La
Real Academia Española de la Lengua dice que milagro es un
"hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye
a intervención sobrenatural de origen divino". Otra acepción
agrega que es un "suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa".
Ambas situaciones las vivimos en septiembre pasado.
El jueves 6, uno de los pastores de Santiago, Alejandro Huerta,
sufrió un infarto al miocardio, por lo que debió ser llevado
a la Posta Central de Santiago, donde luego de estabilizarlo
le señalaron que los exámenes mostraban que se había producido
un daño permanente en la parte inferior de su corazón.
El lunes 10, poco antes de ser dado de alta, una doctora comprobó,
a través de instrumentos especializados que no había ningún
daño, como lo decía la ficha médica. ¿Milagro o equívoco de
los médicos?
El viernes 21 de septiembre pasado el mediodía, el pastor
de Osorno Centro, Jenaro Bahamondes, viajaba en su camioneta
con varios integrantes de su familia y en las cercanías del
puente Pilmaiquén sufrió un grave volcamiento. El accidente
dejó como resultado al pastor y su nuera Hortensia atrapados
en el vehículo en una zanja durante un par de horas, con diversas
fracturas. El lugar no tenía agua, ya que de lo contrario
se habrían ahogado. Su hija Lilibeth quedó con varias contusiones,
en cambio, su nieto Martín resultó con fractura de pelvis.
El lugar y las circunstancias eran para que todos hubiesen
muerto en el mismo lugar. Ronald, otro hijo del pastor, y
su retoño de un año quedaron ilesos.
Jenaro fue operado de su clavícula izquierda el miércoles
26 de septiembre, en Valdivia, y el sábado 29 fue enviado
a su domicilio en Osorno. ¿Milagro?
Analizadas las dos situaciones hay interrogantes que sólo
Dios puede contestar, pero la simple observación de los hechos
nos dio hace presumir que detrás de ambos casos hay un propósito
muy marcado.
¿Por qué Dios eligió a pastores para hacer lo que hizo?
¿Seremos capaces de entender en toda su magnitud lo que el
Señor nos quiere decir en este tiempo, tan lleno de luces
y fuegos artificiales, donde pocas cosas nos impresionan y
admiran?
¿Nuestros corazones estarán preparados para creer fervientemente
que los milagros existen, inclusive en este siglo 21 para
aumentar nuestra fe y dar testimonio a personas inconversas,
pero dispuestas a recibir al Señor.
Que no pase lo que relata el evangelio según San Marcos capítulo
6 y versículos 5 y 6:
Y no pudo hacer allí ningún milagro,
salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos
las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos.
Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.