Sembrar
es el gran trabajo de este tiempo, pero el crecimiento lo
da Dios
El
sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba,
una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves
del cielo la comieron.
Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque
no tenía humedad.
Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron
juntamente con ella, la ahogaron.
Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto
a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz:
El que tiene oídos para oír, oiga.
Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa
esta parábola?
Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del
reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que
viendo no vean, y oyendo no entiendan.
Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de
Dios.
Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene
el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no
crean y se salven.
Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben
la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen
por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.
La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero
yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los
placeres de la vida, y no llevan fruto.
Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón
bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con
perseverancia.
Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la
pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero
para que los que entran vean la luz.
Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado;
ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a
luz.
Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le
dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener
se le quitará.
Lucas 8:5-18 (Reina-Valera, 1960)
Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.
Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios,
que da el crecimiento.
Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque
cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.
1ª. Corintios 3:6-8 (Reina-Valera, 1960)