Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

Enero 2005
UN AÑO MÁS CERCA DEL FIN

El comienzo de este nuevo año fue bastante violento.

Por lo mismo, cuesta hacer un resumen de lo vivido durante los 12 meses anteriores, porque la globalización de las comunicaciones nos estremeció en la última semana de diciembre con dos hechos que todavía están en las agendas periodísticas del mundo.

Por eso, al analizar el tiempo transcurrido se acrecienta el convencimiento de que la Biblia se sigue cumpliendo en forma inexorable, a pesar de que para algunos es un libro más.

Primero fue un fortísimo terremoto registrado el domingo 26 de diciembre en el norte de Indonesia, el que provocó un gran maremoto que afectó el sudeste de Asia y el este de África.

Por ahora sigue aumentando el número de muertos, y se acerca a los 150 mil; los desaparecidos suman decenas de miles; los heridos sobrepasan el medio millón y los damnificados son varios millones de personas.

A través de los medios de comunicación se conocen, cada día, los denominados casos humanos de personas que sobrevivieron a esta megatragedia.

Incluso los científicos ya indicaron que la fuerza de la naturaleza que se desató ese día modificó la inclinación del eje de rotación terrestre en unos cinco o seis centímetros lineales, lo que provocará muy leves variaciones en la duración de los días.

Ahora se teme una gran epidemia debido a las nulas condiciones de salubridad en que quedaron muchísimas personas e incluso podría existir una catástrofe en el aspecto mental, ya que muchos comienzan a vivir con el miedo de ser tragados por algún muro de agua.

Uno de los aspectos que causa asombro es que hubo personal especializado que sabía que se había formado una gran ola debido al terremoto, pero no había a quién avisarle para que tomara las medidas que hubiesen impedido tanta mortandad.

El segundo impacto fue más cerca. Casi 190 personas murieron en una discoteca de Buenos Aires, Argentina, el jueves 30 de diciembre, luego que alguien lanzara una bengala mientras actuaba un grupo de rock. Hay más de 700 heridos y las cifras siguen: el local tenía capacidad para 1.100 personas y esa noche había cerca de 4.000.

Al contemplar ambas catástrofes y sumarlas con todo lo que ocurre hoy en el mundo, de lo cual conocemos casi instantáneamente, no podemos sino seguir creyendo, firmemente, que los últimos tiempos están demasiado cerca.

Por eso es que como cristianos sabemos que es imposible que este Año Nuevo será mejor que el que ya se fue, y no es que seamos pesimistas, sino que salta a la vista lo que el propio Jesús les dijo a sus discípulos en el monte de los Olivos, cuando le preguntan sobre los últimos tiempos. La respuesta está en el capítulo 21 del evangelio según San Lucas.

“Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.”

Pero también dijo que sus seguidores sufrirán persecución por causa de su nombre.

“Y esto os será ocasión para dar testimonio. Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan. Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros; y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”.

En el inicio de un nuevo año hay dos interrogantes que responder.

¿Estamos dispuestos a entregarle el mensaje de salvación a todos para que no mueran sin conocer a Cristo?, ¿Estamos dispuestos a pagar el precio por ser seguidores de Cristo?

EDITORIAL
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