* Difícil es imaginar todos los graves escollos,
incluso la muerte en la hoguera, que hubo que sortear para
disfrutar de la Biblia en nuestro idioma.
* Tratar de hacer una crónica es una ardua tarea. Hay tantos
temas anexos que darían para escribir otro libro.
Qué
fácil nos resulta hoy en día acceder a una Biblia. Qué fácil
es hojear sus páginas y contemplar a Dios en todo su esplendor.
Qué fácil es navegar por internet y bajar a nuestros computadores
o “palms” (computadores de mano) diversas traducciones del
libro sagrado en distintos idiomas, incluyendo versiones
en los idiomas originales en que fueron escritos sus libros.
No siempre fue así y tal vez por eso nos cuesta valorar
en toda su magnitud, el gran trabajo que realizaron y realizan
las Sociedades Bíblicas a través del mundo.
Tampoco se nos cruza por la mente que hubo muchos, en
especial sacerdotes católicos que durante la época de la
Inquisición prohibieron la lectura de la Palabra de Dios.
La transgresión implicaba muerte en la hoguera. Incluso
hasta las primeras décadas del siglo pasado no deseaban
que la Biblia pudiese ser leída por cualquier persona en
su propio idioma. Los colportores fueron hombres que recorrieron
muchos caminos, soportaron muchas situaciones de riesgo
y lograron hacer llegar las Sagradas Escrituras a lugares
recónditos.
La vida contemporánea nos impide, muchas veces, apreciar
el milagro de la invención de la imprenta, que según dice
la historia secular surgió en el año 1450 cuando el alemán
Johannes Gutenberg creó letras móviles de plomo fundido.
Sin embargo, desde el siglo IX los chinos ya utilizaban
planchas de madera donde grababan páginas completas de texto
e incluso también crearon tipos móviles, pero dicho invento
sólo se conoció en el imperio chino por la nula comunicación
con Occidente. Tampoco hay que olvidar que en el siglo XIV,
el holandés Laurens Coster fue el primero que empleó letras
móviles, pero que eran de madera.
El primer libro que imprimió Gutenberg con este moderno
método fue la Biblia, entre los años 1450 y 1456, la se
conoce como Biblia de 42 líneas, porque ese es el número
de renglones de cada columna. Su primera edición tuvo un
tiraje de 120 ejemplares y estaba compuesta de dos tomos
de 324 y 319 páginas, respectivamente. El tamaño era similar
a lo que conocemos ahora como un diario tabloide.
Esto provocó una gran revolución. Antes, los textos eran
manuscritos por los escribas judíos, quienes realizaban
su trabajo de una manera perfeccionista que hoy sólo provoca
admiración.
Tenían que contar las palabras, las letras y debían fijarse
cuántas veces aparecía cada una. Si cometían un error, esa
hoja debía ser destruida de inmediato para impedir que ese
yerro pudiera provocar la introducción de un desliz en su
copia de las Sagradas Escrituras. Además, cada copia debía
hacerse de un manuscrito aprobado y escribirse con una tinta
especial sobre el cuero de un animal considerado limpio.
Asimismo, los copistas debían pronunciar en voz alta cada
palabra que tenían que escribir y estaba prohibido escribir
las palabras de memoria. También tenían que limpiar sus
plumas con reverencia antes de escribir el nombre de Dios
en cualquiera de sus formas y bañarse antes de escribir
la palabra Jehová. Finalmente, se comparaba la copia con
el original y si había una sola letra equivocada, entonces
se rechazaba toda la copia.
Como se comprenderá, esto implicaba mucho tiempo para
la reproducción de los textos.
La posibilidad de imprimir los libros causó el enojo de
muchos, porque la Biblia estuvo muchos siglos ligada sólo
a los religiosos, pero ahora podía llegar también a otras
personas, sin pasar por el tamiz de los eclesiásticos.
Incluso, en algunos países como Inglaterra y Alemania
sirvió para promover el desarrollo de sus respectivos idiomas.
LOS MATERIALES
Los primeros libros que escribió el hombre estaban confeccionados
de una sustancia sacada de un junco llamado papiro o biblus.
Con el tiempo a los libros comenzó a dárseles, en forma
genérica, el nombre del material en el cual estaban escritos.
