LA
EVOLUCION
¿ES UNA AMENAZA O UNA TEORIA?
<<< - 2ª Parte
LA EVOLUCIÓN LLEGO A SER UNA “RELIGIÓN”
La controversia planteada entre el cristianismo y la teoría
e la evolución orgánica constituye un buen ejemplo de cómo
pueden reaccionar los hombres contra un dogma teológico que
no es necesariamente lo que enseña la Escritura. Si bien
la evidencia ofrecida por la teoría de la evolución no era
convincente en la época en que fue formulada. (y aún no lo
es) los hombres la aceptaron como dogma de fe, porque finalmente
aparecía una plausible explicación para la formación del mundo
y de los seres vivos, como alternativa a la idea de intervención
divina.
Las variaciones y los cambios en plantas y animales ¿constituyen
pruebas fehacientes de la teoría de la evolución orgánica
de Darwin?
En el pasado la gente pensaba que la Biblia enseñaba la
“inmutabilidad de las especies”, es decir, que Dios creó todas
y cada una de las especies, y que dichas especies jamás cambian.
Era lo que originariamente creía Lineo conocido en el siglo
XVIII como “el padre de la taxonomía” y que ideó un sistema
de clasificación de las plantas y animales. Posteriormente
Lineo modificó sus ideas respecto a la “inmutabilidad de las
especies”, pero como ocurre tantas veces, se continuó enseñando
sus errores largo tiempo después de haberlos corregido. Muchos
evolucionistas hoy en día creen que sí un cristiano se opone
a la teoría de la evolución orgánica, es porque se adhiere
a la idea de la inmutabilidad de las especies.
¿Pero qué es lo que dice la Biblia? La Biblia no utiliza
la palabra “especie” en forma estricta, sino en forma generalizada
cuando dice que Dios creó los seres vivientes según su género
y según su especie. (ver Gén. 1.21)
Por ejemplo, la Biblia menciona “la lechuza... según su
especie” (Lev. 11.16). Pero la lechuga no es solamente una
especie sino un completo “orden” (estrigiforme), y el orden
puede incluir un determinado número de especies. Es decir
que Dios puede haber creado “un orden” de lechuza que luego
se diversificó en varias especies.
Volviendo por un momento al Génesis, algunos de los “géneros”,
“naturalezas” y “especies” eran la hierba, árboles frutales,
aves, peces, ganado y, por supuesto, el “género humano”.
De ellos derivan numerosas especies y por cierto que hay numerosas
“variedades” de hombres. De todo ello se infiere que el hecho
de producirse cambios y variaciones en los seres vivos, de
ninguna manera prueba que la teoría de Darwin está en lo
cierto y la Biblia está equivocada. No hay justificación
alguna en plantear la similitud de las expresiones “género”,
“naturaleza” y “especie” del Génesis con las especies biológicas.
¿Y qué decir del “registro de las rocas”? ¿Prueban los
fósiles la teoría de la evolución?
Los fósiles son restos o vestigios de seres que vivieron
mucho tiempo atrás. A los fósiles se los encuentra en los
estratos rocosos que se disponen en capas sucesivas. ¿Cuánto
vivieron los seres que ahora se encuentran fosilizados?
Desde comienzos del siglo XX los científicos han utilizado
métodos radiactivos para calcular la edad de las rocas y de
los fósiles. Entre otros, podemos mencionar los métodos del
Uranio-Plomo, del Potasio-Argón y del Carbono-14. Todos los
métodos radioactivos de fechado se basan en el principio de
que hay ciertos elementos en los fósiles y en las rocas que
se deterioran a un cierto y determinado ritmo. Con equipo
técnico altamente especializado y complicadas fórmulas, el
científico puede medir la cantidad de elementos deteriorados
en una roca o en un fósil, tal como en una calavera, y luego,
conociendo el ritmo de deterioro de ese elemento en particular,
calcular la edad aproximada del fósil.
Por ejemplo, alrededor de un 0,001 por ciento de toda muestra
de potasio natural es un elemento llamado Potasio-40. Los
científicos calculan que toma 1.250 millones de años para
que la mitad de este potasio se deteriore transformándose
en Calcio-40 y Argón-40. De manera que para determinar la
edad de la muestra, los científicos miden la cantidad de Potasio-40
que se ha transformado en Argón-40.
