Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

CONOCIDA COMO LA DEL OSO
LA BIBLIA EN ESPAÑOL CUMPLE UN AÑO MÁS

Por Hermógenes Carril Torres

* Difícil es imaginar todos los graves escollos, incluso la muerte en la hoguera, que hubo que sortear para disfrutar de la Biblia en nuestro idioma.
* Tratar de hacer una crónica es una ardua tarea. Hay tantos temas anexos que darían para escribir otro libro.

Qué fácil nos resulta hoy en día acceder a una Biblia. Qué fácil es hojear sus páginas y contemplar a Dios en todo su esplendor. Qué fácil es navegar por internet y bajar a nuestros computadores o “palms” (computadores de mano) diversas traducciones del libro sagrado en distintos idiomas, incluyendo versiones en los idiomas originales en que fueron escritos sus libros.

No siempre fue así y tal vez por eso nos cuesta valorar en toda su magnitud, el gran trabajo que realizaron y realizan las Sociedades Bíblicas a través del mundo.

Tampoco se nos cruza por la mente que hubo muchos, en especial sacerdotes católicos que durante la época de la Inquisición prohibieron la lectura de la Palabra de Dios. La transgresión implicaba muerte en la hoguera. Incluso hasta las primeras décadas del siglo pasado no deseaban que la Biblia pudiese ser leída por cualquier persona en su propio idioma. Los colportores fueron hombres que recorrieron muchos caminos, soportaron muchas situaciones de riesgo y lograron hacer llegar las Sagradas Escrituras a lugares recónditos.

La vida contemporánea nos impide, muchas veces, apreciar el milagro de la invención de la imprenta, que según dice la historia secular surgió en el año 1450 cuando el alemán Johannes Gutenberg creó letras móviles de plomo fundido. Sin embargo, desde el siglo IX los chinos ya utilizaban planchas de madera donde grababan páginas completas de texto e incluso también crearon tipos móviles, pero dicho invento sólo se conoció en el imperio chino por la nula comunicación con Occidente. Tampoco hay que olvidar que en el siglo XIV, el holandés Laurens Coster fue el primero que empleó letras móviles, pero que eran de madera.

El primer libro que imprimió Gutenberg con este moderno método fue la Biblia, entre los años 1450 y 1456, la se conoce como Biblia de 42 líneas, porque ese es el número de renglones de cada columna. Su primera edición tuvo un tiraje de 120 ejemplares y estaba compuesta de dos tomos de 324 y 319 páginas, respectivamente. El tamaño era similar a lo que conocemos ahora como un diario tabloide.

Esto provocó una gran revolución. Antes, los textos eran manuscritos por los escribas judíos, quienes realizaban su trabajo de una manera perfeccionista que hoy sólo provoca admiración.

Tenían que contar las palabras, las letras y debían fijarse cuántas veces aparecía cada una. Si cometían un error, esa hoja debía ser destruida de inmediato para impedir que ese yerro pudiera provocar la introducción de un desliz en su copia de las Sagradas Escrituras. Además, cada copia debía hacerse de un manuscrito aprobado y escribirse con una tinta especial sobre el cuero de un animal considerado limpio. Asimismo, los copistas debían pronunciar en voz alta cada palabra que tenían que escribir y estaba prohibido escribir las palabras de memoria. También tenían que limpiar sus plumas con reverencia antes de escribir el nombre de Dios en cualquiera de sus formas y bañarse antes de escribir la palabra Jehová. Finalmente, se comparaba la copia con el original y si había una sola letra equivocada, entonces se rechazaba toda la copia.

Como se comprenderá, esto implicaba mucho tiempo para la reproducción de los textos.

La posibilidad de imprimir los libros causó el enojo de muchos, porque la Biblia estuvo muchos siglos ligada sólo a los religiosos, pero ahora podía llegar también a otras personas, sin pasar por el tamiz de los eclesiásticos.

Incluso, en algunos países como Inglaterra y Alemania sirvió para promover el desarrollo de sus respectivos idiomas.

