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PODER Y POTENCIA DE DIOS
En
este mes de junio, los cristianos recordamos Pentecostés,
vale decir el momento en que se manifestó el Espíritu Santo
en medio de los seguidores de Jesús que estaban en Jerusalén,
50 días después de la crucifixión de Cristo y 10 días luego
de su ascensión.
Pentecostés era una fiesta del Antiguo Testamento que ocurría
50 días después de la Pascua y que tiene relación con la cosecha
de granos.
Los discípulos estaban "todos unánimes juntos" y de pronto
se les apareció el "paracletos", el Consolador del cual el
Maestro les había hablado. Todos fueron llenos del Espíritu
Santo y comenzaron a hablar en diversos idiomas, porque se
les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se
apoderaron de cada uno de ellos.
La tercera persona de la Trinidad tiene varios nombres en
la Biblia, entre los que se destacan: Espíritu de Dios, Espíritu
de Cristo, Espíritu Santo de la promesa, Espíritu de verdad,
Espíritu de gracia, Espíritu de vida, Espíritu de adopción
y Consolador.
Entre los símbolos del Espíritu Santo, la Biblia señala el
fuego, el viento, el agua, un sello, el aceite y la paloma.
Una de las labores primordiales del Espíritu Santo en la
Iglesia es dotarla de dones para edificarla a través de la
enseñanza a los creyentes y la salvación de los inconversos.
Otros trabajos importantísimos que cumple la tercera persona
de la Trinidad son convencer al mundo de pecado, de justicia
y de juicio, pero también regenera el alma y puede morar en
el ser humano.
Además, santifica y moldea el carácter del cristiano, porque
el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre, templanza. Otra de las misiones del
Espíritu Santo es revestir de poder a los cristianos.
¿Y para qué ese poder?
Para ser testigos y predicar el evangelio, para enfrentar
las asechanzas del enemigo, para discernir, para ser capaces
de entender la voluntad del Padre.
Por estas y otras razones, es indispensable que en este último
tiempo, el Espíritu Santo bautice a todos los creyentes y
more y se manifieste en la Iglesia y es imprescindible una
doble porción de este Espíritu Santo, cuyo derramamiento marcó
el nacimiento de la Iglesia de Cristo.
No
se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario,
sean llenos del Espíritu.
Efesios
5:18
(Nueva Versión Internacional, NVI)
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