De tales estudios, los científicos creen que muchos fósiles
descubiertos en las rocas tienen una antigüedad de millones
de años y que la tierra tiene una edad que se eleva a miles
de millones de años.
El fechado por el Potasio-Argón es utilizado para estimar
dilatados períodos de tiempo de millones de años. El carbono-14
se usa para fechar fósiles de más reciente data, de 60.000
años de antigüedad o menos.
Ideado por W.F. Libby, físico americano, el método del Carbono-14
se basa en el principio de que los rayos cósmicos que penetran
en la atmósfera de la tierra producen átomos de Carbono-14
es uno de los elementos radioactivos que existen en nuestro
cuerpo.
Los seres vivos tales como las plantas, los árboles y los
animales absorben Carbono-14 fresco constantemente, hasta
que mueren. Pero a la muerte, el proceso de absorción se
detiene y el Carbono-14 del organismo se desintegra a cierto
ritmo. Según el doctor Libby, la “media vida” del Carbono-14
es de 5.568 años, lo cual significa que en un fósil que
ha sido preservado por esa cantidad de años, se habrá desintegrado
la mitad del Carbono-14. Los científicos pueden medir en
un fósil la cantidad de radioactividad atribuible al Carbono-14
en el fósil es la cuarta parte de su nivel normal, significa
que el fósil es de “dos medias vidas”, es decir, 11.200 años.
El Carbono-14 ha sido probado exitosamente en muestras de
edad conocida, por ejemplo en los pinos gigantescos de California
(Redwood) y en la madera utilizada en las tumbas de los faraones
de Egipto. Pero por otra parte, ocurre a veces que las pruebas
por el Carbono-14 han resultado fallidas y las fechas computadas
inexactas. Los científicos continúan sus investigaciones
con el Carbono-14 y con otros métodos radioactivos de fechado,
con un buen porcentaje de certeza de que los métodos son confiables,
pero dentro de ciertos y determinados límites.
Si bien es cierto que no se ha podido probar en forma absoluta
la precisión de los métodos de fechado, el sentir general
en el mundo científico es que son confiables, y muchos científicos
cristianos aceptan fechas como “certeras”. El interrogante
que se plantea es el siguiente: ¿Prueba el hecho de la gran
antigüedad de la tierra (ya sea de 100.000, 1.000.000 o 5.000.000.000
de años) la teoría de la evolución orgánica? Los evolucionistas
pretenden que sí, pues señalan a un registro fósil que sugiere
cambios en el desarrollo de los seres vivos en grandes períodos
de tiempo, evolucionó hasta las actuales formas de vida que
existen en la tierra hoy en día.
Pero faltan capítulos en el “registro de las rocas” de los
evolucionistas. Según la teoría de la evolución orgánica,
la ciencia debería poder descubrir formas de vida pertenecientes
a los más antiguos períodos geológicos que se supone que
albergasen vidas (las eras Arqueozoica y Protezoica cuyas
edades se calculan en una antigüedad de mil a dos mil millones
de años). Pero no ocurre así, pues la crónica de los fósiles
nos dice que no hay vestigios de vida hasta el “período Cámbrico”,
es decir hasta hace 50.000 años atrás. La denominada “explosión
cámbrica” de por lo menos nueve o diez distintas formas de
vida, deja perplejos a los evolucionistas. Si bien han encontrado
evidencias de algunas formas de vida antes del período cámbrico
(algas y ciertos tipos de gusanos), no han hallado los requeridos
“eslabones perdidos” de transición entre el período cámbrico
y las anteriores épocas precámbricas.
El evolucionista explica la falta de esos fósiles de transición,
diciendo que antes del período cámbrico la columna geológica
(es decir, la serie de estratos o capas de rocas) muestra
mucha “disconformidad” . La palabra “disconformidad” significa
que se depositaron capas de rocas que luego sufrieron los
efectos de la erosión y fueron destruidas, y más tarde fueron
cubiertas por nuevas capas. Esta destrucción, sostienen los
evolucionistas, probablemente acabó con los fósiles de transición
que hubieran existido.
Aquí “probable” es la palabra clave. El evolucionista no
cuenta con prueba alguna de que hubieran existido tales fósiles
y de que hubieran sido destruidos. Cabalga montado en su
teoría, y de acuerdo a ella fórmula suposiciones y deducciones.
