Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

EDITORIAL MARZO

SE REINICIA LA TAREA

Definitivamente comenzó el año 2005.

Una serie de situaciones nos muestra en la práctica que no nos queda ninguna otra posibilidad que enfrentar esta realidad. Cuando llega marzo nos ponemos a pensar en cómo será la planificación de nuestra vida en diversos ámbitos, especialmente en las áreas de estudio y trabajo.

Para hacerlo incluso miramos con más detenimiento el calendario para conocer exactamente cuántos días festivos hay, y cuántos corresponden a fines de semana largos para aprovecharlos en descansar y desentendernos de nuestra rutina. Sin embargo, pocas veces nos planificamos en el terreno espiritual. Qué voy a hacer para Dios este año. ¿Estaré dispuesto o dispuesta para que Él haga, de verdad, su voluntad en mí?

Los tiempos se siguen acortando y cada día las señales mundiales indican que la segunda venida de Cristo se acerca. Cuando eso acontezca ya no habrá más tiempo y las puertas del cielo se cerrarán, ¡pero todavía hay tantas personas en el mundo que no han escuchado las buenas nuevas del evangelio! Sin ánimo de entrar en polémica, la población mundial es de unos seis mil 500 millones de personas y los evangélicos o protestantes suman poco más de 385 millones. En nuestro país, según el censo de 2002, los evangélicos pasamos de 12,4% a 15,14%, o sea, en 10 años hubo un incremento de apenas un 2,74%.

A veces pensamos que debemos hacer grandes obras para demostrar que somos hijos de Dios. Sin embargo, para comenzar a veces basta con vivir diariamente como Cristo viviría si estuviese en este mundo. Vivir con esa flexibilidad con que dejaba perplejos a los maestros de la ley y también a sus más cercanos. Eso ya marcará la diferencia que los demás notarán.

Durante el mes de enero pasado, los jóvenes de Santiago tuvieron el desafío de compartir las buenas nuevas con personas de Coquimbo e Iquique y a través de sus vivencias se percataron que la gente está ávida de conocer, realmente, a Jesús con la salvación que ofrece a través de su muerte en la cruz del Calvario, y eso hay que tomarlo muy en cuenta. No se trata de un ofertón ni de un camino fácil, pero a pesar de todo, Él no nos da más peso del que podemos llevar.

Dios desafía a su pueblo a cosas nuevas y es el tiempo de asumir tales retos con la visión de que en el pasado Él nunca nos desamparó.

EDITORIAL
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