| Asamblea
de Dios Autónoma de Santiago |
LO
COTIDIANO Y NOVEDOSO DEL ESPÍRITU SANTO
por H.C.T.
El gran
poder al cual el verdadero cristiano puede acceder en cualquier
circunstancia es el Espíritu Santo.
Siempre hay personas que en nuestro Templo de Avenida Matta
610, en Santiago, nos entregan su testimonio de este poder
en sus vidas, los cuales queremos compartir con ustedes para
edificación espiritual.
Absalón
Fuentes
Yo acepté al Señor a los 18 años, acá en el Templo Matta,
en una reunión de jóvenes. Cuando me hablaron del Espíritu
Santo era difícil entenderlo, porque de repente hay tantas
cosas que uno ve del Espíritu Santo, y a uno le da temor.
Oré muchos
años por eso, y un día le dije al Señor, por qué yo no soy
bautizado en el Espíritu Santo, o sea, ¿qué tendré yo?, ¿tantos
defectos tendré?, ¿tantos temores? Mi temor estaba en recibir
este Poder, el temor a saber que lo que Él podía hacer conmigo.
El no creerme lo que Él podía hacer en mi vida, porque Él
puede hacer muchas cosas, pero a veces uno no encuentra el
privilegio ni la bendición de saber qué es lo que es uno.
Un domingo
iba al local de La Cisterna, en esos años, ahora El Bosque.
Iba muy cansado, iba muy "choreado", iba, disculpando la expresión,
"reventado". Para los más antiguos esta expresión no significa
mucho, pero iba muy mal, muy mal, muy mal al culto. Me senté
en la última banca y lo único que hacía era llorar y le dije:
Señor, yo quiero recibir el Espíritu Santo. Quiero saber qué
es lo que es y dejo todos mis temores en tus manos.
Lo único
que recuerdo es que comencé a sentir algo muy especial, muy
especial, a llorar, a llorar, a llorar, había un fuego muy
especial. No significa que todos sientan fuego o cosas extrañas.
Y empecé a hablar cosas extrañas, en ese tiempo. Y saben que
empezó a haber algo muy especial en mi corazón y me empecé
a sentir aliviado de muchas cosas y cuando logré hablar en
lenguas y darme cuenta que lo que estaba sintiendo estaba
consciente que lo que estaba viviendo era del Señor.
El corazón
se me hinchó tanto, tanto, tanto que se me olvidó el cansancio,
se me olvidó todo lo que estaba viviendo, porque el gozo fue
tan grande, la bendición fue tan grande cuando dejé esos temores.
Ese temor que uno le tiene al Espíritu Santo, muchas veces
aparece porque ha visto cosas extrañas, o malas experiencias
o malos testimonios, no en esta iglesia, sino en otras iglesias
donde pasan esas cosas, y uno se queda con eso, pero eso no
es el Espíritu Santo.
Es mucho
más, pero tú debes sacar ese temor que hay dentro de tu corazón,
sácalo, porque eso no lleva a nada, simplemente te estás perdiendo
la bendición. Saca ese temor y el Señor te bautizará y empezarás
a sentir lo que es la renovación, a los que ya son bautizados
y el bautismo del Espíritu Santo a los que no.
Tú irás
creciendo, irás madurando e irás entendiendo otras cosas.
El Señor nunca nos va a dejar en ridículo ni en vergüenza.
Cómo noté
el cambio en mi vida: Cuando era un muchacho era muy tímido.
Yo decía el Señor bendice, pero ni yo me lo creía, pero cuando
recibí el Espíritu Santo, empecé a darme cuenta de que todo
lo que decía era realidad y que lo que yo decía con mi voz,
el Señor te bendiga hermano, bendecía al hermano. Tenía autoridad,
eso fue lo más grande que pude sentir. Además, pude darme
cuenta que iba moderando mucho más las cosas del Señor e iba
entendiendo aquellas cosas que antes no comprendía.
Urbana
Galáz
No me acuerdo de los años que tenía cuando fui bautizada en
el Espíritu Santo, pero era jovencita y hacía poco que había
recibido al Señor. Yo lo pedía siempre. Lo encontraba algo
tan maravilloso, porque cuando recibí la salvación del Señor
Jesucristo y supe cómo era el evangelio, me sentí muy agradecida
del Señor y fui muy feliz, porque vino la luz a mí y me sentí,
pero tan feliz.
Mi vida
cambió, fue totalmente distinta, era como si hubiese atravesado
un umbral maravilloso y vi la luz. Después supe del Espíritu
Santo, porque se predicaba mucho de Él y cuando había vigilias,
íbamos y siempre había uno o dos hermanos que recibían el
poder del Espíritu Santo.
