Esta fue la pregunta que se hizo en voz alta la máxima autoridad
del país al conocer la serie de muertes violentas registradas
en el país durante el último fin de semana de agosto.
También la ciudadanía se ha conmovido frente a esta violencia que se desató en Santiago y en la quinta región, donde diversas situaciones culminaron con la muerte o heridas graves de jóvenes y adultos a manos de jóvenes.
A tal punto llegó el tema que dicha autoridad promulgó en pocas horas una ley que sanciona el uso y porte de armas en sitios públicos. O sea, cuchillos, cortaplumas, puñales, y otros elementos cortopunzantes similares están proscritos. En la normativa hay penas de cárcel y multas para este recientemente creado delito de porte de arma blanca.
Muchos de los jóvenes entrevistados por los medios de comunicación sobre el tema señalan que estas armas blancas las portan habitualmente para defenderse, y que para ellos es muy normal ver una pelea a cuchillo, por lo que no les llama la atención.
Argentina tampoco ha estado ajena a esta violencia. Un joven de 15 años dio muerte a tres compañeros de colegio en una pequeña localidad situada a 950 kilómetros al sur de Buenos Aires. Para la comisión del delito empleó un arma de fuego de propiedad de su padre, un suboficial de la Prefectura Naval.
Tal vez no son muchos los adolescentes y jóvenes que llegan a este “punto de no retorno” en la espiral de violencia que vive el mundo, pero al ser divulgados estos hechos por los medios de comunicación, en especial la televisión, hacen pensar, en forma equivocada, que son muchos.
La pregunta es: ¿qué está pasando con la juventud en el mundo? No se trata de denigrar a toda la juventud, porque hay un número muy grande de muchachos y muchachas que con mucho esfuerzo estudian y se sacrifican por los demás, cada día. Sin embargo, hay una cantidad importante de jóvenes que se obnubila por este mundo y no es capaz de colocar las cosas en su real perspectiva. Ello provoca graves desequilibrios que no son corregidos a tiempo por sus mayores o por sus amigos más centrados.
Por eso resulta impactante conocer lo que dijo el padre de una de las víctimas fatales: "Dígales a los padres de Chile que cuiden a sus hijos, por favor. Aparece gente mala y se los lleva de este mundo con conductas que no son las de nuestras familias".
Con motivo del cierre del Mes de la Biblia, unos jóvenes de nuestra iglesia tuvieron una participación especial. Uno de ellos indicó que asistió a la Escuela Dominical cuando era pequeño y que el trabajo de sus profesores le permitió volver a los pies de Jesús, ya que estuvo alejado de Dios, porque la semilla de la Biblia no vuelve vacía.
Tal vez estas personas que han participado en hechos de violencia nunca escucharon estas palabras:
“Instruye al niño en
su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.
Proverbios 22: 6
“Hijo mío, no te olvides
de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque
largura de días y años de viva y paz te aumentarán. Nunca
se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu
cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; y hallarás
gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres”.
Proverbios 3: 1-4
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