En
los últimos días el mundo ha podido observar, sin hacer
nada por impedirlo, cómo encapuchados en Iraq han decapitado
a varios rehenes de diversas nacionalidades para tratar
de obtener lo que ellos consideran justo. Los medios de
comunicación audiovisuales e impresos, en un gesto de respeto,
no han transmitido todo el trágico proceso que ha culminado
con la muerte de los prisioneros. Sin embargo, hay sitios
en internet, donde es posible ver toda la secuencia sin
censura.
En la medida que el número de personas decapitadas ha aumentado,
el impacto mundial se ha aminorado, constatando una vez
más que es impresionante cómo el ser humano pierde la capacidad
de asombro y cómo se acostumbra a todas las situaciones.
Esto sucede en todo ámbito. Siempre lo primero deja una
marca, la que con el tiempo se va desvaneciendo hasta transformarse
en cotidianidad y es a esta cotidianidad de violencia y
conflicto a la cual los cristianos deben estar muy atentos,
porque es el cuadro que describe Jesús en Mateo 24: 4 -
14, con consecuencias funestas para un número importante
de personas, pues señala: “y por haberse multiplicado la
maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere
hasta el fin, éste será salvo”.
Pero
no sólo en el ámbito de la violencia y conflicto existe
este acostumbramiento. En nuestro mundo globalizado, cada
día el ser humano es bombardeado con cientos de miles de
estímulos a través de los medios de comunicación masiva,
los cuales son aceptados sin mucha crítica por un alto porcentaje
de personas que desean evadirse un poco de su realidad luego
de estresantes jornadas de trabajo, de estudio o de ocio.
Aquí cabe mencionar los reality shows, donde los participantes
desnudan sus almas ante el ojo electrónico, y los cuales
ya no provocan ningún comentario.
Desde el punto de vista práctico, da lo mismo estar expuestos
a estos estímulos o no, porque a la larga igual llega el
momento en que el ser humano se “desengancha”, pues siente
una especie de “narcotización de la conciencia” y todo parece
“normal” por la abrumadora cantidad de información.
La advertencia de Cristo es valedera, cuando al referirse
a su segunda venida dijo: “Como fue en los días de Noé,
así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían,
bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día
en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó
a todos. Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían,
bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el
día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y
azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el
Hijo del Hombre se manifieste”. (Lucas 17:26-30).
Frente
a la rutina, la cotidianidad y el embotamiento por tanto
estímulo e información, que muchas no deja ver lo verdadero,
surge Tito 2: 11-13: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado
para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando
a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo
sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada
y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador
Jesucristo…”