En
abril, los cristianos recordamos Semana Santa con todo el
padecimiento, muerte y resurrección de Jesús en esa ignominiosa
cruz, en el Monte Calvario.
Mucho se podría escribir sobre este tema que es la esencia
de nuestra salvación eterna: saber que el Hijo de Dios murió
por nuestros pecados.
Por eso, las palabras pronunciadas por nuestro Señor en
el contexto de su crucifixión resuenan más fuerte y tienen
más poder que millones de palabras que nosotros pudiéramos
escribir para narrar esos momentos tan trascendentales para
la humanidad.
Lucas 23:34 Y Jesús decía:
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron
entre sí sus vestidos, echando suertes.
Mateo 27:46 Cerca de la hora
novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama
sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
desamparado?
Juan 19:28 Después de esto,
sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para
que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.
Juan 19:30 Cuando Jesús hubo
tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado
la cabeza, entregó el espíritu.
Lucas 23:46 Entonces Jesús,
clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo
mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.
Sin embargo, todo esto no habría servido de nada si Jesús
no hubiese resucitado.
Por esta razón, el texto del evangelio de San Lucas 24
desde el versículo 1 al 12 es tan hermoso.
El primer día de la semana, muy de
mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas
que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.
Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando,
no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí
se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;
y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les
dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de
lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo:
Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos
de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite
al tercer día.
Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo
del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once,
y a todos los demás.
Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo,
y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los
apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras
de ellas, y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió
al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos,
y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.