Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

VELAD Y ORAD

En el mundo actual la preparación de las personas juega un papel importante. Cada profesional debe estar en constante actualización de sus conocimientos para enfrentar de la mejor forma las nuevas realidades que van surgiendo.

Hay una constante evolución que necesariamente provoca ponerse al día con lo último, en las áreas del conocimiento humano. Si alguien recurre a un médico, desea que ese profesional sepa lo más reciente en medicina. Lo mismo pasa con un ingeniero y hasta con un técnico como, por ejemplo, un mecánico de automóviles.

Es difícil que una persona diga: "Yo ya conozco todo. No necesito seguir preparándome", porque sabe en su fuero íntimo que eso no es verdad, pues en algunos campos del saber, las tendencias son tan contradictorias que lo que se dijo en un momento, a los pocos años, eso ya es erróneo.

Tomando en cuenta este "ponerse al día" y comparándolo con la vida de un seguidor de Cristo, se puede observar que a veces hay cristianos a los cuales no les importa esta preparación. Nos percatamos con sorpresa que sus conocimientos sobre Dios, la eternidad y los últimos sucesos mundiales son tan básicos que cualquiera nueva tendencia religiosa falsa los hace tambalear.

En esta época, más que nunca, el verdadero cristiano debe prepararse de las dos formas que dice la Biblia: Velad y orad. El resultado tiene doble efecto, ya que se evita caer en la tentación que ofrece este mundo y a la vez se está vigilante y expectante frente a la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo.

El mismo Jesús relató una parábola a sus discípulos en el monte de los Olivos:

Entonces el Reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.
Y cinco de ellas eran prudentes, y cinco fatuas.
Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;
mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.
Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
Y a la medianoche fue hecho un clamor: ¡He aquí, el esposo viene; salid a recibirle!
Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.
Y las fatuas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.
Mas las prudentes respondieron, diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id antes a los que venden, y comprad para vosotras.
Y mientras que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.
Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.
Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.
San Mateo 25: 1-13 (Biblia Reina-Valera 2000)

Más adelante, les vuelve a referir algo similar en las amargas horas previas a su crucifixión, en el huerto de Getsemaní, cuando se da cuenta que sus discípulos se habían quedado dormidos:

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
San Mateo 26:41

También el apóstol Pablo lo aconseja:

Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.
1ª. Corintios 16:13

Antes de terminar la Biblia, Cristo lo vuelve a repetir:

He aquí, yo vengo como ladrón: Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su fealdad.
Apocalipsis 16:15