Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

TRES PREGUNTAS UN TESTIMONIO
ROSSANA LEYTON

por: Hermogenes Carril T.

- ¿Cómo conoció al Señor?

- Conocí del Señor y el evangelio porque Marco, mi pololo en ese tiempo (1985) y mi esposo hoy, me invitó a una iglesia evangélica, pero sinceramente en ese momento no significó mucho para mí. Yo era católica y tenía demasiados prejuicios contra los evangélicos. Al pasar el tiempo, un día sin querer, iba caminando por el Paseo Ahumada, aquí en Santiago, y escuché a unos hermanos que cantaban y predicaban en ese lugar. Ahí fue mi primer encuentro con el Señor.

Estuve un tiempo congregándome en la Asamblea de Dios Americana, pero luego me alejé por algunos años, aunque esporádicamente iba a la que hoy es mi iglesia y la iglesia de origen de mi esposo. Yo conocía la Asamblea de Dios Autónoma, porque los padres de Marco eran miembros en Osorno y varios familiares de él estaban en Santiago.

Un día de febrero del año 1997, por un motivo ajeno a mi voluntad, pero creo y estoy segura de que era la voluntad de Dios, fui a reunión con mi familia y fue de tal impacto para mí la predicación que hizo el hermano Samuel Gustafsson, que pedí perdón al Señor por haberme alejado de sus caminos y por mis pecados y le imploré que me sacara de donde estaba. Desde ese momento con todo mi corazón he podido servirle, y le pido a Dios cada día que me ayude a continuar y no apartarme nunca más de su lado.

- ¿Cómo ha sido este año?

- Ha sido un año con alegrías, penas, luchas y dificultades, pero donde he visto el amor de Dios hacia mí y mi familia. En enero pude participar de la Colonia para alumnos de la Escuela Dominical, en Pichidegua, y fue algo muy importante, ya que aprendí muchas cosas de los niños. Poder servir al Señor de esta manera me fortaleció mucho, ya que entregar amor y dedicación a los demás, especialmente a los niños, es maravilloso y es de mucho crecimiento espiritual. Gracias a Dios puedo seguir en la escuela dominical. En mayo, Oscar, mi hijo mayor, se bautizó y fue algo muy especial y de mucha emoción.

También el trabajo en el coro ha sido para mí de gran fortaleza espiritual. Además, he recibido muchas bendiciones de parte de Dios al estar en este estamento de la iglesia. Creo que Dios me ha dado tantas cosas este año que me faltarían palabras para enumerarlas, y aunque he tenido pruebas y, aún las tengo, solo puedo decir que tanto en mi vida espiritual, como en mi vida como mamá, esposa y dueña de casa hasta aquí Dios me ha ayudado. Muchas veces creo que las fuerzas se me acaban, pero Él con su tierno amor me levanta.

- ¿Qué esperas para el próximo año 2005?

- Me gustaría tanto que el Señor viniera a buscar a su iglesia e irme con Él, pero si tarda en venir, por supuesto que deseo con todo mi corazón poder servirle con excelencia. Ante la prueba quiero que el Señor me fortalezca; deseo crecer cada día en conocimiento y en entrega a Dios; y quiero ser una mejor mamá, esposa y aportar a mi iglesia en todo lo que pueda. También deseo que el Señor nos ayude como familia a poder realizar nuestros proyectos. Pero, por sobre todo, quiero no sólo para el próximo año, sino que para siempre, tener la necesidad de buscar de Dios cada día; esa necesidad urgente de conocerlo más, de creer en sus promesas, de hacerlo crecer a Él y menguar yo, y aceptar su voluntad sin cuestionarme.

Siempre cuando converso con mi marido le digo que suceda lo que suceda en nosotros, el amor de Jesús está por encima de todo ello y que las circunstancias en que podamos encontrarnos no pueden ser condición para amar, servir y seguir al Maestro.

Quisiera también que aquellos hermanos que algún día gustaron del Señor, pero que se han alejado, así como yo alguna vez lo hice, pero volví, también ellos pudieran volver y reencontrarse con su Señor.

“Y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”
Hebreos 12:1a

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