Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

LA NECESIDAD DEL ESPÍRITU SANTO

 

Para nadie es un misterio que el clima mundial está cambiando de una manera dramática. La culpa la tiene el calentamiento global que es causado por la gran cantidad de contaminación que los seres humanos enviamos a la atmósfera.

En diversos encuentros se ha tratado de que las grandes potencias mundiales cambien sus procesos productivos para bajar esta contaminación, pero los objetivos económicos y comerciales son más poderosos y es más barato pagar multas o sufrir el desprestigio antes que hacer tales cambios, porque son muy caros, los cuales podrían aliviar la atmósfera y la vida en el planeta. Producto de esto mismo, la capa de ozono se ha adelgazado o ha desaparecido provocando diversas enfermedades, en especial a la piel de las personas.

Este calentamiento global provoca en algunas extensas regiones zonas de sequía y en otras, gravísimas inundaciones.

En el plano espiritual, se puede constatar que la verdadera Iglesia de Cristo añora y pide un nuevo derramamiento del Espíritu Santo, tomándose de las promesas que están en la Biblia.

El gran derramamiento del Espíritu Santo en Chile data de febrero de 1909, en Valparaíso y los acontecimientos mundiales indican que la única forma de tener la fortaleza para que los cristianos prediquen el evangelio y puedan resistir hasta el final, es precisamente con una doble porción del Espíritu Santo.

Ahora las preguntas surgen de inmediato. ¿Estaremos libres de contaminación para que nuestros vasos puedan ser llenados hasta rebasarse? ¿Seremos capaces de soportar en nuestras vidas este poder que es el Espíritu Santo? ¿Podremos darle el uso que Dios quiere a esta potencia divina?

Sin duda, necesitamos la lluvia tardía para que refresque e inunde al pueblo de Dios, ya que faltan muchos lugares donde entregar las buenas nuevas del evangelio.

Es la única forma de cumplir con las últimas palabras de Jesús:

Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.

Hechos 1:8 (Nueva Versión Internacional, NVI)