Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

NO HAY QUE QUEDARSE EN LA CRUZ

Hace pocas semanas el mundo cristiano volvió a recordar la pasión y muerte de Jesucristo, fecha que coincide con la conmemoración de la pascua judía.

De nuevo leímos con más atención lo que Biblia dice sobre el tema y tratamos de reconstruir en nuestra mente aquellos momentos en que el Hijo de Dios se sintió tan solo y desamparado, no solamente por parte de sus discípulos y conocidos, sino que también de parte de su propio Padre.

A tal punto llegó esa soledad y angustia que invoca la posibilidad que esa copa amarga pase de él, pero sabe que esa es la única manera de pagar el precio para la redención de la humanidad y, en definitiva, la acepta.

Por esta razón, sigue adelante con el plan divino trazado desde el comienzo del mundo, cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén. Además sabe que es la decisiva batalla contra Satanás, la cual debe ganar y la gana al quitarle las llaves de la muerte y del Hades.

La forma en que Jesús fue muerto era la habitual de esa época para criminales de alta peligrosidad, con toda la violencia y tortura previa, a través de los azotes. Era la forma de castigo más degradante y cruel de las que existían. Incluso para los judíos era un símbolo de maldición. A tal punto fue su entrega en la cruz que Jesús no quiso recibir ninguna sustancia que pudiera alterar su conciencia o aliviar sus terribles dolores.

Pero no debemos quedarnos en lo horrorosa que fue la muerte de Cristo, sino que en el significado que tenía y tiene para la humanidad: el gran gesto de amor de Dios hacia nosotros que entregó a su propio Hijo para saldar la deuda que había entre los hombres y Él.

Sin embargo, no debemos desconocer cómo cada día en el mundo, ese gesto de amor no es tomado en cuenta. Primero por quienes todavía no aceptan este sacrificio, y segundo, por quienes habiendo aceptado este sacrificio hacen poco o nada para que otros lleguen al verdadero conocimiento de la verdad.

No es tiempo de despreciar esta inmolación en la Cruz del Calvario. El período de la gracia se acorta a pasos agigantados.

EDITORIAL
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