En
septiembre pasado se dio a conocer una encuesta sobre la
honestidad de los chilenos, realizada por una de las tantas
instituciones que se dedica a tomarle el pulso a la ciudadanía.
El resultado fue muy poco halagüeño, ya que sólo el 15%
cree que los chilenos somos honestos, mientras que el 85%,
o sea, la gran mayoría piensa lo contrario.
Si consideramos que este tipo de estudios de opinión pública
toma muestras de personas para tratar de tener representado
el universo de quienes quiere auscultar, y que también,
de acuerdo a las cifras, en nuestro país hay un 20% de evangélicos,
entonces hay algo que no está bien.
O en la muestra no hubo evangélicos, o varios de los evangélicos
consultados no se consideraron honestos.
Otra encuesta divulgada poco antes de las elecciones municipales
señaló que la ciudadanía le pedía honestidad a los candidatos
a alcalde y concejal.
En un mundo donde se ha masificado el uso mañoso y malicioso
para obtener beneficios o ganar, es válido preguntarse ¿qué
está pasando con los verdaderos cristianos fuera y dentro
de la Iglesia? ¿La honestidad ya no es un valor inherente
de los seguidores de Cristo?
Sin entrar en grandes disquisiciones sobre el origen de
esta palabra en el idioma griego, en el cual fue escrito
el Nuevo Testamento, el diccionario de la Real Academia
de la Lengua Española dice que honestidad es "cualidad de
honesto".
A su vez define la palabra honesto como decente o decoroso,
recatado, pudoroso, razonable, justo, probo, recto, honrado.
Honestidad y sus derivados sólo aparece en el Nuevo Testamento,
según la Concordancia Strong Exhaustiva y están en sólo
siete citas. Curiosamente en todas ellas es el apóstol Pablo
quien las usa.
De ellas destacamos:
Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías
y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas
y envidia. Romanos 13:13.
Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos
lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento
os acerquéis al Señor. 1ª. Corintios 7:35.
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo
lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable,
todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si
algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:8.
Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras,
sino sobrias, fieles en todo. 1ª. Timoteo 3:11.