Es interesante observar que el propio Darwin no creía que
los fósiles sirvieran de apoyo a su teoría de la evolución
orgánica por la selección natural. Los eslabones perdidos
en el registro fósil preocupaban particularmente a Darwin,
que escribió un capítulo entero sobre el tema en su obra “El
origen de las especies”, bajo el título de: “Las imperfecciones
del registro geológico”.
Aparte del enigma de la explosión cámbrica, el evolucionista
también debe explicar la falta de formas transicionales de
fósiles desde la época del período cámbrico hasta el presente.
Se han encontrado poquísimas formas de cualquier tipo en
el registro fósil que merezcan el nombre de transicionales,
es decir formas que estén a mitad de camino entre un determinado
tipo de ser viviente y otro. Un ejemplo al que recurren los
evolucionistas como forma transicional es el Arqueoptérix.
Algunos científicos sostienen que este ser era mitad reptil
y mitad ave, pero otros están en desacuerdo y afirman que
de ninguna manera cierra el abismo entre los dos grupos.
Los evolucionistas procuran explicar la falta de formas
transicionales de fósiles, diciendo que la preservación de
los fósiles es muy escasa y requiere ciertas condiciones que
muy rara vez se hacen presentes en la mayor parte del mundo.
Los creacionistas responden diciendo que si bien se han desenterrado
evidencias fósiles en gran número, siguen ausentes los eslabones
perdidos. Y a pesar de que los evolucionistas afirman que
el registro fósil apoya la tesis que sostienen, aún falta
muchísima evidencia para robar en forma concluyente la teoría
de la evolución orgánica de la “ameba al hombre”
“La ontogenia sintetiza la filogenia” o ¡REPITALO POR
FAVOR!
A esto a veces se lo designa como el argumento embriológico
de la teoría de Darwin. Esta proposición simplemente afirma
que el embrión de un ser vivo repite todo el proceso de la
evolución, hasta ese estadio. Tomemos por ejemplo a los mamíferos,
animales de sangre caliente, huesos sólidos, pulmones que
respiran aire, y alimentan a sus crías con leche. Según la
teoría de Darwin, el antepasado de todos los mamíferos fue
un pequeñísimo ser que habitaba en el mar y que en lugar de
espinazo mostraba solamente una barrita de tejidos cartilaginoso.
¿Qué arguyen los evolucionistas? Simplemente que al seguir
el proceso de desarrollo de un embrión de mamífero, vemos
que éste comienza teniendo una tenue barrita de tejido cartilaginoso
que luego se transforma en cartílago firme y finalmente en
hueso. Al mismo tiempo el embrión desarrolla agallas como
el pez, las pierde y a continuación se desarrollan dos pulmones.
El corazón del embrión semeja al comienzo e de un pez y luego
se transforma en la bomba de cuatro compartimientos que es
común a todos los mamíferos adultos.
¿Constituye esto una”prueba” de la evolución? Darwin y
otro científico, Ernesto Haeckel, creyeron que efectivamente
era así, pero desde entonces a nuestros días son muchos los
que no coinciden con ellos. Entre otras cosas se ha comprobado
que algunos de los diagramas comparativos de Haeckel no eran
totalmente honestos. Por otra parte- y esto es mucho más
importante- se reconoce ahora que las semejanzas del embrión
humano con el pez (por ejemplo) son muy superficiales. El
embrión humano jamás tiene “agallas” en sentido estricto.
En realidad son “bolsas faríngeas” que darán origen a importantes
estructuras anatómicas tales como los conductos auditivos,
las amígdalas, las glándulas paratiroídes y el timo.
En vez de afirmar que los embriones muestran etapas de
formas adultas que supuestamente las precedieron en evolución,
ahora la mayoría de los biólogos sostienen que los embriones
de muchos seres muestran similitudes. Por cierto que estas
similitudes no “prueban” la evolución. Al cristiano le asiste
todo el derecho de sostener que el Creador utilizó un perfecto
“plan maestro” en el desarrollo de los mamíferos en su forma
embrionaria.
¿Logra la anatomía comparada probar la teoría de Darwin?
Los evolucionistas señalan que así como los embriones son
similares, también hay similitudes en seres totalmente desarrollados.