Yo también
quería tenerlo, porque sabía que eso era algo divino. Para
mí fue tan hermoso, porque es el Consolador y eso es tan cierto,
es tan verdad, porque yo muchas veces he llegado con penas,
he tenido aflicciones y el Señor me ha llenado de su Santo
Espíritu y he sido muy feliz, porque me ha consolado.
Para
mí ha sido algo tan maravilloso y cuando lo recibí, cuando
lo pedía, decía yo también quiero eso, pero no para un día
o dos, sino que yo lo quiero siempre. Hasta que un día el
Señor me lo concedió. A veces, estoy orando por alguien, me
acuerdo de alguien en mi hablar en lengua, bueno digo yo,
yo sé lo que estoy diciendo, conversado con Dios.
A veces
estoy pidiendo por alguien, por la salvación de alguien o
por aquel problema de alguien y el poder del Señor Jesucristo
viene a mi vida, entonces yo sé que Tú mandaste al Consolador
para que nos ayude, para que nos consuele y yo reclamo eso
y le pido al Señor que llene a toda la iglesia. Esa es mi
oración, todas las noches le digo Señor, llena a todos los
hermanos y hermanas, llénanos con ese maravilloso poder que
Tú mandaste a la Tierra para que nos ayude.
También
le pido al Señor por aquellos que van a predicar lejos, en
el campo, porque hay familiares míos, allá cerca de Santa
Cruz. Yo le digo, llénalos del Espíritu Santo para que vayan
y prediquen la verdad, con verdad y con poder. Estoy feliz
de que Dios me haya dado esto tan lindo, porque Dios ha tenido
misericordia de esta pobre mujer tan chica…Que el Señor los
bendiga a todos, hermanos y que reciban el poder del Espíritu
Santo.
Ricardo
Méndez
Todavía me acuerdo del bautismo en el Espíritu Santo. Pasó
el 12 de diciembre de 2004. En la mañana de ese domingo nos
bautizamos acá, en las aguas, y en la noche del domingo, bueno
me fui a acostar.
Empecé
a orar y empecé a recopilar todo lo que había pasado desde
la mañana hasta la tarde y me acordé que en una ocasión un
pastor había dicho que uno tenía que pedir el bautismo en
el Espíritu Santo, pero yo lo pensé solamente, no lo pedí
en realidad. De repente, como se me abrió una luz, una visión,
algo como una puerta, como un fuego como dice realmente la
Escritura y como que llega un gozo tan grande a uno que se
abre el entendimiento, es como estar abrazado de Jesucristo,
sentirlo en todo, en el cuerpo, en nuestros sentidos.
Me acuerdo
que estaba al lado de mi esposa, estábamos acostados y le
dije: Olga, porque ella también sintió que venía como un fuego,
como un aire, no sé, que había pasado por los pies de ella
y se quedó en el lado mío. Ella pensaba que era para ella.
De repente, yo le digo Olga, ¿sabes?, estoy suspendido en
el aire, pero yo te estoy sintiendo, pero yo me siento suspendido
en el aire, y no sé, siento algo muy especial, y no sé, sentía
una cantidad de emociones indescriptibles. No sé cómo explicarlo,
pero sentía mi cuerpo que estaba en el aire y sentía la mano
de mi esposa.
Yo les
digo que busquen esta llenura, porque desde ese día me di
cuenta que hay algo más, que no son sólo palabras al viento,
sino que en verdad Jesucristo es real y abre nuestro sentido,
nuestro entendimiento. La vida cambia realmente.
Yo me
acuerdo que al otro día me levanté, porque durante toda la
noche estuvimos orando, nos levantábamos, oramos, nos acostábamos
de nuevo, era tan grande lo que había pasado que lo único
que quería era abrazar a todo el mundo, al chofer de la locomoción
colectiva, a mis compañeros. Mis hijos sentían en las otras
habitaciones que yo hablaba en otras lenguas. Cuando llegué
al trabajo les comenté a algunos que también son cristianos,
y lloramos ese día, porque es algo súper grande.
Yo creo
que es lo mejor que me pudo haber pasado, después de haber
estado en otro tiempo en otros caminos. Noté el cambio, porque
pienso que la personalidad a uno le cambia. Esto le da más
paciencia a uno. A veces mira las cosas no tan ligeramente
y tiene ese punto de reflexión, porque antes uno hace todo
rápido, en cambio el Espíritu Santo es el que está ahí amonestándole
a uno, realmente.
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