CUIDADO
DE LAS OVEJAS EN LOS TIEMPOS ESPECIALES DE NECESIDAD
Cruce
de un arroyo de agua. Este proceso es sumamente interesante.
El pastor lleva la delantera dentro del agua y a través
del arroyo. Las ovejas predilectas que siempre se mantienen
junto al pastor, se arrojan violentamente al agua, y pronto
lo cruzan. Otras ovejas del rebaño entran al agua vacilando
y con alarma. No estando cerca del guía, pueden errar el
lugar del cruce y ser llevadas por el agua alguna distancia,
pero probablemente pueden llegar a la orilla. Los corderitos
son empujados dentro del agua por los perros, y se oyen,
sus balidos lastimeros cuando son arrojados al agua. Algunos
pueden cruzar, pero si alguno es llevado por la corriente,
entonces el pastor brinca pronto dentro del agua y lo rescata,
llevándolo en su seno hasta la orilla. Cuando ya todos han
cruzado, los corderitos corretean alegremente, y las ovejas
se juntan en torno al pastor como si fueran a expresarle
su gratitud. Nuestro Pastor Divino tiene una palabra de
estímulo para todas sus ovejas que deben cruzar arroyos
de aflicción: “Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo;
y por los ríos, no te anegarán” (Isa. 43:2).
Cuidado especial de los corderitos y de las ovejas con sus
crías. Cuando llega el tiempo de ahijar, el pastor debe tener
gran cuidado de su rebaño. La tarea se hace más difícil porque
a menudo se hace necesario mover el rebaño a nuevos lugares
para encontrar pastos. Las ovejas que pronto serán madres,
lo mismo que aquellas que ya tienen sus corderitos, deben
permanecer cerca del pastor cuando van de camino. Los pequeños
corderitos que no pueden seguir el paso del resto del rebaño,
son llevados en el seno de su ropa, haciendo del cinto una
bolsa. Isaías relata esta actividad en su famoso pasaje: “Como
pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos,
y en su seno los llevará” (Isa. 40:11).
Cuidado de las ovejas enfermas o heridas. El pastor está
siempre vigilando los miembros de su rebaño que necesitan
atención personal. Algunas veces el corderito sufre por los
fuertes rayos del sol, o su cuerpo pudo haber sido rasguñado
por algún arbusto espinoso. El remedio más común usado en
estas ovejas es el aceite de oliva del que lleva una cantidad
en el cuerno de un carnero. Quizá David pensaba en tal experiencia
cuando escribió del Señor: “Ungiste mi cabeza con aceite”
(Sal. 23:5).
Guardando las velas de la noche sobre el ganado. En tiempos
que lo permiten, el pastor siempre guarda su ganado a campo
raso. Un grupo de pastores se provee sencillos lugares para
dormir, poniendo una cantidad de piedras en ruedas elípticas,
dentro de las cuales se ponen yerbas para la cama, de acuerdo
con la forma beduina en el desierto. Estas camas sencillas
se arreglan en círculos, y raíces y palos se ponen en el centro
para el fuego. Con este arreglo, están en condiciones de vigilar
su ganado durante la noche. Fue en una forma parecida a esta
en que los pastores de Belén se turnaban en la vigilancia
de sus rebaños en las lomas fuera de Belén, cuando fueron
visitados por los ángeles que anunciaban el nacimiento del
Salvador: “Y había pastores en la misma tierra, que velaban
y guardaban las vigilas de la noche sobre su ganado” (Luc.
2:8). Cuando Jacob cuidaba las ovejas de Labán, él pasó muchas
noches a la intemperie, cuidando el ganado. “De día me consumía
el calor, y de noche la helada, y el sueño se huía de mis
ojos” (Gén. 31:40).
Protección de las ovejas de animales feroces y de los ladrones.
Las ovejas necesitan ser cuidadas contra los ladrones no sólo
cuando están en el campo, sino también en el aprisco. Los
ladrones de Palestina no son aptos para abrir cerraduras,
pero algunos de ellos pueden escalar las paredes, y entrar
en el aprisco, donde cortan las gargantas de tantas ovejas
como pueden y luego con cuidado las suben sobre la pared con
cuerdas. Otros de la banda las reciben y luego todos tratan
de escapar para no ser aprehendidos. Cristo describió tal
operación: “El ladrón no viene sino para hurtar, y matar,
y destruir”. (Jn. 10:10).
El pastor debe estar constantemente en guardia para tales
emergencias, y debe estar listo para actuar rápidamente para
proteger sus derechos sobre el ganado.
Los animales feroces de Palestina. En la actualidad incluyen
a los lobos, las panteras, las hienas y los chacales. El león
desapareció de la tierra desde el tiempo de las Cruzadas.
El último oso fue muerto hace medio siglo. David como un joven
pastor, experimentaba o sentía la venida de un león o de un
oso contra su ganado, y con la ayuda del Señor, él podía matarlos
a ambos (1 Sam. 17:34-37). El profeta Amós nos dice: “De la
manera que el pastor libra de la boca del león dos piernas,
o la punta de una oreja” (Amós 3:12). Se dice de un pastor
sirio experimentado que siguió una hiena a su cubil e hizo
el animal entregar su presa. Él obtuvo la victoria sobre la
bestia gritando de un modo característico, y golpeando las
rocas con su pesado cayado, y lanzando con su honda mortífera
piedras. La oveja fue llevada después en sus brazos hasta
el redil. El fiel pastor debe estar dispuesto a arriesgar
su vida por causa de sus ovejas, y hasta dar su vida por ellas.
Como nuestro buen Pastor Jesús, no sólo arriesgó su vida por
nosotros, sino que se entregó a sí mismo por nosotros. Él
dijo: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por
las ovejas” (Jn. 10:11).
Búsqueda y encuentro de la oveja extraviada. Siendo responsable
de cualquier cosa que suceda al rebaño, o a una oveja suya,
el pastor oriental pasará horas, si es necesario, atravesando
al desierto y las faldas de las montañas, en busca de una
oveja que se ha descarriado y perdido. Después de pasar
horas de ansiedad buscándola, finalmente la encontrará en
algún hoyo sin agua del desierto, o en alguna hondonada
en la montaña. La Criatura exhausta será llevada en los
hombros de su fuerte pastor. Y lo que acontece se descubre
en la parábola de Jesús: “Y viniendo a casa, junta a todos
los amigos y vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque
he hallado mi oveja que se había perdido” (Luc. 15:6).
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