Veamos, si no, un brazo humano, la aleta de una ballena, la
pata delantera de un caimán, el ala de un murciélago. Todos
muestran la misma disposición básica de hueso y músculos,
vasos sanguíneos y nervios. Quienes se adhieren a la teoría
de Darwin sostienen que estos hechos demuestran que tanto
el hombre como esos animales están relacionados, que descienden
de un común antepasado. El creacionista cristiano puede a
su vez, sugerir que todos esos seres tuvieron un mismo Creador
que (al igual que en el desarrollo de los diversos embriones)
utilizó un modelo similar como plan maestro.
¿Y qué decir de los órganos suplementarios?
Los evolucionistas solían señalar con harta confianza
a ciertos órganos que al parecer no desempeñan ninguna función.
Son los denominados órganos rudimentarios y los evolucionistas
sugieren que los seres vivos que los poseen descienden de
animales en quienes sí desempañaban una función. En el hombre,
por ejemplo, la lista de órganos rudimentarios incluía la
glándula pituitaria, las amígdalas y el apéndice vermicular.
Se pensó que no ejercían función útil alguna en el cuerpo
humano. Desgraciadamente para la tesis sostenida por los
evolucionistas, la lista de estos órganos rudimentarios se
ha reducido radicalmente desde los días de Darwin. Hoy en
día la glándula pituitaria es considerada como una de las
más importantes del organismo. Los médicos se abstienen de
operar y sacar las amígdalas porque ahora saben que las amígdalas
protegen contra la infección.
En vista de los modernos hallazgos, los órganos rudimentarios
(que ahora debieran denominarse “órganos de función desconocida”),
han perdido vigencia como “prueba” de la teoría de la evolución
orgánica de Darwin.
¿Es acaso la genética el “mecanismo” de la evolución
orgánica?
Genética es la ciencia que estudia los rasgos, las características
físicas y las propiedades que pueden pasar de padres a hijos.
En razón de que Darwin desarrolló su teoría antes del descubrimiento
de la ciencia de la genética, creyó que la evolución dependía
de la selección natural de las características mejor adaptadas
para sobrevivir. Pero Hug DeVries, botánico holandés, desarrolló
la teoría de que los cambios en los seres vivos se producían
debido a mutaciones, es decir a cambios en los genes.
Hoy en día muchos evolucionistas consideran que la genética
es el “mecanismo” de la evolución, es decir, la forma en
que ocurren los cambios evolucionarios por medio de la selección
natural. Los genetistas llevan a cabo muchos experimentos,
con rayos-X, por ejemplo, y logran introducir auténticos cambios
en los genes de ciertos organismos. Pero no hay evidencia
alguna, a la fecha, de que estos cambios en los genes (mutaciones)
hayan originado nuevas formas de vida. Ninguno de los cambios
genéticos observados logran probar el concepto de que los
peces se transformaron en sapos y los reptiles en aves, como
sostienen los evolucionistas que ocurrió en un lejano pasado.
Es obvio e indiscutible que se han producido cambios dentro
de las especies, como ocurre con el perro o el caballo, pro
ejemplo. Pero tales cambios no prueban la presunción formulada
por los sostenedores de la evolución orgánica, de que grandes
cambios pueden dar origen a nuevas formas de vida.
Al admitir que en los seres vivos ocurren mutaciones y cambios,
los creacionistas (los que creen en Dios como Creador) reconocen
la “microevolución”, es decir la evolución dentro de las
especies y en algunos casos hasta dentro del género de una
familia. Pero ello no significa que el creacionista acepte
la “macroevolución”, que supone grandes cambios, por encima
del nivel del género.
Los experimentos y la evidencia genética indican que los
organismos se reproducen “según su género”, y esto es, precisamente,
lo que afirma la Biblia: “Luego dijo Dios: Produzca la tierra
seres vivientes según su género..” (Génesis 1.24) Las Escrituras
traducen el vocablo hebreo “min” como “género”. Cuál es
exactamente el alcance y significado de la palabra “género”
en la Biblia, es tema de discusión entre los eruditos y estudiosos
de las Sagradas Escrituras. Pero de cualquier manera no
se justifica plantear la similitud entre “género” del Génesis
y las especies biológicas.
El genetista John W. Klotz, observa: “No hay razón alguna,
todavía, para abandonar la provisión escritural de limitados
cambios dentro de los “géneros” creados al comienzo.