Otros autores aseguran que a los libros se les comenzó a
llamar biblus, porque los cargamentos de papiro provenían
del puerto sirio de Biblos. En todo caso, los griegos, al
hablar de los libros sagrados les llamaban “Biblia”, es
decir, “Libros”.
Más tarde se usaron tablillas de barro. Luego se emplearon
los pergaminos, que era el nombre que se les daba a los
cueros de ovejas, cabras, antílopes, y otros animales. Algunos
estudiosos indican que el término “pergamino” proviene del
nombre de la ciudad de Pérgamo, en Asia Menor, ya que la
producción de este material de escritura estuvo asociada
durante algún tiempo con ese lugar.
Otro material importante fue la vitela, denominación que
se le daba al cuero de ternero. Habitualmente se teñía de
color púrpura, por lo que el texto escrito sobre ella es
de color dorado o plateado.
También hubo otros tipos de materiales que son menos importantes.
Los primeros textos se presentaban como rollos, lo que
se usó hasta el siglo tercero después de Cristo. La dimensión
del rollo, a veces limitaba su uso, ya que un rollo promedio
podía medir de 7 a 12 metros, pero se sabe que hubo rollos
de hasta 48 metros.
Luego aparecieron los códices o libros, tal como los conocemos
ahora.
VERSIONES
Los libros de la Biblia fueron escritos en tres idiomas.
El Antiguo Testamento fue escrito en hebreo, con la excepción
de algunos cortos pasajes en Esdras, Jeremías y Daniel,
que lo fueron en arameo.
El Nuevo Testamento fue escrito en griego.
En sus inicios, la Biblia no existió como ahora la podemos
adquirir en una librería, sino que fue sufriendo importantes
cambios, que sin embargo, no han influido en el mensaje
central de Dios hacia el hombre.
Dentro de las versiones más importantes están la de los
setenta, llamada Setpuaginta. Es la versión más antigua
de las Escrituras y fue escrita de los originales hebreos
en los siglos III y IV antes de Cristo. Según la tradición,
fue hecha por 72 intérpretes, o sea, seis de cada una de
las 12 tribus de Israel.
También están el Códice Vaticano, el Códice Sinaítico,
el Códice Alejandrino, la Vulgata Latina, que es la versión
oficial de la Iglesia Católica, y la Versión Peshitto.
Asimismo, existen otras traducciones que fueron muy importantes
en su época, pero dentro del idioma español son dignas de
reconocer las versiones de Casiodoro de Reina que en 1569
entregó al mundo hispano 2.600 ejemplares de la que ahora
se conocer como la Biblia del Oso, porque en su portada
aparece el grabado de un oso al lado de un árbol, donde
hay un panal de miel que lame el animal.
También hay es indispensable reconocer la edición que
Cipriano de Valera hizo en 1602. Este sevillano revisó la
Biblia de Casiodoro de Reina eliminando las notas marginales
y abreviando los sumarios, a la vez que mejoró la traducción.
Con el pasar de los años hay nuevas versiones o revisiones,
siendo una muy importante la de 1960 que provocó en la Biblia
Reina-Valera el cambio de muchas palabras y giros idiomáticos
para su mejor comprensión. En la actualidad hay más versiones,
sin que por ello la Palabra de Dios haya sufrido cambios.
Dentro de las que se pueden mencionar están Dios Habla
Hoy o Versión Popular; Biblia en Lenguaje Sencillo o Traducción
en Lenguaje Actual y la Versión Reina-Valera 1995 (RVR-95).
EL CANON
Esta palabra tiene un origen hebreo qâneh y griego, kanon.
Se traduce como "caña” o “vara recta”, de donde viene el
sentido de norma, o regla en sentido figurado.
Este término fue empleado para designar los libros que
se consideran inspirados por Dios y, por ende, que pueden
integrar las Sagradas Escrituras.
El primer canon es el judío o del Antiguo Testamento,
que incluye los siguientes libros y que comenzó a estructurarse
desde el siglo V antes de Cristo:
- La ley (Torah) que contiene los cinco libros de Moisés,
o Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
- Los profetas subdivididos en:
- Cuatro "anteriores", Josué, Jueces, (1 y 2) Samuel
y (1 y 2) Reyes, y
- Cuatro "posteriores", Isaías, Jeremías, Ezequiel
y los doce profetas menores en un solo libro (Oseas,
Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc,
Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías)
- Los escritos o hagiógrafos formados por los 11 libros
restantes, de los cuales Esdras, Nehemías y 1 y 2 de Crónicas
constituyen cada uno un solo libro.
