En
agosto, en Chile, se celebra el Día del Niño, luego que
el Congreso Nacional aprobara y ratificara ante la Organización
de Naciones Unidas, la Convención sobre este tema, el 10
de julio de 1990.
Los trámites legales, no obstante, hicieron que esta ley
entrara en vigencia el 27 de septiembre de ese mismo año,
con su publicación en el Diario Oficial. La ONU dejó a cada
país que ubicara la fecha que más le acomodara y, por eso,
hay tanta disimilitud en las diversas naciones que toman en
cuenta este día.
Sin embargo, la iniciativa viene desde el 20 noviembre de
1954, cuando la ONU aprobó la Declaración de los Derechos
del Niño.
Hoy, nadie discute si los niños tienen derechos o no, ni
tampoco la importancia de ellos en las sociedades. Lo que
sí es motivo de controversia es su imputabilidad ante la ley,
o sea, su responsabilidad en un hecho grave.
Por eso, hay legislaciones en las que los menores son responsables
desde los ocho años como en Escocia, donde a los 16 años son
juzgados como adultos.
En los tiempos de Jesús los niños eran seres marginales que
estaban al mismo nivel de los enfermos, los pobres y las mujeres.
Sólo pasaban a formar parte de la sociedad cuando estos niños
se transformaban en hombres adultos, momento en que se acercaban
al templo.
El tema de los niños puede ser visto desde dos perspectivas.
La primera denota inocencia y credulidad a toda prueba. En
este aspecto, Cristo fue un revolucionario, porque tuvo un
acercamiento y comprensión importantes hacia los niños.
Por ejemplo, dio gracias a su Padre, porque había cosas que
las había revelado a los niños.
En otro momento, tomó a un niño para darle ejemplo a sus discípulos,
diciéndoles que si no se volvían y hacían como niños no iban
a entrar en el reino de los cielos.
En otros pasajes de la Biblia, los bendijo pese a la oposición
de sus discípulos.
También Jesús tomó a otro niño para enseñarle a sus discípulos
que si alguien recibía a un niño en su nombre, entonces le
recibía a Él, pero en realidad, recibía a quien lo había enviado,
o sea, a Dios.
En la segunda perspectiva, la palabra niño es sinónimo de
inmadurez ante las cosas espirituales, situación que es ampliamente
expuesta por el apóstol Pablo en sus cartas, porque por esa
falta de criterio no había crecimiento en las iglesias a las
que envió sus epístolas.
¿En qué perspectiva está usted?
Dejad a los niños
venir a mí y no se lo impidáis; porque de los
tales es el reino de los cielos.
Mateo 19:14
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