Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

¿CREES ESTO?

En este mes recordamos Semana Santa. Es un tiempo en que los ojos de millones de personas se vuelven a la Cruz del Calvario para revivir, una vez más, la muerte de Jesús. Lo malo es que sólo se quedan en este gesto y no terminan el proceso que culminó con la gloriosa resurrección de Cristo.

Él era inocente, pero debió pagar con su vida la redención de la humanidad, que desde Adán y Eva, había desobedecido al Creador. La única posibilidad que tenía esta humanidad para tener, de nuevo, contacto con Dios era este plan diseñado por el mismo Creador: que su Hijo hiciera el sacrificio de dar su vida por los hombres y mujeres.

Todos los acontecimientos narrados por los evangelistas se fueron cumpliendo en forma precisa para que el Hijo del Hombre fuera detenido, humillado, colgado y muerto en esa ignominiosa cruz.

La parte humana de Cristo fue llevaba hasta el límite en los últimos momentos, pero Él sabía que si no llevaba a cabo su parte todo habría sido en vano y el género humano se habría perdido por la eternidad.

Ya lo había dicho el libro del profeta Isaías, unos 560 años antes de Cristo:

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Isaías 53: 3-5

Estos versículos son de una gran profundidad, pero también debemos mirar el resultado de ese sacrificio y tener fe en lo que dicen las Escrituras, en especial, en estos tiempos en que a través de algunos medios de comunicación masiva se hacen "importantísimas" revelaciones sobre la vida de Cristo y su entorno, y se publican libros que mezclan la ficción con la realidad provocando algún desconcierto en algunos cristianos inmaduros.

¿Cómo no creerle al mismo Jesús cuando le dijo a Marta, la hermana de Lázaro?:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? San Juan 11: 25 y 26.

Cristo nos interpela al final de estos versículos. La respuesta la debe darse en forma individual.

Mientras se preguntaban qué habría pasado, se les presentaron dos hombres con ropas resplandecientes.
Asustadas, se postraron sobre su rostro, pero ellos les dijeron: -¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que vive? No está aquí; ¡ha resucitado! Recuerden lo que les dijo cuando todavía estaba con ustedes en Galilea: Él Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, pero al tercer día resucitará.
Entonces ellas se acordaron de las palabras de Jesús.

San Lucas 24:4-8