Las
cifras son elocuentes, tanto en el trabajo misionero de Cabrero
como de Parral.
Fue, nuevamente, una experiencia gratificante donde los jóvenes
de nuestras iglesias desde Iquique a Punta Arenas dieron todo
lo que tenían en pos de cumplir el mandato de Jesús de ir
y predicar el evangelio a toda criatura.
A través de lo dicho en conversaciones informales como en
testimonios en sus iglesias y a través de sus fotologs,
los jóvenes han expresado el impacto que recibieron de quienes
aceptaron al Señor en el momento que les presentaban el plan
de salvación.
Evangelizar en este tiempo no es fácil, ni nunca lo fue,
pero las personas tienen tanta información o están tan desorientadas
que no perciben que el reloj de Dios está muy cerca de marcar
las 12 de la noche. Los acontecimientos mundiales así lo dicen
a través de los medios de comunicación, los cuales nos hacen
perder la perspectiva de lo que significará la segunda venida
de Cristo, a buscar a la verdadera Iglesia, comprada a precio
de su sangre.
En el comienzo de un nuevo año de actividades en nuestro
país, los esfuerzos deben seguir concentrados en continuar
entregando el mensaje de salvación y orar por quienes ya aceptaron
a Cristo en su corazón, porque las pruebas que tendrán serán
muy fuertes.
Además, es imprescindible misionar donde estemos o vivamos,
no sólo esperar una ocasión al año para hacerlo. Tampoco se
debe descansar solamente en los jóvenes: todos lo debemos
hacer.
El tiempo se sigue acortando.
¿No dicen ustedes: 'Todavía faltan
cuatro meses para la cosecha'? Yo les digo: ¡Abran los ojos
y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura; ya
el segador recibe su salario y recoge el fruto para vida eterna.
Ahora tanto el sembrador como el segador se alegran juntos.
Porque como dice el refrán: 'Uno es el que siembra y otro
el que cosecha.' Yo los he enviado a ustedes a cosechar lo
que no les costó ningún trabajo. Otros se han fatigado trabajando,
y ustedes han cosechado el fruto de ese trabajo.
Juan 4:35-38 (Nueva Versión Internacional,
NVI)