iglesia que pueda encerrar este viento, sino que
sigue soplando en toda dirección. Sopla hacia aquellos que
nunca antes lo han tenido. Hay algunos que piensan cómo
el Espíritu Santo pueda caer sobre los católicos. Ellos
no interpretan la Biblia en la misma manera que nosotros,
no tienen el nuevo nacimiento, no tienen el bautismo en
agua, y no tienen la visión de la iglesia, y pensamos, ¿cómo
es posible que el Espíritu caiga sobre sistemas católicos?
Pero, el Espíritu no cae sobre sistemas, ni católicos ni
nuestros, sino viene sobre personas que están limpias por
la sangre de Jesús. Si tenemos la puerta abierta para el
Espíritu, entonces vendrá Él a nosotros.
Estoy invitado a una iglesia católica en Colombia, y me
han dicho: "Háblanos del Espíritu Santo. Queremos oír cómo
es ser bautizado en el Espíritu, cómo se llega a experimentar
el hablar en nuevas lenguas, cómo es eso de profetizar.
Tú que has sido bautizado en el Espíritu hace muchos años,
cuéntanos cómo suceden estas cosas, y léenos la Biblia para
que podamos ver cómo es". ¿Te parece que debo ir? ¿O crees
que les voy a decir: "No, el viento del Espíritu lo tengo
sólo para mí mismo"? No, deseo que el viento del Espíritu
Santo sople para aquellos lugares también. Oremos para que
el Espíritu entre en distintas iglesias y denominaciones,
porque Jesús quiere dar sus bendiciones a todos en este
tiempo.
El
viento del Espíritu Santo puede abrir puertas cerradas.
Cuando el pueblo de Israel llegó al Mar Rojo, el mar estaba
delante de ellos y el enemigo tras ellos. ¿Has experimentado
algo semejante? Seguramente te has preguntado: ¿qué voy
a hacer ahora? Ahora sí que voy a perecer, ahora todo se
me desmorona. ¿Qué hacemos en tal situación? ¡Clamamos al
Señor! Lo hizo el pueblo de Israel, y Dios dejó venir un
viento, y el viento preparó un camino, y el pueblo de Israel
pasó a través del Mar Rojo en un camino seco. Era el viento
que produjo esto. Mi querido amigo, tal vez tengas contrariedades,
tal vez tengas "el enemigo tras de ti, y el Mar Rojo por
delante", y tú piensas que estás perdido. Si el Señor viene
con su viento, habrá un camino derecho a través de ese mar.
Lo que parece imposible, el Señor lo hace en un momento.
Estoy convencido de que vamos a ver cosas mayores que jamás
hemos visto, vamos a ver grandes maravillas, todo este país
va a ser conmovido por un avivamiento, no porque hay predicadores
buenos y templos hermosos, sino porque hay un viento del
Espíritu Santo. Las almas clamarán por la salvación, van
a estar en angustia por su pecado en sus hogares, en las
calles, en las escuelas. El Señor está obrando. El viento
del Espíritu abre puertas. Son momentos muy interesantes
los que vamos a vivir. Hay mucho por delante justamente
ahora. Jamás han habido avivamientos tales como los que
hay ahora, ni siquiera en el primer tiempo de la iglesia
cristiana. Si pudieras levantar tu vista y mirar un poco
más allá del lugar donde estás y ver lo que sucede en otras
partes del mundo, ver, por ejemplo lo que está sucediendo
en Indonesia, donde grandes maravillas están aconteciendo,
o lo que sucede en otros países en Latinoamérica, o en África,
te darías cuenta de que el Espíritu Santo está obrando.
Dios está haciendo grandes cosas en estos días.
