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SE
HA PERDIDO LA SIMPLEZA
Hasta
hace unos 30 años, en este mes se recordaba el nacimiento
de Jesús, aunque es sabido que bíblicamente no hay un fundamento
para aseverar que fue en estas fechas.
Además,
se hablaba mucho del Hijo de Dios que vino a redimir a la
humanidad. Había una predisposición muy grande hacia el recogimiento
que produce la representación del nacimiento de Belén.
Incluso los conflictos armados, que nunca han dejado de existir
en el mundo, entraban en una tregua navideña.
Ahora,
es distinto.
Este es
el mes del consumismo por excelencia, donde todo gira en quién
hace los regalos más costosos, para lo cual no importa endeudarse
durante todo el año siguiente, y si más encima, las grandes
tiendas empiezan a cobrar las cuotas recién en marzo, qué
importa vivir endeudados.
Para qué
decir el significado que muchos le dan a la venida del Hijo
de Dios a este mundo, si hasta algunos mal llamados "cristianos"
no lo tienen claro.
Si a todo
esto se le agrega la vorágine de lo que se conoce como "vida
moderna", entonces en verdad estamos en diciembre.
Qué contradicción
con la simpleza de ese pesebre, la simpleza de María, José
y el niño Jesús, la simpleza de los pastores, la simpleza
de los magos o sabios de Oriente, esa simpleza que hoy se
desconoce.
¿Qué hacemos
por no caer en esa espiral de cosas y volver a la simpleza
de Belén?
En
esa misma región había unos pastores que pasaban la noche
en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños.
Sucedió que un ángel del Señor se les apareció.
La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron
de temor. Pero el ángel les dijo: "No tengan miedo. Miren
que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría
para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David
un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal:
Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un
pesebre."
De
repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan
a Dios y decían: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra
paz a los que gozan de su buena voluntad."
Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron
unos a otros: "Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que
el Señor nos ha dado a conocer."
Así que fueron de prisa y encontraron a María y a José, y
al niño que estaba acostado en el pesebre.
Cuando vieron al niño, contaron lo que les habían dicho acerca
de él, y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores
decían.
María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón
y meditaba acerca de ellas.
Lucas
2:8-19 (Nueva Versión Internacional)
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