LOS MATERIALES

Los primeros libros que escribió el hombre estaban confeccionados de una sustancia sacada de un junco llamado papiro o biblus. Con el tiempo a los libros comenzó a dárseles, en forma genérica, el nombre del material en el cual estaban escritos. Otros autores aseguran que a los libros se les comenzó a llamar biblus, porque los cargamentos de papiro provenían del puerto sirio de Biblos. En todo caso, los griegos, al hablar de los libros sagrados les llamaban “Biblia”, es decir, “Libros”.

Más tarde se usaron tablillas de barro. Luego se emplearon los pergaminos, que era el nombre que se les daba a los cueros de ovejas, cabras, antílopes, y otros animales. Algunos estudiosos indican que el término “pergamino” proviene del nombre de la ciudad de Pérgamo, en Asia Menor, ya que la producción de este material de escritura estuvo asociada durante algún tiempo con ese lugar.

Otro material importante fue la vitela, denominación que se le daba al cuero de ternero. Habitualmente se teñía de color púrpura, por lo que el texto escrito sobre ella es de color dorado o plateado.

También hubo otros tipos de materiales que son menos importantes.

Los primeros textos se presentaban como rollos, lo que se usó hasta el siglo tercero después de Cristo. La dimensión del rollo, a veces limitaba su uso, ya que un rollo promedio podía medir de 7 a 12 metros, pero se sabe que hubo rollos de hasta 48 metros.

Luego aparecieron los códices o libros, tal como los conocemos ahora.

VERSIONES

Los libros de la Biblia fueron escritos en tres idiomas.

El Antiguo Testamento fue escrito en hebreo, con la excepción de algunos cortos pasajes en Esdras, Jeremías y Daniel, que lo fueron en arameo.

El Nuevo Testamento fue escrito en griego.

En sus inicios, la Biblia no existió como ahora la podemos adquirir en una librería, sino que fue sufriendo importantes cambios, que sin embargo, no han influido en el mensaje central de Dios hacia el hombre.

Dentro de las versiones más importantes están la de los setenta, llamada Setpuaginta. Es la versión más antigua de las Escrituras y fue escrita de los originales hebreos en los siglos III y IV antes de Cristo. Según la tradición, fue hecha por 72 intérpretes, o sea, seis de cada una de las 12 tribus de Israel.

También están el Códice Vaticano, el Códice Sinaítico, el Códice Alejandrino, la Vulgata Latina, que es la versión oficial de la Iglesia Católica, y la Versión Peshitto.

Asimismo, existen otras traducciones que fueron muy importantes en su época, pero dentro del idioma español son dignas de reconocer las versiones de Casiodoro de Reina que en 1569 entregó al mundo hispano 2.600 ejemplares de la que ahora se conocer como la Biblia del Oso, porque en su portada aparece el grabado de un oso al lado de un árbol, donde hay un panal de miel que lame el animal.

También hay es indispensable reconocer la edición que Cipriano de Valera hizo en 1602. Este sevillano revisó la Biblia de Casiodoro de Reina eliminando las notas marginales y abreviando los sumarios, a la vez que mejoró la traducción.

Con el pasar de los años hay nuevas versiones o revisiones, siendo una muy importante la de 1960 que provocó en la Biblia Reina-Valera el cambio de muchas palabras y giros idiomáticos para su mejor comprensión. En la actualidad hay más versiones, sin que por ello la Palabra de Dios haya sufrido cambios.

Dentro de las que se pueden mencionar están Dios Habla Hoy o Versión Popular; Biblia en Lenguaje Sencillo o Traducción en Lenguaje Actual y la Versión Reina-Valera 1995 (RVR-95).

EL CANON

Esta palabra tiene un origen hebreo qâneh y griego, kanon. Se traduce como "caña” o “vara recta”, de donde viene el sentido de norma, o regla en sentido figurado.

Este término fue empleado para designar los libros que se consideran inspirados por Dios y, por ende, que pueden integrar las Sagradas Escrituras.

El primer canon es el judío o del Antiguo Testamento, que incluye los siguientes libros y que comenzó a estructurarse desde el siglo V antes de Cristo:

  1. La ley (Torah) que contiene los cinco libros de Moisés, o Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
  2. Los profetas subdivididos en:
    • Cuatro "anteriores", Josué, Jueces, (1 y 2) Samuel y (1 y 2) Reyes, y
    • Cuatro "posteriores", Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores en un solo libro (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías)
  3. Los escritos o hagiógrafos formados por los 11 libros restantes, de los cuales Esdras, Nehemías y 1 y 2 de Crónicas constituyen cada uno un solo libro.

