Mayo
se caracteriza por la celebración del Día Internacional
del Trabajo para recordar a quienes murieron en Chicago
a fines del siglo 19 pidiendo tratos más justos y menos
horas de trabajo diario.
Con el tiempo la cantidad de horas de trabajo ha variado
y ahora en todo el mundo hay una corriente en la que se aplican
menos horas semanales con el propósito de que las personas
puedan tener más tiempo de descanso, lo que redundaría en
una mejor calidad de vida.
Sin embargo, en la actualidad ya no sólo hay que ir a un
lugar específico para trabajar, sino también se puede hacer
a través de internet, lo que se denomina teletrabajo, y del
cual no existen cifras para saber cuántas personas y cuánto
tiempo pasan frente a un computador, por lo que perfectamente
las horas de trabajo pueden ser más de ocho, doce o dieciséis.
Trabajar
dignifica y hasta el mismo padre terrenal de Jesús, José,
vivía elaborando objetos de madera con sus manos: era carpintero
y sobre esa base es fácil imaginar que más de una vez, Cristo
aprendió este mismo oficio para ganarse la vida. Lo mismo
ocurrió más adelante con sus discípulos y hasta el propio
Saulo, más conocido como el apóstol Pablo.
No obstante, trabajar en exceso nos lleva a perder cercanía
con la realidad. Hay personas que tal vez lo hacen no para
vivir, sino viven para trabajar. Por esta razón Jesús dijo
que tanto afán es peligroso, ya que ese trabajo en exceso
puede ser para obtener cada día más, más allá de nuestras
necesidades básicas y más allá de lo que lógicamente pudiésemos
obtener para tener un buen pasar.
"Porque ¿qué aprovechará
al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
¿O
qué recompensa dará el hombre por su alma?
Mateo 16:26.
Son palabras fuertes y actuales en este tiempo en que algunos
se esfuerzan por lograr varios puntos más allá de lo máximo,
no sólo en lo económico, sino también en el poder.
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