Evolución teísta. ¿Queremos el oro y el moro?
A pesar de la ausencia de pruebas suficientes para aceptar
la macroevolución, hay personas (muchas de las cuales son
miembros de iglesias cristianas), que hallan difícil reconciliar
el lenguaje de Génesis 1 con la ciencia moderna. Tales personas
se adhieren a una posición intermedia denominada “evolución
teísta”. Hay varias definiciones respecto a la evolución
teísta, pero la más difundida es la que sostiene que Dios
creó la primera célula y se valió de la evolución orgánica
para producir todas las especies que se han desarrollado desde
entonces.
El evolucionista teísta que sostiene la posición de que
Dios creó la primera célula y todo lo demás evolucionó de
ahí en adelante por selección natural y mutaciones genéticas,
mira por lo habitual al Génesis 1 como una “pieza poética”
o un “mito”. El genetista John Klotz señala que “los evolucionistas
teístas reconocen que una interpretación literal del Génesis
no puede acomodarse...”
El problema radica en que si tratamos de explicar Génesis
1 diciendo que “Dios actuó por medio de la evolución”, bajamos
la guardia y permitimos hacer pie al punto de vista necortodoxo
de la alta crítica bíblica que niega su inspiración e infalibilidad.
Al mismo tiempo quedamos malparados con la opinión firmemente
establecida por el propio Jesús, que sin duda alguna tomaba
al Génesis tan en serio como a cualquier otra parte de la
Escritura. Así, por ejemplo Cristo habló de la especial creación
del hombre como un hecho histórico cuando hablaba del matrimonio:
“¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón
y hembra los hizo? (Mat. 19.4)
Además la aceptación de la macroevolución teísta, plantea
también serios interrogantes sobre la realidad del pecado
y la necesidad de la redención del pecado. La Biblia presenta
a Jesucristo en su papel principal como Salvador personal
del pecado y Señor de todos los que creen. Ver, por ejemplo,
Jn 2.16; Rm 3.22; 1 Cor 15.3, 4; 1Ped 3.18. Pero si el hombre
no es otra cosa que un animal que ha evolucionado de otro
tipo de animal, entones el pecado tiende a ser nada más que
una falta de adecuado desarrollo. El evangelio de la redención
del pecado tiende a perder vigencia y significación.
Ningún cristiano debe sentirse constreñido a adherirse a
la posición “intermedia” de la evolución teísta. La teoría
de la evolución orgánica de Darwin, no pasa de ser una teoría.
El problema está en que mucha publicaciones populares (la
revista Life es un ejemplo notorio), enciclopedias y libros
de texto de biología dejan entender o directamente afirman
que, en razón de las evidencias a favor de la microevolución,
la macroevolución “tiene que ser la manera en que se desarrollaron
todas las expresiones de la vida”. En otras palabras, los
autores de esos artículos y libros de texto dicen que no quieren
creer en el divino acto creador de Dios, y tienen que hallar
una explicación natural para la vida.
Tal como lo señalamos antes en este mismo capítulo, el problema
básico no está planteado en términos de Biblia versus ciencia.
El problema básico es naturalismo versus sobrenaturalismo;
racionalismo versus fe en el Dios viviente.
La evolución orgánica no significa amenaza alguna para la
fe cristiana. En realidad, el evolucionista orgánico ejerce
una fuerte fe propia para creer que su punto de vista es la
explicación de cómo se originaron los seres vivos. El hipotético
“árbol genealógico” de los evolucionistas contiene una gran
cantidad de “madera hipotética”.
El cristiano no tiene por qué excusarse por estar parado
sobre lo que él cree que es tierra mucho más firme. El cristiano
señala con denuedo la revelación de Dios expuesta a lo largo
de toda la Biblia y afirma que en el comienzo Dios (no algún
accidente cósmico) creó los cielos y la tierra. Muchas son
las cosas que el creyente no conoce y que no conocerá jamás
en esta vida, pero sí sabe que puede recurrir a las Sagradas
Escrituras, con la seguridad que viene por la fe en Cristo,
y que puede creer que Dios creó todas las cosas “según su
género”, y que creó al hombre a su propia imagen, con un
alma viviente (Gen 1.24, 26; 2.7)
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