Incluso es el propio Jesús que confirma esta triple división del Antiguo Testamento hebreo cuando dice en Lucas 24: 44 “…era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Estos 24 libros son los mismos 39 de nuestro actual Antiguo Testamento. Sin embargo, en algunas ocasiones estos 24 se transforman en 22 para hacerlos coincidir con las letras del alfabeto hebreo.

EL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO

Los estudiosos señalan que 1ª Tesalonicenses fue el primer libro que se escribio del Nuevo Testamento. Eso fue en el año 51 después de Cristo, y los últimos vieron la luz el año 95 y fueron el evangelio según San Juan, las Cartas de San Juan y el Apocalipsis.
De esta manera, a fines del siglo IV después de Cristo se establecieron definitivamente los 27 libros que hoy conocemos en el Nuevo Testamento, ya que antes hubo dudas sobre la inspiración divina en algunos capítulos y libros.

LOS LIBROS APÓCRIFOS

La palabra apócrifo viene del griego apókrufos y significa "oculto". Al referirse a la Biblia significa "libros ocultos".
Este es un grupo de libros que están en algunas versiones de Biblias católicas y que fueron escritos en el intermedio del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, o sea, unos 400 años. Su origen data de los siglos I a 3 antes de Cristo y muchas veces no tienen autor conocido. Estos libros fueron agregados a la Septuaginta, pues no estaban en el Antiguo Testamento hebreo. Fueron escritos después que habían terminado las profecías, los oráculos y la revelación directa.

Por ejemplo, el historiador judío Josefo siempre los rechazó, además que nunca fueron reconocidos por los judíos como parte de sus Escrituras, y Jesús nunca los citó. Tampoco los reconoció la iglesia primitiva como de autoridad canónica, ni de inspiración divina.

En las versiones católicas, el número de libros del Antiguo Testamento sube de 39 a 46 al incluir estos libros.

DIVISIÓN EN CAPÍTULOS Y VERSÍCULOS

En los primeros tiempos, las Sagradas Escrituras no estaban divididas en capítulos, ni en versículos, ni menos tenían subtítulos como ahora los encontramos.

Las primeras divisiones fueron hechas al Pentateuco en el año 586 antes de Cristo para facilitar la lectura. Cerca del año 250 después de Cristo, los griegos también hicieron lo suyo, pero el sistema de división de capítulos más antiguo data del año 350 después de Cristo y se aprecia en el Códice Vaticano.

Cerca del año 900 después de Cristo aparecieron las primeras divisiones en versículos.

Fue el arzobispo de Canterbury, Esteban Langton, quien alrededor del año 1226, dividió por primera vez la Biblia en capítulos para lo cual empleó el texto latino de la Vulgata de San Jerónimo.

En 1528, el judío converso Santos Pagnino dividió la Biblia hebrea.
En tanto, en 1551, Roberto Estienne dividió el Nuevo Testamento en versículos, tal como ahora lo conocemos, y en 1555 hizo lo propio con la edición latina de toda la Biblia. Para los versículos del Antiguo Testamento hebreo, usó la división de Pagnino.

Para algunos estudiosos estas divisiones y subtítulos no son inspiradas por Dios y a veces le quitan al texto cierta fluidez.

CHILE Y LA BIBLIA

No siempre fue fácil leer la Biblia en nuestro país, ya que durante la Colonia (1561 - 1810) predominaba la religión católica y estaba prohibida la lectura de la Biblia y la distribución de ella, ya que para los sacerdotes no era bueno que la gente leyera la Biblia en español.

Sólo en 1820 con la llegada del educador inglés y colportor de la Sociedad Bíblica Británica, el bautista Diego Thompson, las Sagradas Escrituras ingresaron legalmente al país. Thompson había sido invitado por el Director Supremo, don Bernardo O’Higgins, para trabajar en la alfabetización usando el sistema lancasteriano, método cuya eficacia, había conocido O’Higgins en Inglaterra.

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