Incluso es el propio Jesús que confirma esta triple división
del Antiguo Testamento hebreo cuando dice en Lucas 24: 44
“…era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito
de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.
Estos 24 libros son los mismos 39 de nuestro actual Antiguo
Testamento. Sin embargo, en algunas ocasiones estos 24 se
transforman en 22 para hacerlos coincidir con las letras
del alfabeto hebreo.
EL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO
Los estudiosos señalan que 1ª Tesalonicenses fue el primer
libro que se escribio del Nuevo Testamento. Eso fue en el
año 51 después de Cristo, y los últimos vieron la luz el
año 95 y fueron el evangelio según San Juan, las Cartas
de San Juan y el Apocalipsis.
De esta manera, a fines del siglo IV después de Cristo se
establecieron definitivamente los 27 libros que hoy conocemos
en el Nuevo Testamento, ya que antes hubo dudas sobre la
inspiración divina en algunos capítulos y libros.
LOS LIBROS APÓCRIFOS
La palabra apócrifo viene del griego apókrufos y significa
"oculto". Al referirse a la Biblia significa "libros ocultos".
Este es un grupo de libros que están en algunas versiones
de Biblias católicas y que fueron escritos en el intermedio
del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, o sea, unos
400 años. Su origen data de los siglos I a 3 antes de Cristo
y muchas veces no tienen autor conocido. Estos libros fueron
agregados a la Septuaginta, pues no estaban en el Antiguo
Testamento hebreo. Fueron escritos después que habían terminado
las profecías, los oráculos y la revelación directa.
Por ejemplo, el historiador judío Josefo siempre los rechazó,
además que nunca fueron reconocidos por los judíos como
parte de sus Escrituras, y Jesús nunca los citó. Tampoco
los reconoció la iglesia primitiva como de autoridad canónica,
ni de inspiración divina.
En las versiones católicas, el número de libros del Antiguo
Testamento sube de 39 a 46 al incluir estos libros.
DIVISIÓN EN CAPÍTULOS Y VERSÍCULOS
En los primeros tiempos, las Sagradas Escrituras no estaban
divididas en capítulos, ni en versículos, ni menos tenían
subtítulos como ahora los encontramos.
Las primeras divisiones fueron hechas al Pentateuco en
el año 586 antes de Cristo para facilitar la lectura. Cerca
del año 250 después de Cristo, los griegos también hicieron
lo suyo, pero el sistema de división de capítulos más antiguo
data del año 350 después de Cristo y se aprecia en el Códice
Vaticano.
Cerca del año 900 después de Cristo aparecieron las primeras
divisiones en versículos.
Fue el arzobispo de Canterbury, Esteban Langton, quien
alrededor del año 1226, dividió por primera vez la Biblia
en capítulos para lo cual empleó el texto latino de la Vulgata
de San Jerónimo.
En 1528, el judío converso Santos Pagnino dividió la Biblia
hebrea.
En tanto, en 1551, Roberto Estienne dividió el Nuevo Testamento
en versículos, tal como ahora lo conocemos, y en 1555 hizo
lo propio con la edición latina de toda la Biblia. Para
los versículos del Antiguo Testamento hebreo, usó la división
de Pagnino.
Para algunos estudiosos estas divisiones y subtítulos
no son inspiradas por Dios y a veces le quitan al texto
cierta fluidez.
CHILE Y LA BIBLIA
No siempre fue fácil leer la Biblia en nuestro país, ya
que durante la Colonia (1561 - 1810) predominaba la religión
católica y estaba prohibida la lectura de la Biblia y la
distribución de ella, ya que para los sacerdotes no era
bueno que la gente leyera la Biblia en español.
Sólo en 1820 con la llegada del educador inglés y colportor
de la Sociedad Bíblica Británica, el bautista Diego Thompson,
las Sagradas Escrituras ingresaron legalmente al país. Thompson
había sido invitado por el Director Supremo, don Bernardo
O’Higgins, para trabajar en la alfabetización usando el
sistema lancasteriano, método cuya eficacia, había conocido
O’Higgins en Inglaterra.