Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

TRES PREGUNTAS, UN TESTIMONIO
DANIELA PIZARRO

Por: Hermogenes Carril T.

- ¿Cómo conociste al Señor?

- Una tarde lluviosa de agosto encontré a Dios, después de haberlo buscado a “mi manera” por algunos lugares... Estaba esperando por mí, desde siempre... Con voz suave, diáfana, sencilla me contó mis secretos mejor guardados. Tristezas que sólo Él podía conocer... Momentos que nadie compartió conmigo. Nadie excepto Él...

Volé lejos por unos instantes, mientras me habló de una mujer que lloraba en desconsuelo. Me sorprendió, pues me susurraba que a su lado todo es posible... ¡Era increíble! Dios estaba hablando conmigo. ¡Me conocía! ¡Sabía todo de mí! ¡Había estado siempre a mi lado!... Y era tan real y tan verdad que no me atreví a dudar… ¡Ahí estaba Dios!... Luego, me invitó a reunirme con Él, y no me pude resistir a la invitación más sublime y más extraña que alguien me hizo!... Le pedí perdón y lloramos juntos, muy juntos los dos.

...Y ahora que lo pienso, sé que también pude conocer a mi Dios porque hubo gente que oró para que eso fuese posible... Personas que sin yo imaginar mantuvieron encendida la fe. Amigos que encontré que adoraban a un Dios Vivo, familiares que doblaban sus rodillas e intercedían por mí. Entre ellos quien me invitó a la Iglesia Tiempo de Dios, mi amiga Paola, incansablemente hasta que el día llegó. Y mi mejor amigo Álvaro, quien fue siempre un ejemplo para mí, pues con su testimonio diario, me hizo conocer lo que es ser un Hijo de Dios y con sus palabras me enseñó a crecer aspirando ver al Invisible...

- ¿Cómo ha sido este año?

Este ha sido un año extraño. He perdido la noción del tiempo la mayor parte de él. Han sucedido cosas inimaginables, que se han apoderado de mi atención y me han dejado muy triste. He tenido que luchar contra una constante preocupación, mezcla de desconcierto, de pena, de inquietud, y reconozco con cierta vergüenza, y también con un poco de rabia, contra quienes no se atreven a aceptar el gran sacrificio de nuestro Señor, y sumidos en su propia desesperación buscan en la Tierra algún aliciente poderoso, pero caen.

...He aprendido a vivir esperando ver la gloria de mi Señor, guardada para mí, en algún momento... He aprendido a levantarme sin más tesoro que la fe, sin más motivo que no querer separarme de Papá Dios, suceda lo que deba suceder... Siempre hay dificultades, mas gracias a todo esto, he podido conocer a DIOS con todos mis sentidos... A menudo, Él habla conmigo, y hasta he podido sentir sus caricias, y aunque es demasiado grande, a veces también logro abrazarlo; me cuelgo de su cuello y ¡qué bien se siente eso!... Cuando veo su luz, no puedo contener todo este amor que sólo necesita crecer. Respiro de Él, su dulce fragancia aferrándome fuerte, muy fuerte, hablando con Él días completos… Comentándole mis sueños y mis miedos, pidiéndole su opinión y sus consejos... Solicitando su perdón por mis torpezas, la falta de obediencia, y a veces, la poca prudencia... Miro atrás y veo que hemos caminado largo, que me ha enseñado cosas buenas, nuevas, eternas... Nos amamos... ¡Cómo nos amamos! Cuando la realidad me inunda de tristeza, ¡cuánto nos amamos!

- ¿Qué esperas para el próximo año 2005?

- El próximo año espero:
No dudar tanto y atreverme a más.
Llevar a muchos a su encuentro.
Orar más y reclamar menos.
Seguir poniéndome en sus manos, para que trabaje con mi carácter inestable y con mi fragilidad.
No ser tan mal genio, y a cambio, amar con todo aguante.
Ayunar en vez de dormir.
Leer más su Palabra y escribir menos e-mails.
Pedirle menos, darle más.
Buscarle solo a Él, el resto ya vendrá...
Perdonar y no juzgar.
Aprender, practicar, y no olvidar lo aprendido...

versión para imprimir