Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

FUE POR MÍ

En este mes, el mundo cristiano recuerda, una vez más, la muerte y resurrección de Jesús. Es una de las dos fechas que coinciden totalmente con los hechos relatados en la Biblia sobre esa Pascua, en particular; la otra es Pentecostés.

El pueblo judío, sojuzgado por el Imperio Romano, tenía la posibilidad de celebrar sus fiestas tradicionales, y ésta era una de las más importantes, pues recordaban cuando Dios los había liberado de los egipcios.

Todos los años, en el mes hebreo de Nisán, que cae entre marzo y abril para nuestra cultura, cada padre de familia elegía un cordero sin defecto, y lo sacrificaba al atardecer del día 14 de ese mes. Su sangre la untaba en los pilares y dintel de las puertas donde iban a comer la carne asada del animal. Si la familia no era tan numerosa debía unirse a uno de sus vecinos. Asimismo, consumían hierbas amargas y también se preparaba pan sin levadura. Desde el día 14 al 21 no podían ingerir ningún alimento leudado, era la fiesta de los panes sin levadura.

En los primeros años debían estar vestidos, comer de pie y hacerlo en forma apresurada. Con el correr de los años, la Pascua comenzaron a celebrarla vestidos en forma normal y tendidos al lado de la mesa.

Fue esta conmemoración la elegida por Dios para entregar al mundo a su Hijo Unigénito como el Cordero sin mancha, perfecto, cuyo sacrificio en la Cruz del Calvario iba a redimir a la humanidad de sus pecados.

Jesús, luego de participar en la cena con sus discípulos, donde había instituido un nuevo pacto, pero ahora en su sangre, se fue al lugar llamado Getsemaní, en el Monte de los Olivos, junto a sus apóstoles. Allí comenzó una vigilia donde solo sufrió una gran agonía, porque sus discípulos se habían quedado dormidos.

Cristo sabía lo que le esperaba: cargar con los pecados de toda la humanidad y el abandono de su Padre. "Y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra". En Medicina este fenómeno se llama hematidrosis o hemohidrosis, es muy poco frecuente, pero se produce cuando una persona está sometida a muy grandes presiones emocionales.
Allí fue detenido, después de recibir el beso traicionero de su discípulo Judas. En ese lugar también tuvo las fuerzas para sanar a un siervo del sumo sacerdote, cuya oreja derecha había sido cortada a espada por uno de los defensores de Jesús.

Era pasada la medianoche cuando compareció ante Anás y luego ante el sumo sacerdote Caifás para que el Sanedrín lo juzgara, lo que era totalmente irregular por el lugar y la hora. Los guardias lo vendaron, lo escupieron, lo maltrataron. Jesús no durmió. Lo condenaron a morir por blasfemo, pero los judíos no podían aplicar la pena, por lo que de inmediato fue llevado ante el procurador de Judea, Poncio Pilato, pero sabiendo que entre los romanos la blasfemia no era castigada con la muerte, la acusación fue cambiada por autoproclamarse rey.
Pilato no lo halló culpable de nada y lo envió a Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, ya que supo que Jesús era galileo.

Ante Herodes, Cristo no responde nada y el gobernante y sus soldados lo insultan y se burlan de él, devolviéndolo a Pilato.
Nuevamente, el procurador de Judea no encuentra delito en Jesús, pero para apaciguar a la turba que seguía estos acontecimientos mandó a azotarle. Los soldados entretejen una corona de espinas, la colocan sobre su cabeza y le visten de púrpura, como un rey. Sin embargo, eso no tranquilizó a la muchedumbre y como en cada fiesta la autoridad debía soltar a algún delincuente, la multitud pidió a uno llamado Barrabás, mientras que exigió la crucifixión de Cristo.
Este tipo de ejecución era aplicado por los romanos solo a esclavos, extranjeros, revolucionarios y a los más viles criminales.
Pilato quería soltarle, pero no podía hacer más y ordenó lo que la turba pedía. Eran las seis de la mañana del día viernes.

A las nueve de esa mañana ya estaban en el Gólgota para cumplir con la sentencia.
Jesús estaba muy agotado debido a la pérdida de sangre, además había estado toda la noche siendo juzgado por judíos y romanos, aparte de las humillaciones que sufrió; prueba de ello es que no pudo cargar su cruz hasta el lugar de la ejecución.
Allí, Jesús fue desnudado, clavado de manos y pies, despreciado, herido en un costado.
Fue una cruel agonía.
Investigadores dicen que la crucifixión era una muerte muy atroz para un condenado, ya que los dolores y la agonía eran insoportables. A pesar de esto, muchas veces había sentenciados que soportaban varios días colgados en la cruz.

Jesús no tuvo ninguna palabra descomedida para ninguno de los soldados que lo crucificaron e incluso a un compañero de martirio le dijo que iba a estar con él en el paraíso.

Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde de ese viernes hubo tinieblas sobre la tierra, el velo del templo se rasgó por la mitad y las tumbas se abrieron.
"Consumado es" exclama y entrega su espíritu al Padre.
Lo más seguro es que la muerte le sobrevino por un shock hipovolémico, asfixia por agotamiento, y un agudo paro cardíaco. Ninguno de sus huesos fue roto, porque al instante de bajar los cuerpos de las cruces ya estaba muerto.

En ninguno de estos momentos, Cristo pidió ayuda divina para soportarlos o suprimirlos, los vivió como el plan de Dios lo había estipulado.

Al tercer día, Jesús resucitó en gloria y majestad y después de 40 días de aparecer a sus discípulos y seguidores fue recibido en los cielos donde está ahora.
Pronto volverá a buscar a quienes han creído en él y han pedido perdón por sus pecados, los cuales han sido lavados por su sangre vertida en esa denigrante Cruz del Calvario.

¿Serás capaz de seguir despreciando este inmenso sacrificio realizado por el Hijo de Dios?