Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

Testimonio de Navidad

Dios transforma en elástico un acrílico a 11 metros de altura
El presbítero Boris García relata por qué, para él, la fiesta de Navidad del domingo 21 de diciembre fue tan distinta a las demás.

Por: Hermógenes Carril T.

Se le ve tranquilo, a pesar de la fuerte experiencia que le tocó vivir la noche del viernes 19 de diciembre recién pasado, en el Templo Matta. El presbítero Boris García está encargado de la parte musical de los cultos y también de los adolescentes o "lolos", pero además tiene una gran afición por decorar el Templo durante las fiestas de fin de año. Hasta el domingo 28 de diciembre, pocos sabían que a partir de ahora está viviendo de una manera diferente. Así lo contó, un tanto nervioso, en la reunión dedicada al "día de consagración", por ser el último culto del año 2003:

"Bueno, el testimonio que tengo que contar es un poco difícil. No había vivido nunca antes una experiencia similar. Son catorce años, los tuve que contar, en que estoy comprometido en ayudar para adornar el templo para la fiesta de Navidad. Son 14 años, porque en esa época volví del Instituto Bíblico de Viña del Mar y comencé a participar en esto que me llena y me satisface, porque lo hago con todo mi corazón. Cada cosa que puedo colgar, que puedo hacer, lo hago para el Señor y me llena.

He subido muchas veces a este tragaluz (muestra el gran ventanal que está a 11 metros de altura, encima de la parte delantera del templo) que es tan grande e imponente, para colgar este cartel y otros, en años anteriores, y este año no fue la excepción.

Subí yo primero y después me ayudó otro joven y cuando se está arriba uno siempre coloca unos tablones atravesados, porque hay unas vigas de fierro que están atravesadas. Cada uno de esos tragaluces es de acrílico e incluso hay uno que está trisado desde hace algún tiempo.

Con la costumbre, uno le va perdiendo el miedo a esto y la verdad es que sí, ya no le tenía mucho temor a eso. Sí, antes de subir me encomiendo al Señor siempre. Esta vez, coloqué el tablón donde uno se sienta y ese día viernes 19 de diciembre en la mañana, cuando íbamos saliendo de casa con Carol, mi esposa, yo le dije que había dormido muy mal y que había despertado con una sensación muy extraña. Le dije que sentía que algo malo iba a pasar ese día, así es que manejé como a 40 y hasta 60 kilómetros por hora, pensando en que cualquier cosa podía ser. Me miraba al espejo a cada rato. Nunca me había mirado tanto (se ríe).

Bueno, pasó todo el día, llegó la noche y llegó la hora de subirse a colgar este cartel que tenemos sobre nuestras cabezas y que dice: Yo he venido para que tengan vida. Carol no se olvidó de mi comentario matinal y después me contó que se fue al fondo del templo a orar cuando yo me estaba subiendo. Cuando yo acomodé el tablón para sentarme, tal vez lo puse mal, no lo sé, el asunto es que el tablón se levantó y me fui con todo el cuerpo sobre el tragaluz. Y fue en cosa de segundos que me di cuenta que no podía hacer nada, así es que simplemente me entregué y dije: Señor, si este es el instante, no sé,... y me fui con todo el cuerpo hacia atrás y con toda la espalda caí sobre uno de esos acrílicos y esos acrílicos no aguantan ni siquiera el peso de un pie. Y ¿saben?, yo pude sentir cómo eso se hizo como un globo, se englobó y volvió y no es elástico que yo sepa. Yo sentí en mi espalda cómo cedió sin quebrarse y entonces, yo, como pude, aletee, no volé y alcancé a atravesar un brazo y me pude aferrar a un fierro, pero eso fue luego que me di cuenta que había soportado mi peso, o sea...

Entenderán que quedé tremendamente agradecido al Señor, así es que la Navidad que celebramos el domingo 21 de diciembre aquí en el Templo tuvo un sabor distinto. Me dije a mí mismo: esta es una oportunidad más que me da el Señor, es una Navidad más, y seguramente las que vienen de aquí en adelante, si el Señor no viene antes o no me llama de otra manera, espero que no sea de ésa, es una oportunidad más que me da para servirle y para estar delante de su presencia.

Yo quiero dar gracias a Dios contando este testimonio. No pensaba hacerlo, pero cuando se los comenté a los demás presbíteros, ellos me dijeron que tenía que contarlo, aunque me da cierta cosa hacerlo, porque bueno, los años que vienen hay que seguir subiendo, no voy a agarrar miedo, sino que hay que seguir haciéndolo.

La mano del Señor estuvo conmigo esa noche del viernes 19 de diciembre. Lo sé, doy fe de eso, mi cuerpo da fe de eso, mi ser, mis entrañas, todo da fe que el Señor estuvo conmigo a esa hora. Su mano, literalmente, me sostuvo, porque ese acrílico no fue, sino la mano de Dios me sostuvo y le doy la gloria y la honra al Señor".