Pero el mismo viento que abre también puede cerrar. Cuando
esa gran tormenta, que les conté, vino, yo estaba a una
hora de viaje de mi casa, pero me tomó cinco horas para
volver, porque habían muchos estorbos en el camino. A veces
llega el viento del Espíritu para abrir, pero otras veces
cierra. En la historia de Hechos capítulo 16, el apóstol
Pablo había planeado llegar a cierto lugar, pero el Espíritu
se lo prohibió. Debemos estar muy abiertos para la dirección
del Espíritu en estos días. Habrá lugares donde él nos prohíbe
entrar, haciendo "caer un árbol sobre el camino". El Señor
tiene otro plan. Él quiere algo especial con nosotros. Estemos
atentos a la voz del Espíritu. Él te quiere guiar a las
personas precisas, para que tú puedas hablarles del Señor.
En el día de Pentecostés vino el Espíritu Santo como un
viento del cielo. No vino de ninguna iglesia, no vino de
ningún pastor, sino del cielo. Debemos levantar nuestra
vista hacia el cielo, pues es de allá que va; a venir el
viento del Espíritu Santo.
Es notoria la diferencia que había en los discípulos del
Señor antes del día de Pentecostés y después de aquel día.
Todo fue transformado cuando llegó el Espíritu, ¡Aleluya!
Antes del día de Pentecostés los discípulos no tenían fuerzas
para orar. Estaban allí en el Getsemaní durmiendo, aunque
Jesús les había dicho: "Velad y orad..." Pedro también se
durmió. El que había prometido estar despierto, no
tenía fuerzas para orar. Pero cuando llegó el día de Pentecostés,
Pedro y los demás se hicieron hombres de oración, tenían
días de oración y vigilias. ¡Hay una transformación cuando
el viento del Espíritu llega! ¡Oh!, que toda la iglesia
se transforme en un círculo de oración, que el espíritu
de oración sea derramado! En los Hechos leemos que en todas
partes había oración. ¿Qué era lo que había producido esto?
¿Era alguna orden de Jerusalén que decía que había que hacer
una cadena de oración? No, mis amigos, sino que el viento
del Espíritu llegó y produjo ese deseo de orar.
Antes
del día de Pentecostés los discípulos estaban llenos de
temor y temblor. Habían cerrado las puertas, y no se atrevían
a salir a las calles. Pero después del día de Pentecostés
salieron para hablar acerca de Jesús. ¡El Espíritu da valentía!
Pedro que había negado a Jesús, diciendo que no le conocía,
estaba allá proclamando: ¡Ustedes son los que han crucificado
al Señor! El temor se había Ido, con "el viento". ¡Aleluya!
Antes del Pentecostés los discípulos discutían quién de
ellos era el mayor. Aún hoy en día muchos cristianos discuten
quién es el mayor, y quién es el mejor. Esta es una "enfermedad
infantil". Los niñitos se pelean, pero hombres maduros,
no. En otra oportunidad los discípulos discutían quién se
sentaría al lado del Señor. Pero "quién es el mayor" y "quién
tendrá el mejor lugar" fueron temas de discusión antes del
Pentecostés. Después de aquel día todo cambió. No decían
entonces: ¡yo soy el más grande!, sino ¡JESÚS ES EL MÁS
GRANDE! Nosotros debemos empequeñecernos, nosotros debemos
doblarnos en humildad. El que ha recibido el Espíritu Santo,
solamente ensalza a Jesús. ¡Aleluya!
Estamos experimentando en nuestro tiempo cómo el diablo
derrama de su espíritu, un espíritu que viene del abismo,
y que trae odio y violencia, pecado y calamidad. Pero cuando
Dios derrama de su Espíritu, entonces nos llena con amor,
poder y pureza, y tenemos el deseo de vivir para Dios.
¿Estás deseando el Espíritu Santo? Quisiera que comprendas
que el Espíritu Santo te está deseando a ti. Él espera tener
su habitación en ti, para que cuando tú hables se oiga que
estás lleno del Espíritu, cuando andes que seas guiado por
el Espíritu, cuando ores que ores en el Espíritu, que todo
lo que suceda en tu vida, sea el resultado de la presencia
del Espíritu en ti.