Cada
día, los acontecimientos mundiales nos impactan más y más.
Es en estos momentos cuando brota de la Palabra de Dios
una parte del llamado sermón del Monte, donde el propio
Jesús habló a sus seguidores:
"Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos
es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra
por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque
ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán
a Dios.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados
hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la
justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os
persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los
cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron
antes de vosotros.
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere,
¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser
echada fuera y hollada por los hombres.
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre
un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se
pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra
a todos los que están en casa.
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que
vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre
que está en los cielos.
No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas;
no he venido para abrogar, sino para cumplir.
Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la
tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que
todo se haya cumplido".
Mateo 5: 3 - 18.