Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

¿Qué hacen los muertos? Cuarta parte

Nils-Olov Nilsson

LA MUERTE ESPIRITUAL

La muerte espiritual no es algo menos real y efectivo que la muerte física. Al contrario, es infinitamente más importante y seria que la muerte del cuerpo.

El mismo Señor Jesús dijo en una ocasión: "No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno" (Mateo 10:28).

Estas palabras son parte de sus instrucciones a los discípulos cuando les envió como a "ovejas en medio de lobos". Les animaba a predicar a pesar de la persecución, confiados de que Dios había contado hasta los cabellos de su cabeza, y que no permitiría que ni un cabello se perdiera aunque sus perseguidores les dieran muerte.
El perder la vida física no era de importancia para el discípulo de Cristo, porque su alma entraría a la presencia de su Salvador, y algún día el cuerpo sería resucitado en gloria. Pero para los incrédulos la muerte tendría como resultado que ni el alma ni el cuerpo "servirían más para el propósito" (éste es el significado de la palabra "destruir" en el texto original), para el cual fueron creados.
La muerte, obviamente, no se limita sólo a lo material.

¿QUE FUE LO QUE PASÓ?

El Dr. Donald Turner, autor de varios artículos excelentes respecto a la muerte y su significado, dice: "cuando el Creador dijo a Adán que el día que comiera del fruto prohibido 'muriendo morirás', creemos que estaba refiriéndose a la muerte espiritual tanto como a la física o corporal. Y ¿qué pasó cuando el hombre desobedeció? Su cuerpo recibió la sentencia de muerte, y la muerte empezó a obrar en su cuerpo desde ese momento, destinándolo a volver al polvo del que era tomado. Ya empezó a correr el tiempo, y sus años eran contados. Pero, ¿qué más pasó? En seguida, hubo en el hombre un cambio en su naturaleza espiritual o moral. Perdió al instante su justicia natural, su inclinación a lo recto y santo.

En vez de tener una voluntad de acuerdo a lo que Dios quería, ya deseaba hacer la suya propia. En lugar de mirar a Dios se miraba a sí mismo. No amaba a Dios con amor supremo como antes, para gustosamente oír su voz y obedecerle. Todo pensamiento era ahora hacia sí mismo. La semejanza moral a Dios estaba echada a perder, y todos sus sentimientos eran pervertidos. Temía aparecer delante de Dios, y fue judicialmente echado de esa presencia. Cuando el Señor Dios llamó a Adán, preguntando: '¿Dónde estás tú?' Adán contestó como ya muerto en pecado.

TREMENDOS EFECTOS EN EL SER HUMANO

El resto de su vida terrenal tuvo que pasarlo sin libre acceso a la presencia divina. Espiritualmente murió porque fue separado de Dios. Al engendrar un hijo, éste tenía una naturaleza pecaminosa también, a semejanza de la de su padre, por cuanto Adán no pudo legar a su posteridad la naturaleza santa que él tuvo antes de caer en pecado, ya que ésta se había perdido. Pronto Caín dio pruebas de que "era del maligno", como dice el apóstol Juan en 1ª. Juan 3:12.

Esa separación de Dios sin acceso a su presencia, es la primera parte de la muerte espiritual. La segunda es la depravación o corrupción de la voluntad, y de los sentimientos, para lo que el hombre espiritualmente muerto dedica estos a sus propios intereses, y no al servicio de Dios.

DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN

Ahora, la muerte espiritual como condición de la naturaleza humana es transmitida de padre a hijo desde Adán hasta el juicio final.
En Efesios 2:1 leemos que todos, siendo incrédulos "estábais muertos en vuestros delitos y pecados", esto es, muertos o separados de Dios, aunque demasiado vivos al pecado.
El mismo apóstol Pablo escribe acerca de la persona que se entrega a los placeres, que "viviendo está muerta" (1ª. Timoteo 5:6), lo que quiere decir simplemente: "viva en cuanto al mundo y lo mundano, pero muerta en relación a Dios y a lo espiritual".

LO INEVITABLE Y LO QUE SE PUEDE EVITAR

La muerte corporal es inevitable, ya que fue decretada por Dios (Hebreos 9:27). Por un lado, puede ser apresurada por el suicidio, enfermedades, accidentes, etc., como también, por otro lado, puede ser atrasada mediante operaciones quirúrgicas y curaciones médicas. Sin embargo, no es posible eludirla.

La muerte espiritual, en cambio, es evitable, no porque haya posibilidad de no experimentarla nunca, sino porque se puede salir de ese estado, para lo cual hay una vía de escape, abierta para todos, mediante la fe en el sacrificio de Jesús, ofrecido por nosotros en el Gólgota.

¡VIDA EN VEZ DE MUERTE!

Por el pecado el hombre se encuentra separado de Dios, espiritualmente muerto.
Jesucristo, en cambio, vino para "llevarnos a Dios", para darnos vida en abundancia, vida eterna. Mediante su muerte en la cruz, el Hijo de Dios se ofreció a la justicia divina como el rescate necesario.

¡Espiritualmente muerto! ¿Es esta su condición? Si es así, se encuentra usted en gran peligro de perderse eternamente. La voluntad de Dios es que usted también viva para siempre en comunión con Él, y esa vida -vida espiritual en vez de muerte espiritual- tiene que comenzar aquí. Por ello, fue que Dios envió a su hijo al mundo para morir por usted, y en el momento que usted comience a creer en Jesucristo como su Salvador personal, único y suficiente, experimentará el gran milagro de la salvación, el paso de muerte a vida.

¡Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo!

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