Una
relación día a día, pero de toda una vida
Los comerciantes reconocen dos fechas en que
venden casi todo: la Navidad y el Día de la Madre. Sin embargo,
no pasa lo mismo con el Día del Padre que se celebra en este
mes de junio.
La pregunta viene de inmediato: ¿por qué? ¿Acaso nuestro
progenitor no está a la misma altura de quien nos tuvo en
su vientre nueve meses? ¿Es tan fuerte el instinto maternal,
que incluso en esto se nota? ¿O es que los varones no son
capaces de demostrar en el tiempo, el amor por sus hijos?
Las respuestas pueden ser variadas, pero lo que sí es seguro
es que nuestra madre nos marca para el resto de nuestras vidas.
Está en los momentos más difíciles dándonos su ayuda y apoyo,
pero qué de los padres.
Es
en las inmediaciones de estos días cuando se vienen a la mente
situaciones que hemos conocido de hijos que sólo valoran lo
hecho y dicho por su progenitor una vez que éste ha muerto.
Recién se dan cuenta de porqué ese hombre fue así, porqué
lo crió de determinada manera, porqué era tan estricto o porqué
era tan liberal en su pensamiento y accionar, o tan irresponsable.
Es en ese instante que muchos hijos e hijas dicen “qué daría
porque papá estuviera vivo para decirle que ahora lo comprendo
y que lo quiero mucho”, pero ya es demasiado tarde.
Jesús también fue hijo y tenía una estrechísima relación
con Dios, su Padre. Incluso, cada vez que quería enseñar de
su trato con Él, hacía la comparación con los seres humanos.
En una oportunidad señaló que a pesar de la naturaleza humana,
los padres dan buenas dádivas a sus hijos (Lucas 11: 13).
En
otra ocasión, ilustró a su audiencia con la parábola del hijo
pródigo para indicar que la actitud de ese padre que perdonó
a quien malgastó su herencia, es la misma actitud de Dios
por un pecador que se arrepiente (Lucas 15:32).
También nos enseñó a dirigirnos a su Padre, el cual pasa
a ser también nuestro Padre luego que aceptamos a Cristo como
nuestro Salvador personal. En Mateo capítulo 6 versículos
6 al 13 está esta fórmula que tal vez muchas veces hemos usado,
ojalá de corazón y no como una mera repetición.
Al recorrer algunos de los pasajes bíblicos donde Jesús habla
de su Padre, quizás nos sentimos en déficit de cómo debe ser
una verdadera relación entre padre e hijo y viceversa.
Tal vez es el momento de reflexionar ante el tema para que
los padres sean verdaderos padres, no sólo procreadores, en
muchos casos.
Que no nos importen los regalos o los reconocimientos de
un día, sino que nuestro compromiso dure toda una vida.
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